
David Ibarra
El caos financiero
04 de octubre de 2008
La debacle del sistema financiero mundial iniciada en EU marca el comienzo de una era económica distinta. Diferente al erosionar la fe en la autorregulación de los mercados y al obligarnos a recuperar la memoria: el sistema de mercado produce ciclos de auge y depresión que ha de suavizar la intervención del Estado.
La ideología neoliberal y las concepciones que enterraron al keynesianismo parecen entrar en revisión. Cuando se acepta la necesidad de la intervención estatal en el rescate financiero tendrán que aceptarse sistemas regulatorios más estrictos y cambios en la organización de las instituciones financieras. Pero aún cuesta aceptar que Estado y mercado no son antagónicos, sino complementarios. Sin el Estado el mercado desfallece.
La intervención obedece a que la ruptura de la burbuja inmobiliaria causó desvalorización de los activos de la banca, reducción de sus capitales y caída brutal del mercado accionario y de la oferta de crédito a la producción, con efectos depresivos. La integración de los mercados financieros internacionales y la dispersión de las carteras con activos tóxicos hacen imprescindible contener cuanto antes la dimensión de los contagios. Las cifras descendentes de capitalización de los bancos fuera de EU son ilustrativas: entre junio de 2007 y agosto de 2008, Barclay’s había perdido 42%, UBS 55%, Sumitomo 32%, Bank of China 30%, BBVA 32%.
Las primeras medidas correctoras de la crisis siguieron sendas trilladas. La Fed y los bancos centrales de otros países inyectaron liquidez para revertir el estrangulamiento de los mercados (unos 600 mil millones de dólares). Esto no fue suficiente por la falta de capital y porque las tasas de interés de los redescuentos oficiales registraban poco o nulo margen para comprimirse más y hacerse atractivas.
Debió recurrirse a medidas directas: tomar el control estatal de las empresas comprometidas y alentar la compra de esos negocios por otros consorcios. Se rescató a las hipotecarias Fannie Mae y Freddy Mac comprando acciones o ampliando las líneas de crédito de la Fed, y se entregó 79% de la aseguradora AIG a cambio de 85 mmdd gubernamentales. En Europa se estatizó el banco Northern Rock de Inglaterra y se facilita la adquisición privada de empresas próximas a la quiebra. Ahí están las compras de Bearn Stearns y de Washington Mutual por JP Morgan, la de Merryll Lynch por Bank of America, la venta del Banco HBOS a Lloyds de Londres, o la compra de Wachovia por el Citigroup.
Las consecuencias de la crisis en los sistemas financieros están a la vista. En EU la división entre banca comercial, sujeta a regulaciones, y la banca de inversión, poco supervisada, va en camino de desaparecer. Avanza una estructura de banca universal como la de muchos países. Son perceptibles otros cambios. Al parecer se alienta la concentración financiera en oligopolios enormes. Instituciones medianas o pequeñas son presa de retiros masivos. Eso y la falta de acuerdos de fondo favorecen la proliferación de la especulación mientras poco se plantea en favor de los deudores hipotecarios.
El intento intervencionista más audaz fue la iniciativa del Tesoro y la Fed negociada con legisladores de implantar un programa mayúsculo de compra de las carteras por 700 mmdd. Cambia la macroeconomía al esfumarse la tesis de reducir siempre el gasto del Estado. Más simple habría sido inyectar capital público a las empresas dañadas. Pero eso enfrenta el obstáculo ideológico de verse como el prefacio a la estatización financiera.
El primer intento de rescate naufraga en la Cámara de Representantes por la oposición republicana. No superó la falta de liderazgo de una administración desgastada ni la percepción popular de que se intenta salvar a privilegiados a costa del contribuyente. Influyó también la proximidad de las elecciones presidenciales. Además está el fundamentalismo neoliberal de legisladores opuestos a la intervención del Estado en los mercados y a salvar a los culpables de la debacle sin castigo alguno. Los defensores del sector financiero corporativo prefieren soluciones privadas al intervencionismo directo.
Como sea, el rescate financiero está formalizándose. Ya lo respaldó el Senado. Ojalá pronto se tomen decisiones y se perfeccione el programa. Mientras, los déficit públicos aumentan, los bancos quiebran y el ahorrador se empobrece, abriendo las puertas a un receso económico de alcance universal.
Analista político
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