Calderón ordena matar a revistas críticas

Lo que era un rumor y una versión periodística más ha sido confirmado: el Presidente de la República ha dado la orden de no comprar espacios de publicidad a los semanarios políticos. Así lo aseguran los directores de comunicación de las diferentes dependencias federales. ¿Razones? ¿Argumentos? Ninguno. Simple y sencillamente es una orden.
La decisión obliga a preguntar: ¿qué le molesta tanto a Felipe Calderón de las revistas políticas? ¿Qué le molesta, en específico, de Siempre!?, una publicación que —a diferencia de otros medios— jamás ha vivido de chantajear a las autoridades. Tampoco del sensacionalismo, la injuria o la manipulación noticiosa. No estamos, ni nos interesa estar, en la lista de quienes reciben chayotes —como los llamó el presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, Francisco Javier Ramírez Acuña—, tampoco en la nómina de alguna oficina de comunicación social. No medramos con el periodismo ni formamos parte de algún cártel del narcotráfico. Siempre! tampoco se ha prestado a ser caja de resonancia de los adversarios del gobierno. Ni de este ni de los anteriores. Tampoco alcantarilla, a través de la cual salgan las “historias negras” de altos funcionarios, filtradas a la prensa por otros funcionarios y por cuya publicación se pagan sumas elevadas. En resumen, señor presidente: no somos ni mercenarios ni hampones del periodismo.
Sin embargo, la política de comunicación social —¿o debemos llamarla la “apolítica”?— seguida durante el sexenio nos dice que estamos equivocados. ¿Para qué tratar de hacer un periodismo responsable y de calidad, cuando en este país y en esta administración sólo se premia a los periodistas corruptos y a los monopolios?
Es fácil y al mismo tiempo complejo entender la “apolítica” de comunicación que hoy domina. Fácil, porque responde a lo que el escritor Jorge Volpi llama el “show del caudillo democrático”, quien concede un gigantesco poder a los medios electrónicos y a uno que otro medio impreso para mantener elevada su popularidad. El resto de los medios no le interesa, sobre todo ese periodismo crítico que pone en duda cada una de sus palabras y declaraciones.
La parte difícil es la que tiene que ver con la congruencia. ¿Cómo hacer coincidir el discurso de un jefe de Estado que se dice demócrata, que habla de cambio, de que el pasado fue represivo y de que el presente es incluyente, que dice ser respetuoso de las libertades, que dice buscar la calidad en todo, que asegura combatir la corrupción, etcétera, etcétera, con decisiones similares a las que se toman en regímenes golpistas?
Decimos que se trata de una “apolítica de la comunicación” porque Calderón jamás ha explicado o definido la relación de su gobierno con los medios de comunicación. Cuando menos, no lo ha hecho públicamente. Lo único visible es una intensa relación comercial con sus favoritos, mas no una relación marcada por la pluralidad y, lo que es más importante, por la promoción de un periodismo comprometido con las grandes causas sociales del país.
Para Calderón, igual que para Ernesto Zedillo y Vicente Fox, no hay punto medio en la relación entre prensa y gobierno. O se le mantiene distante y al margen; o se le compra y hace cómplice. No existe una concepción de Estado con respecto a los medios sino una visión maniquea, puritana de “buenos y malos”, donde es impensable el acercamiento entre las partes, tanto para escuchar las razones del periodista como para que el profesional del medio escuche los planteamientos del funcionario.
Lo que hoy prevalece es la política del divorcio, de los oídos sordos y la aniquilación soterrada de aquellos medios que son considerados adversarios del Presidente de la República. Estamos ante la operación limpieza de revistas políticas y de todos aquellos periódicos, radiodifusoras o concesiones de televisión que no cumplen con lo fundamental: preservar la popularidad presidencial.
Lo demás, no importa. Pretextos, en cambio, hay muchos. La crisis, el recorte presupuestal, el tiraje, el perfil del lector, más todo aquello que pueda inventar un cretino burócrata que llega a creerse más que el mismo Presidente de la República.
La operación limpieza contra semanarios políticos es parte de la crisis, pero no de la económica sino de gobierno. Es el tipo de decisiones que se toman cuando, a mitad de un sexenio, comienzan a cerrarse las puertas y ventanas. Cuando todos comienzan a ser vistos como enemigos y culpables de que “esto no avance”.
En alguna ocasión, Fox dijo que la razón por la cual algunos medios lo criticaban a él y a la “señora Marta” era porque su gobierno no les daba “centavitos”. Centavitos no es lo que busca Siempre!, sino una relación madura medios-gobierno que permita construir para el país mejores escenarios de corresponsabilidad.
APAGA LA TELEVISION, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFORMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.
YUNQUELAND ROMPIENDO EL CERCO INFORMATIVO.
http://www.yunqueland.com/


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