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domingo 1 de marzo de 2009

UN PRESIDENTE ENTRAMPADO


Un Presidente entrampado

Domingo, 1 Marzo, 2009

Directo y a la cabeza, ciertamente hipócritas, como dice el New York Times, pero es verdad lo que afirma el gobierno del país vecino: la corrupción en México ahoga la posibilidad de atacar con eficacia al crimen organizado. Un ejemplo es suficiente: las autoridades sólo detectan 1% del narcolavado.

Los calificativos desvirtúan, simplifican y anulan el diagnóstico, como es el hablar de Estado fallido. Lo que sí existe es un gobierno impotente e incompetente para enfrentar los problemas que se padecen. Gobierno son todos: el federal, el de los gobernadores y el de los ayuntamientos. También se le suma el Congreso y, desde luego, el Poder Judicial federal, santuario de funcionarios legalmente enriquecidos y complacientes sobre la triste situación de la justicia en México. El circuito de la impunidad a todos incluye y, en ciertos casos, a la misma sociedad.

En México se ha corrompido todo, incluso el lenguaje. El gobierno está entrampado: por no dar evidencia de la magnitud del fracaso, utiliza una retórica a veces triunfalista, otras, autoindulgente; siempre, ajena a la realidad. Las palabras se han devaluado más que la moneda nacional. Es una trampa y también suicidio, cuando quien gobierna se compromete con una verdad que el tiempo desmiente. En los dos frentes: inseguridad y crisis económica, la situación es alarmante. Aún así, se habla de victoria próxima.

Se corrompe el lenguaje para eludir responsabilidad. Los problemas vienen desde hace tiempo. Decir que se heredó un país con metástasis no es una disculpa, tampoco una explicación, sino un involuntario anticipo de fatalidad, como ocurriría en la metáfora aludida. Un contrasentido si al mismo tiempo se anuncia triunfo inminente en los frentes de batalla: la paranoia como discurso. El voluntarismo del gobernante, frente a una terca realidad.

Se corrompe el lenguaje cuando lo malo se pretende volverlo bueno, como es decir que la depreciación del peso habrá de beneficiarnos. Se devalúa la moneda porque los inversionistas han perdido confianza; porque han bajado las importaciones del petróleo, al igual que las remesas, pilares que han sustentado a la economía en los últimos años. Se cambian pesos por dólares caros, porque las autoridades con su retórica indolente sobre los problemas, asustan y disparan la especulación. La nueva cifra de la baja del PIB para este año, según el banco JP Morgan -4%, hace ver que el señor Slim es tan benévolo para las cuentas como el mismo secretario Téllez.

Ofende que desde el exterior se diga la verdad sobre la economía o la lucha contra el crimen; ofende, porque es cierto y porque echan a perder la fiesta que desde hace tiempo el país de los políticos lleva a cuesta. Antes que la realidad, los hombres del poder quieren vivir en la ficción. El discurso oficial es el mejor refugio frente a la embestida cruel y feroz de la realidad.

Las noticias no son noticias, así sea el ataque a un gobernador, el homicidio a un alcalde, una bomba en el aeropuerto del lugar de visita del Presidente y el posterior secuestro de una magistrada. No son noticia, porque más que novedad son eventos previsibles y anunciados. Lo malo es que todavía hay mucho por ver. De poco sirven los informes de detenidos y droga incautada si al mismo tiempo se confirma el incremento alarmante del consumo de drogas duras, especialmente en jóvenes menores de edad, y cuando las cifras de la violencia apuntan a un nuevo récord. No se quiere ver la realidad porque hace evidente el fracaso propio.

Ofenden las expresiones maniqueas de Germán Martínez, a quien se le hace fácil atacar con falsedad. Es evidente que Zedillo, Cardoso y Gaviria no son el PRI, sí lo es Manlio a quien le teme, algo le sabrá. No dar nombres es actitud de cobardes. También ofenden las palabras espontáneas o presidencialmente inducidas sobre la proximidad de un narcopresidente. Ofende porque la campaña acabó, no hay por qué polarizar ni espantar: ya ganaron, es urgente que actúen para enfrentar los graves problemas sean o no culpa del pasado, al que, por cierto, también se deben, del que formaron parte y que en más de un sentido, los hace responsables y cómplices por lo que ahora se vive.

Frente a las dificultades sí hay salidas, también respuestas, pero implica lo que los gobiernos no pueden o no quieren dar y lo que los partidos y los legisladores no están dispuestos a conceder. Para los gobernantes y políticos es mejor vivir entrampados en la demagogia, en el mundo del dispendio y la impunidad, en la ficción de que gobiernan, por ello pretenden volvernos adictos a una interpretación a modo de la realidad.

fberruetop@gmail.com


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