La izquierda mexicana, a quienes muchos observaban arrumbada de cara a los comicios de 2012, está despertando por varios motivos: La ausencia de liderazgos en el partido gobernante combinada con la mala actuación de Felipe Calderón, por una parte, y la pérdida de puntos importantes por parte del priísta Enrique Peña Nieto quien comienza a mostrarse tal como es y no como se creía era. Pero, además, pese a las críticas cosechadas, no ha caído mal, en general y salvo casos específicos, la proclama de Andrés Manuel López Obrador en pro de una “República amorosa” si bien la idea surgió de la cúpula guerrera de Venezuela. Y la selección del aspirante al gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, luego de un exitoso paso de éste por la procuraduría defeña, abre otras perspectivas y se aparta de las líneas de los grupos intransigentes.
Mancera es un personaje singular. Alguna vez, a la salida de un conocido restaurante argentino de Polanco, me extrañó verle ponerse un caso para abordar una motocicleta. No me contuve y le pregunté si, en serio, iba a transportarse de esta manera. Y él, muy seguro de sí, respondió:
--Pues claro. Es mucho más rápido y seguro. Ni quién crea que aquí va el procurador.
Y arrancó, con un guía delante, a buena velocidad por la avenida Presidente Masaryk a esa hora rebosante de automóviles y prácticamente paralizada. Luego supe de su afición futbolera y de su pasión por los Pumas. Cuenta con varios sitios en “El Palomar” de Ciudad Universitaria –no sé si son asignados a la Procuraduría o a él en lo personal-, aprovechando cada ocasión para dejarse ver.
Por ejemplo, en la final que ganó Pumas al Morelia hace unos meses, Mancera, sin el menor rubor, recorrió todo el estadio, por la pista, para mostrarse y mandar un mensaje de tranquilidad y euforia al público. Me sorprendió observar cómo le reconocían y aplaudían. Y permanecí muy cerca de él durante el encuentro en el que apenas estuvo tranquilo.
Por cierto, en el mismo espacio también tuvo asiento Mario Delgado, secretario de Salud, a quien se mencionaba con insistencia como la “carta” de Marcelo Ebrard para su propia sucesión; pero era marcadísima la diferencia en cuanto a popularidad y aceptación entre uno y otro. Mancera Espinosa –lástima del segundo apellido que nos hacen recordar, aun sin quererlo, a Óscar, el último regente de la Ciudad de México, bien conocido por sus desvíos millonarios y por no haber ingresado a la cárcel en México, al ser extraditado con un amparo bajo el brazo, luego de ser detenido en Managua en donde sí estuvo en prisión durante varios meses-, es un personaje singular que incluso se dio el lujo de decirse dispuesto a ser postulado por el PRI si el PRD y la izquierda no lo hacían, seguro de sus posibilidades y alcances y cuando todas las encuestas señalaban a este partido como “favorito” también en el centro neurálgico de la República, bastión perredista desde 1997 cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano arrasó al priísta Alfredo del Mazo y al panista Carlos Castillo Peraza, el gran ideólogo de su partido quien terminó sus días en Bonn, en 2000, separado del mismo para seguir –según dijo- los pasos de su admirado Octavio Paz. La intención le duró muy pocos meses.
Así se han ido construyendo los distintos escenarios de la izquierda a la que muchos apostaron, fatalmente, por su paulatina desintegración cuando parecía poco menos que imposible una candidatura de unidad, sólo lograda por el cálculo de Ebrard quien, como adelantamos en este espacio, no se animaría a concursar sin tener la seguridad de una victoria; prefería, claro, esperar un escenario más claro... en 2018. Edad le sobra, lo que no es igual para López Obrador, y colmillos también para avizorar con claridad sus posibilidades reales de liderazgo. Por eso optó por hacerse un lado y, al mismo tiempo, no entorpecer con una imposición baladí el proceso interno de su partido con miras a conservar la jefatura de gobierno. Tras la derrota en Michoacán es evidente que el Distrito Federal es la única joya que les queda, sin considerar a los “aliancistas”, por lo general más cerca de la izquierda con la excepción del poblano Rafael Moreno Valle, formados al calor del PRI y algunos de ellos, incluso, pronunciados como “peñistas” de antemano, como en el caso del guerrerense Ángel Aguirre Rivero a quien ahora rodean los perredistas para atemperar las investigaciones sobre la represión de estudiantes en Ayotzinapa.
