jueves 31 de julio de 2008
PAREDES, ACOSTA Y MARTINEZ: MAS ALLA DE LA CONSULTA
Paredes, Martínez y Acosta: más allá de la consulta
Más allá de si la consulta popular organizada por el PRD en materia energética es válida o no, lo importante es conocer su trasfondo y calcular las implicaciones que tendrá en el escenario político-electoral.
Andrés Manuel López Obrador y no Marcelo Ebrard es el verdadero promotor de una especie de plebiscito cuyo resultado —como la novela de Gabriel García Márquez— es previsible y sobradamente anunciado.
La novedad de la consulta no está, por lo tanto, en lo que pretende López Obrador obtener de ella, sino en la estrategia que logren armar sus adversarios para anular sus efectos. ¿Estarán preparados el gobierno federal y el PAN para vacunar a la sociedad contra un sondeo que revitalizará el movimiento del Frente Amplio Progresista?
Evidentemente no. Sin embargo, quien podría arrebatarle banderas a López Obrador es el PRI. Si el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, dijo lo que dicen que dijo acerca de quitarle estandartes al PRD en el tema energético, no se equivocó.
Y es que hay una verdad de Perogrullo: lo que le conviene al presidente legítimo y a su movimiento es que la reforma calderonista, o una similar a ella, sea aprobada por el Congreso para entonces volver a hacer crecer su movimiento.
El PRI presentó a través del Senado una reforma energética que logra acotar la discrecionalidad y opacidad con que tradicionalmente se venían otorgando los contratos en exploración y explotación del crudo. Sin embargo, tiene posibilidades de ser enriquecida y perfeccionada para que Pemex se convierta en un auténtico instrumento de seguridad nacional y modernización.
Esta es la parte en la que deberían estar concentrados los adversarios de López Obrador y ya no en si la consulta es legal o si se encuentra metodológicamente mal hecha. Sin duda, como lo reconoció la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, las preguntas están inducidas para que el resultado se cueza a la temperatura y con los ingredientes que más convienen al cocinero.
El gobierno federal tiene, por cierto, una gran habilidad para ayudarle a López Obrador a encender fogatas. Ha incurrido en un error de estrategia. Propagar que entre la iniciativa panista y la priísta hay una gran similitud, hace torcer de risa al tabasqueño. Confirma lo que ha venido predicando desde hace tiempo y elimina la posibilidad de que exista un espacio político donde el PRI con el PAN y el PRD más racional puedan construir una reforma donde todos, en la medida de lo posible, se vean reflejados.
Graco Ramírez, senador del PRD, tuvo que salir precisamente al paso para impedir que lo más radical de su partido, pero también los panistas más ingenuos, sabotearan la posibilidad de que la iniciativa priísta funja —y ya no la de Calderón— como la columna vertebral en las futuras negociaciones entre las diferentes fuerzas.
El balón puede quedar en la cancha del PRI siempre y cuando y sólo si tiene la habilidad para perfeccionar una propuesta que debe garantizar la autonomía de gestión de Pemex, la soberanía sobre la cadena productiva, el destino y usufructo de la renta petrolera, más la total transparencia de la empresa.
Un tema políticamente tan sensible —como es la reforma petrolera— tiene visos de ser el detonante de una recomposición del rompecabezas político. Para empezar, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, ya logró lo que nadie hasta la fecha: que las cabezas de los dos partidos más opuestos, Germán Martínez Cázares, del PAN, y Guadalupe Acosta Naranjo, del PRD, se pusieran de acuerdo para que no haya un fast-track petrolero.
De construir un verdadero pacto, pueden poner las bases de la civilidad político-partidista y dejar fuera, sin banderas ni autoridad moral, a lo más radical.
APAGA LA TELEVISION, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE E INFORMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.
YUNQUELAND ROMPIENDO EL CERCO INFORMATIVO.
http://www.yunqueland.com/
http://resisteacapulco.blogspot.com
Más allá de si la consulta popular organizada por el PRD en materia energética es válida o no, lo importante es conocer su trasfondo y calcular las implicaciones que tendrá en el escenario político-electoral.
Andrés Manuel López Obrador y no Marcelo Ebrard es el verdadero promotor de una especie de plebiscito cuyo resultado —como la novela de Gabriel García Márquez— es previsible y sobradamente anunciado.
La novedad de la consulta no está, por lo tanto, en lo que pretende López Obrador obtener de ella, sino en la estrategia que logren armar sus adversarios para anular sus efectos. ¿Estarán preparados el gobierno federal y el PAN para vacunar a la sociedad contra un sondeo que revitalizará el movimiento del Frente Amplio Progresista?
Evidentemente no. Sin embargo, quien podría arrebatarle banderas a López Obrador es el PRI. Si el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, dijo lo que dicen que dijo acerca de quitarle estandartes al PRD en el tema energético, no se equivocó.
Y es que hay una verdad de Perogrullo: lo que le conviene al presidente legítimo y a su movimiento es que la reforma calderonista, o una similar a ella, sea aprobada por el Congreso para entonces volver a hacer crecer su movimiento.
El PRI presentó a través del Senado una reforma energética que logra acotar la discrecionalidad y opacidad con que tradicionalmente se venían otorgando los contratos en exploración y explotación del crudo. Sin embargo, tiene posibilidades de ser enriquecida y perfeccionada para que Pemex se convierta en un auténtico instrumento de seguridad nacional y modernización.
Esta es la parte en la que deberían estar concentrados los adversarios de López Obrador y ya no en si la consulta es legal o si se encuentra metodológicamente mal hecha. Sin duda, como lo reconoció la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, las preguntas están inducidas para que el resultado se cueza a la temperatura y con los ingredientes que más convienen al cocinero.
El gobierno federal tiene, por cierto, una gran habilidad para ayudarle a López Obrador a encender fogatas. Ha incurrido en un error de estrategia. Propagar que entre la iniciativa panista y la priísta hay una gran similitud, hace torcer de risa al tabasqueño. Confirma lo que ha venido predicando desde hace tiempo y elimina la posibilidad de que exista un espacio político donde el PRI con el PAN y el PRD más racional puedan construir una reforma donde todos, en la medida de lo posible, se vean reflejados.
Graco Ramírez, senador del PRD, tuvo que salir precisamente al paso para impedir que lo más radical de su partido, pero también los panistas más ingenuos, sabotearan la posibilidad de que la iniciativa priísta funja —y ya no la de Calderón— como la columna vertebral en las futuras negociaciones entre las diferentes fuerzas.
El balón puede quedar en la cancha del PRI siempre y cuando y sólo si tiene la habilidad para perfeccionar una propuesta que debe garantizar la autonomía de gestión de Pemex, la soberanía sobre la cadena productiva, el destino y usufructo de la renta petrolera, más la total transparencia de la empresa.
Un tema políticamente tan sensible —como es la reforma petrolera— tiene visos de ser el detonante de una recomposición del rompecabezas político. Para empezar, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, ya logró lo que nadie hasta la fecha: que las cabezas de los dos partidos más opuestos, Germán Martínez Cázares, del PAN, y Guadalupe Acosta Naranjo, del PRD, se pusieran de acuerdo para que no haya un fast-track petrolero.
De construir un verdadero pacto, pueden poner las bases de la civilidad político-partidista y dejar fuera, sin banderas ni autoridad moral, a lo más radical.
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