
24/NOVIEMBRE/2008
PERSPECTIVA
Urge seguro de desempleo
ENRIQUE GÓMEZ
Parece que los diputados y senadores no tienen la menor idea de lo que se avecina y por eso siguen con sus mismos temas partidistas, sus mismos alegatos inútiles mientras el País se desangra de empleos.
Las empresas sintieron ya la baja en la demanda, la reducción de las ventas y el aumento en los costos por la devaluación. Pocos se escapan. El ajuste de los negocios es imprescindible para sostener la productividad y la propia planta productiva.
El “Presidente del empleo” está por convertirse en el del desempleo y su partido no toma nota. El PAN está verdaderamente “apanicado” por el desastre que vivirá en la próxima elección nacional. Podría hacer algo inmediato, sugerir soluciones más allá de las fallidas reformas a Pemex. El seguro de desempleo sería una propuesta incuestionable.
Sin embargo el PAN no tiene líderes auténticos en las cámaras y tendrá que ceder el paso a los viejos lagartos del PRI que poco a poco les quita las banderas más populares.
El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, advierte que la recesión es tan grave como la del 29, pero se sorteará más rápido por las bases sólidas de la economía nacional. Tal vez.
Lo cierto es que vivimos al día. Hoy se corre el riesgo de perder a las tres grandes armadoras de autos y mañana puede entrar en crisis Citigroup, propietario de Banamex.
El rebote de la crisis mundial tiene que enfrentarse rápido y con todas las herramientas posibles de Hacienda y el Banco de México. Si el peso no recupera terreno, la inflación desestabilizará lo que tanto tiempo y trabajo se necesitó para darnos una macroeconomía estable.
Sin embargo las implicaciones sociales del desempleo tienen un costo muy superior a todo lo que tuviera que desembolsar el Estado para brindar una red de protección a quienes perderán ingreso y seguridad social.
Hagamos cuentas. Si se pierde un millón de empleos formales en los próximos 12 meses, costaría al Gobierno unos mil 600 millones de pesos mensuales otorgar un seguro de un salario mínimo, ya fuera en dinero o en vales para comida. Tal vez costaría otro tanto mantener la seguridad social. Unos 36 mil millones de pesos anuales. El 3% de las reservas del Banco de México y menos del 0.36% del PIB nacional. Una insignificancia comparada con el valor que representa mantener la paz social en tiempos de turbulencia económica.
En la década de los 30, cuando la Gran Depresión, México no sufrió tanto porque éramos un país agrícola, pobre y con una sociedad con pocas necesidades y prestaciones sociales. Ahora no podemos darnos el lujo de tener desempleo sin redes de protección. Sería enfrentar otra guerra más y el peligro de dar pretexto a movilizaciones extremistas de izquierda como la guerrilla o la narcoguerrilla.
El Gobierno tira tanto dinero que tan sólo cortando un poco los viáticos, los aviones particulares, las camionetas y los miles y miles de guardaespaldas que sirven para acallar la paranoia de los funcionarios, con eso tendríamos para sostener ese seguro.
El mundo cambia y México tiene que acelerar el paso. Tardamos año y medio en enterarnos que el petróleo no nos sacaría de pobres; tardamos dos años en saber que la promesa de campaña de Felipe Calderón, se cumplirá hasta el final del sexenio, si bien nos va. El mundo nos trajo de golpe a la realidad, la difícil y amarga realidad: el único camino hacia la prosperidad está en la inversión, la alta productividad y en una economía abierta al mundo.
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