Por un caso similar, el de Aguas Blancas, Rubén Figueroa Alcocer debió renunciar a la misma gubernatura, luego de ser destazado por el Gobierno federal. El panorama es de claroscuros intensos. Pero no se siente, como en principio, el olor al cempasúchitl, la flor de los muertos. Al contrario, hay vida, debate y ganas de recuperar espacios manteniendo la convocatoria a favor de la “prole” cuyo referente suena distinto en voz de Andrés Manuel que en los twitters de la hijita de Peña. El clasismo se mantiene, otra campaña más, con el riesgo de hacer explosión en cualquier momento, el menos esperado. Y ni así reaccionan los adversarios políticos del perredismo, empeñados en ignorar su avance y creyendo que está fuera del juego por ahora. Tal percepción, lo apunto ahora, podría resultar fatal si no se toman, desde ahora, las medidas pertinentes.
Tómese en cuenta que el señor Calderón puede perder el pulso interior de su partido y verse obligado a secundar a una muy hábil Josefina Vázquez Mota, sin duda el rostro más agraciado del panismo actual, en detrimento de un ex secretario de Hacienda lanzado a los leones como carroña en el preámbulo de una crisis monumental. Cuando ésta llegue en serio, será la izquierda, sin duda, la que pueda sacar la mejor tajada, tomando en cuenta el pasado priísta y las catástrofes financieras que prohijaron sus militantes sin que hasta hoy pueda hablarse de justicia. De allí que Andrés Manuel tendrá el discurso menos contaminado por los referentes negativos a pesar de la campaña descalificadora de 2006, fraguada por el mismo experto en marketing que ahora asesora a la señora Vázquez Mota: Antonio Solá, el gran beneficiado de la derecha mexicana.
¿Sabremos algún día cuánto gana el español-mexicano?
Debate
Veamos cuáles son las perspectivas de la izquierda en México de cara a las elecciones de julio:
1.- En materia de gubernaturas no parece tener siquiera posibilidades entre las recias estructuras del PAN y el PRI
2.- Con rumbo a la Presidencia seguimos estimando muy difícil una remontada espectacular de Andrés Manuel que le permita llegar a la Presidencia. Podemos pensar en la posibilidad de que rebase al PAN y permanezca como la fuera de oposición más relevante para amargura de una derecha sin rumbo y sin liderazgo.
3.- En cuanto a las alcaldías y el Congreso del Estado de México, ganado con amplitud por Eruviel Ávila, no es poco probable que se ensaye, de nueva cuenta, el método de las alianzas turbias, entre panistas y perredistas separados diametralmente en los foros nacionales y más de cara a la elección presidencial.
Sin embargo, la posibilidad es real para intentar arrebatarle al PRI su hegemonía y dificultarle con ello las tareas al nuevo mandatario y, por ende, al candidato Peña Nieto que presume por su legado en esta entidad.
4.- Finalmente, en materia de diputados federales y senadores, la izquierda depende mucho de cuanto sea capaz de avanzar su abanderando a la Presidencia. Si éste va en crecida, como parece, pudiera nuevamente disputar importantes fracciones en sendas Cámaras y mantener su posición de contrapeso en el Congreso de la República. Con ello obligaría al nuevo gobierno a negociar constantemente para sacar adelante sus iniciativas, sobre todo en la lógica de que sea el PRI quien obtenga la mayoría de votos.
Es evidente que falta mucho por escribir al respecto. Desde luego, no se han cerrado las apuestas.
loretdemola.rafael@yahoo.com.mx
APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.


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