Es nuestro último artículo del año. Lo escribo en viaje entre Sevilla y Madrid, en el AVE –Alta Velocidad Española- con la que España saludó la Feria Mundial realizada en la capital andaluza en 1992. Pienso, sin remedio, en Aguascalientes, en donde la casa redonda de la antigua estación de ferrocarriles es ahora sólo un museo como si los trenes fuesen antigüedades inservibles en el mundo de la modernidad. Es todo lo contrario: Claro, nuestro retraso -¿en dónde perdimos el rumbo?, nos obliga a archivar, por breve lapso, en los escaparates de la memoria, cuanto dejó de sernos útiles por pereza, torpeza o simplemente negligencia. ¡Llevamos tantos años de corrupción!

Me parece que, en este momento, de acuerdo a los indicadores, hemos rebasado los 300 kilómetros por hora y ni quién los sienta. Algo percibo cuando miro por la ventana y observo a carros de lujo quedarse a la zaga. ¡Cómo le hubiera gustado a mi padre vivir la experiencia –el sistema lo impidió- él que nació justamente en la calle 46 de Mérida, justo enfrente de la estación de ferrocarriles! Allí, en esa misma, vieja casona de los abuelos, jugué también, de niño, con un trenecito de cuerda que iba por todo el pasillo metiéndose entre las piernas de las visitas que infaltablemente llenaban la antesala. ¿Cómo admitir con tantos recuerdos que los ferrocarriles en México son cosa del pasado? Asegurarlo así perfila, por sí, las dimensiones de nuestro retraso y la desidia de una clase gobernante empeñada en ahorrar en reservas una tercera parte de lo que adeuda el sector público sin realizar obras de infraestructura básica. 

Da cierta tristeza reconocer hasta que punto los criterios políticos se han cernido a los económicos. Una tarde, conversando con Carlos Slim Helú, me sorprendí cuando elogió los carromatos de carga de la Union Pacific –uno de cuyos consejeros, Ernesto Zedillo, cumplió sesenta años el pasado martes- y negó que la transportación de pasajeros por esta vía fuera eficiente. ¡Cuánto nos aliviaría tener una red de alta seguridad en estos tiempos cuando el colapso de Mexicana, para asegurar los intereses de la familia Calderón que acabará posesionándose de la misma, dejó a no pocas ciudades del país en virtual estado de aislamiento! Porque, además, sólo los muy audaces se aventuran a transitar por esas carreteras de Dios en las que se entra sin la certeza de poder vadear a los tantos retenes –todos ellos ilegales, incluso los oficiales que se anteponen a la garantía del libre tránsito- en donde puede perderse la vida y algo peor: También la dignidad, a manos de genízaros insolentes y sicarios que se creen superiores por escupir balas sobre cualquier razonamiento sensato. 

Pero no, En México predominan las mafias, entre ellas las de los autotransportes que lideran los Hank y los Figueroa, familias de rancio origen priísta perfectamente acomodados en la estructura de la alternancia a partir del 2000. También los Sahagún, los hijos de Martita, le entraron fuerte a la oferta de Estrella Blanca para sumarse al grande y productivo negocio de las carreteras con quinientos vehículos. Autobuses de lujo sobre asfaltos derruidos: Una imagen contrastante que es reflejo, per se, de cuánto somos y observamos alrededor los mexicanos. El hilo conductor, finalmente, exhibe a las primeras familias sin distingo de colores y partidos. 

Me parece adecuada la introducción que, como los trenes, se nos fue 2011 sin acertar a entender entorno y destino de una nación avasallada por la demagogia y la creciente, ingobernable corrupción. Por eso ni siquiera se han atrevido a parar en seco a los Fox porque los Calderón aspiran a la misma impunidad como sucedía en el pasado cuando se pretendía dar vuelta a la hoja... aunque en aquellos tiempos, cuando menos, el linchamiento público hacía las veces de guillotina sobre la historia de los predadores políticos. Ahora ya ni eso. 

2011 no fue un año rescatable bajo ninguna perspectiva. Tengo la sensación de que todo empeoró y algo más: Algunos que convocaron esperanzas no sólo fracasaron sino, además, acabaron siendo cita de lo contrario hasta alcanzar altos niveles dentro del rencor general hacia los farsantes. Además, las víctimas de la guerra inútil entre las mafias, con más de cincuenta mil víctimas, estigmatizó a la administración actual bajo una premisa incontestable: No ha disminuido el tráfico de estupefacientes hacia los Estados Unidos en un solo gramo de acuerdo a los estudios del Departamento de Seguridad Interior del vecino país. ¿Cuál es, entonces, el propósito, de tanta sangre, sobre todo la inocente, derramada?

Tampoco en materia económica alcanzamos niveles de tranquilidad cuando ya se nos viene encima otra crisis recesiva mundial. España, adelantándose a los voceros de la Unión Europea, ya lanzó el funesto augurio acaso para frenar, con el anuncio de lo inevitable, la marea de la indignación general. Y Estados Unidos no parece dispuesto a abrir el grifo de los préstamos, que con tanta urgencia demanda el régimen de Calderón para costear los sueldos de los “sabios” de importación que resolverán la elección federal, manipulándola –o eso pretenden, cuando menos, en plena exaltación de la demagogia. No podemos imaginar siquiera una coyuntura peor para el año que comienza el venidero domingo con todo y su escalada de leyendas apocalípticas y realidades irremontables. 


Debate


Hace un año, sin dudarlo un instante, concluimos que el “hombre del año”, por la proyección alcanzada en el término de los doce meses anteriores, era el coahuilense Humberto Moreira Valdés, en trance de convertirse entonces en el presidente nacional del PRI. Y caímos en redondo, como él, tras un 2011 desastroso. Sí, cuanto levantó Moreira en el 2010 lo dilapidó en el 2011. Las consecuencias están tan a la vista que ni la panacea acerca de que la deuda estatal contraída, de más de 40 mil millones de pesos, será pagadera en veinte años... con seis de gestión de Rubén, el hermano, quien ya hasta la sonrisa perdió. 

A lo largo de 2011, sin duda, un personaje sobresalió sobre los demás aunque no sea, precisamente, superior a otros personajes que están en la mente de todos: Josefina Vázquez Mota, diputada federal con licencia y quien aventaja las encuestas para ganar la candidatura panista a la Presidencia. Es ella, estamos seguros, quien más avanzó en el ánimo general y el posicionamiento político a través de la República. Además, con su irrupción en la precampaña vindicó los derechos de género que abandera y lució como favorita así fuese dentro del desfondado PAN que recibirá, cualquiera que sea investido, los votos de sanción por doce años de administraciones deficitarias y engañosas. La ciudadanía está aprendiendo a cobrar. Vázquez Mota, así sea la mujer del año, tiene en contra su escasa movilidad política. Me encantaría verla en las boletas –lo he repetido hasta el cansancio- aun cuando mi voto se resistiera hacia el partido que representa, repito, por cuanto no ejecutó, ni siquiera señaló, el cambio estructural prometido. Pero no puede negársele virtud alguna a la dama, sobre todo en su comportamiento institucional –pudo iniciar una batalla frenética con Elba Esther Gordillo y optó por la prudencia de su incorporación a la Cámara baja desde la Secretaría de Educación, y en su capacidad sorprendente por dejar atrás la imagen de la mujer atormentada, ante los debates, por otra segura de sí misma aunque acaso pareciera saber más de lo 
que en realidad conoce.

Pero, insisto, nadie como ella, para constituirse en la gran figura del año que termina. Esperemos que tenga, al final de 2012, un destino mejor a su antecesor en estas cábalas.