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jueves, 15 de agosto de 2013

LÁZARO CÁRDENAS, PRIVATIZADOR

por Bernardo Ibarrola *
La verdadera novedad de la propuesta de reforma energética que presentó esta semana el presidente Peña Nieto no radica en su contenido ─que se resume en permitir la participación privada ahí donde está explícitamente prohibida hoy─ sino en su recurso al pasado para legitimarse: el pasado como elemento central de una campaña publicitaria destinada a vender un producto: la reforma de Pemex y CFE.
El proyecto presidencial de reforma fue presentado con un dispositivo montado sin duda por un sólido equipo de publicistas. Slogans en lugar de argumentos; frases contundentes, con ideas cálidas, positivas y esperanzadoras. “Reforma energética. Toda nuestra energía para mover a México”, se llama la página ad hoc que Presidencia colgó de su sitio en internet minutos después de que Peña Nieto la presentara ante sus valedores en la residencia oficial de Los Pinos: gracias a la reforma “bajará el precio de la luz y también del gas”, “se crearán empleos”, “habrá grandes inversiones”, “habrá más recursos para el presupuesto y programas sociales”, “México será más competitivo”…
“Con emoción” el presidente anunció hace un par de noches, en cadena nacional, su proyecto de reforma: “Hace 75 años, precisamente en este salón del Palacio Nacional, el presidente Lázaro Cárdenas llevó a cabo la expropiación petrolera”, dijo a manera de preludio: “Con el respeto que este lugar me merece, les informo que la reforma que hoy he enviado al senado retoma palabra por palabra el texto del artículo 27 constitucional del presidente Cárdenas. El espíritu de esta reforma recupera el pasado para conquistar el futuro”.
Evocaciones al espíritu del presidente Lázaro Cárdenas, lo que sea que eso signifique. Pablo O´Higgins, s.f., Taller de Gráfica Popular.
Evocaciones al espíritu cardenista, lo que sea que eso signifique en la actualidad.
Pablo O´Higgins, s.f., Taller de Gráfica Popular.
Sorprendente, pero impecable: no es difícil imaginar al equipo de publicistas dispuesto a romper el binomio emocional Cárdenas-nacionalización a fuerza de repetir ad nauseam lo contrario: fíjense ustedes que Cárdenas expropió el petróleo pero siempre aceptó la participación de capitales privados en la industria petrolera. No importa que la proposición sea incoherente ni que raye en la estulticia; lo que cuenta es que está dirigida al punto exacto y que, en la dosis indicada, acabará por producir los resultados esperados.
Y comienzan las repeticiones. En el rubro “Reformas del general Cárdenas” la presidencia afirma que: “La primera gran reforma energética de México fue impulsada por el Presidente Lázaro Cárdenas. El espíritu de la reforma cardenista fue nacionalista, sin duda, pero también modernizador, visionario y pragmático. Su elemento fundamental fue la garantía de la propiedad y la rectoría del estado en el control de los hidrocarburos, al tiempo que contempló la participación del sector privado en diversas actividades”.
El primero de los diez beneficios de la reforma que se enumeran en la página es que “el artículo 27 de la constitución vuelva a decir lo que el presidente Lázaro Cárdenas dejó escrito, palabra por palabra”. En la pestaña “Mitos”, debidamente marcados por un cintillo que dice “Falso” y comenzando cada uno con un electorero (y mal escrito) “¡Que no te engañen!”, se enumeran los mitos del pasado ─“La reforma energética va en contra de los ideales del Presidente Lázaro Cárdenas”, “El presidente Lázaro Cárdenas prohibió la participación privada en toda la industria petrolera”─, progenitores de los mitos del presente ─“Con la reforma energética se va a privatizar Pemex”, “Con la reforma energética los inversionistas se van a quedar con la renta petrolera”, “Si se aprueba la reforma energética van a subir los impuestos, ya que el estado tendrá menos ingresos”.
Con una voluntad de demostración equiparable a la de los infomerciales de la madrugada, la página de la reforma despliega documentos supuestamente irrefutables: la exposición de motivos para la reforma del párrafo 6º del artículo 27 constitucional (que, según se puede leer en sus líneas, data de 1938 y no de 1940, como anuncia el vínculo); la publicación de esta reforma en el Diario Oficial, un párrafo de la exposición de motivos de la “Ley reglamentaria del art. 27 constitucional en materia de petróleo” y luego, íntegra, esta ley. Todo con tal de demostrar que “El modelo impulsado por el Presidente Lázaro Cárdenas no corresponde al texto constitucional vigente, fruto de reformas posteriores. Por tanto, la recuperación del diseño original cardenista, motivo de la iniciativa que se presenta al Congreso, implica necesariamente una reforma constitucional”.
De lo que resulta que, como Martí en el asalto al cuartel de Moncada, el autor intelectual de la reforma de Peña Nieto es… ¡Lázaro Cárdenas!
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¿Es un tabú el Artículo 27 constitucional?

