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sábado, 25 de octubre de 2008

Triptico sobre el dia de muertos

                                                                       LA MUERTE










L
a
muerte es parte de la vida, La sobrevivencia misma, paradójicamente,
depende de ella, ha inspirado temor y respeto en todas las culturas.
El hombre al no encontrar respuesta al misterio del fin de la vida
terrenal que representa el morir, le ha rendido culto de manera
especial a lo largo de la historia.



En América todos los
pueblos realizaban ceremonias y ritos especiales relacionados con
este evento.



Esas
ceremonias, en algunas naciones mesoamericanas se han convertido en
tradiciones de fuerte raigambre popular. Son celebraciones con
significados profundamente humanos. En México, les llamamos
“días de muertos” o Miccailhuitontli.


La
tradición de “Día de Muertos” tuvo sus
orígenes en la época prehispánica, se practicaba
con algunas diferencias, desde la sierra Tarahumara hasta la
península de Yucatán.


Nuestros
antepasados no creían en el infierno, ni que después de
esta vida existiera un lugar donde se sufriera más; sino en
el “Tlalocan” (paraíso azteca) donde, además
de agradecer los dones recibidos en vida, se fundían con el
agua, el fuego y la tierra para regresar a formar parte del Universo.
Por ello se preocupaban porque su vida en la Tierra fuera fructífera
y agradable a los ojos de sus Dioses. La Muerte para las culturas
indígenas era un acto natural. No le tenían temor, la
hacían su aliada para que ésta les liberara de sus
angustias existenciales e intercediera ante sus Dioses para ser
convertidos en Dioses ellos también.




Mictlantecuhtli







Con
estas celebraciones la comunidad expresaba su cosmovisión y
las aprovechaba para agradecer a la naturaleza sus dones y solicitar
buenas cosechas.



Las
ceremonias, que involucraban a todas las clases sociales, eran una
oportunidad más para convivir con la familia y transmitir sus
valores y creencias a las nuevas generaciones.


En
nuestra Patria, esta festividad propicia el trueque, incentiva la
agricultura, activa el comercio y las artesanías y, por
supuesto, fortalece la cultura y la identidad en cada región
donde se lleva a cabo.






Durante
la colonia, las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas
fueron prohibidas. Algunas desaparecieron; otras, se modificaron
agregándoles elementos de la cultura occidental que los
españoles trajeron consigo.



Este
sincretismo transformó la celebración de las fiestas
Aztecas, Mayas, totonacas, y demás pueblos conquistados;
quienes no obstante la represión padecida, no cesaron en su
empeño de realizarlas. Esta situación obligó a
la Iglesia a fortalecer la celebración de “Todos los
Santos”, instituida por el Papa Gregorio IV en el año
835 D.c., para disminuir la “idolatría” y
proseguir la evangelización de los pueblos conquistados.



Actualmente,
esta tradición se realiza de tantas y variadas formas como
distintas regiones conforman el territorio nacional, conservando, en
casi todas partes los elementos éticos, sociales y humanos que
le caracterizaron desde el principio y que dan cohesión a la
comunidad. En algunos lugares, se inicia días antes de las
fechas establecidas (1 y 2 de noviembre); arreglando las tumbas,
pintando las casas, elaborando canastitas, picando papel, buscando
las fotos de los familiares muertos, comprando veladoras,,copal,
incienso, y otros productos que dependen de la región y el
nivel socioeconómico de sus pobladores. Son comunes los
altares adornados con la flor de muerto o zempaxóchitl donde
se ofrenda el tradicional y calientito chocolate; el riquísimo
pan de huevo; los sabrosísimos tamales y variados alimentos
como: dulces de jamoncillo, ate, membrillo, pepitoria, pulque,
natillas, calaveras de azúcar, mole, pinole, champurrado,
atole, vino; camote, calabaza y tejocote en dulce, cigarros, agua,
etcétera, para que su esencia alimente a los espíritus
queridos que nos visitarán.


La
gente se reúne en las casas y en los panteones; platican,
cantan, bailan, comen, ríen, compartiendo penas y alegrías
con sus familiares y sus seres queridos que se les adelantaron en la
muerte.





Con
la tradición de “Días de Muertos” se
afianzan el amor filial, el respeto por la vida y la muerte, la
solidaridad, la cooperación, el trabajo, la gratitud y otros
valores que hacen de ella una hermosa costumbre que debemos
conservar
y fomentar
en nuestros hijos; ya que trasciende los simples
aspectos materiales de diversión y se convierte en formativa
de la conciencia de nuestra nacionalidad.


En
la escuela Técnica 105, cumpliendo con el Artículo 3º,
fomentamos y preservamos nuestras tradiciones, por lo que invitamos a
los padres de familia a poner altares en sus casas junto con sus
hijos y a participar en las actividades que para tal fin se han
programado en la institución. Estamos seguros que así
fortalecen la identidad y el orgullo de ser mexicanos.


Es
triste que algunas personas confundan la tradición de
“Días de Muertos” con Halloween, que no tiene
nada que ver con nuestras raíces. Tal vez se deba a que
ignoran sus significados y consecuencias. Lamentablemente, también
algunos docentes promueven esa costumbre extranjera carente de
elementos formativos y educativos y que daña la personalidad
de los niños y el bolsillo de los padres.


Las
siguientes frases expresan las opiniones que tienen algunos
pedagogos, psicólogos y sociólogos sobre el Halloween:
Es una festividad que promueve el consumismo; es una oportunidad
para liberarse de nuestra identidad; su origen esta basado en el
satanismo; desfigura el sentido humano de la vida y la muerte; el
pedir de casa en casa golosinas amenazando fomenta en los niños
una personalidad egoísta y ego centrista; es una puerta para
el satanismo y espiritismo; promueve el chantaje y la confusión
de valores, etcétera.






Calaca,
dentuda, parca, tilica, pelona, ojona, huesuda, catrina, la muerte,
calavera, esqueleto, la flaca





A
estudiantes y maestros


La
“pelona” les cayó,


No
sabían que a esa escuela


La
“flaca” siempre aspiró





Todos
claman con locura


¡Piedad,
piedad ¡ con ahínco,


pero
de nada valió,


la
“tilica” se llevó


a
todos los de la 105.























DIAS
DE MUERTOS


















La
UNESCO, en el año 2003, declaró a esta festividad
indígena como una “obra maestra del patrimonio cultural
de la humanidad”























Xalapa; Veracruz, octubre de 2008