El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
¿Es un tabú el Artículo 27 constitucional?
Organización Editorial Mexicana
15 de agosto de 2013
  ¿Es algo intocable, sagrado, inmodificable, el párrafo sexto del Artículo 27 de la Constitución? En principio sería absurdo.

Lo que pasa es que un artículo constitucional de esa importancia tiene dos vertientes: la forma y el fondo, es decir, la idea, su jugo nutricio. ¿Y en qué consiste aquí la idea? En la defensa de un patrimonio vital para la nación, lo que de ninguna manera es una visión limitada o miope como sostienen algunos, olvidando precisamente el fondo.

El texto prohíbe que tratándose del petróleo se otorguen concesiones o contratos. Al efecto hay que ir a los términos. ¿Qué es un contrato? Un convenio en virtud del cual se produce o se transfiere una obligación o un derecho, conforme al artículo 1793 del Código Civil.

¿Transferir derechos en materia petrolera? ¿Es conveniente o necesario? Lo de la obligación no crearía tantos problemas en el caso, lo de un derecho sí. ¿Y qué es una concesión? Es en rigor un negocio jurídico por el cual la Administración cede a una persona facultades de uso privativo de una pertenencia del dominio público, o la gestión de un servicio público en plazo determinado bajo ciertas condiciones. Y lo que trata de evitar el texto vigente del artículo 27 es la cesión de facultades, la transferencia de derechos en tratándose de Pemex, porque significaría la intromisión de intereses particulares en el dominio público; siendo que es posible decir otro tanto en lo relativo a la gestión.

No es pues una visión meramente "patriótica" la del artículo 27, en el sentido chabacano del término. Pero vayamos por partes. No se discute la explotación del petróleo con inteligencia y racionalidad.

Sin embargo, si se modificara el contenido normativo del párrafo sexto del artículo 27 de la Constitución se correría el riesgo enorme, permitiendo concesiones y contratos de cualquier naturaleza, de consentir a su vez que se filtraran intereses ajenos a México. Decir esto no es demagogia ni tampoco tener una visión limitada o miope.

Al respecto no hay más que atenerse a la historia del país, a sus condiciones geopolíticas y económicas, para saber con absoluta claridad lo que pasaría si se altera la que llamo idea normativa (histórica, política, económica y por supuesto jurídica) de ese artículo de la Carta Magna. México ha sido siempre, de una forma u otra, la tentación de intereses poderosísimos que se han movido y se mueven en el mundo.

Como hitos históricos he allí la pérdida de Texas en 1836, la guerra México-Estados Unidos en 1846, las intervenciones francesas en 1838-1839 (o "guerra de los pasteles") y en 1862-1867, la guerra de Reforma o "guerra de los tres años" en 1857-1861 y la venta de la Mesilla en 1853. ¿Culpa de México, debilidad de los mexicanos, traiciones internas y solapadas? ¿Confabulaciones con intereses transnacionales?

Lo que se quiera, pero la historia es contundente. México ha sido y sigue siendo un polo de atracción de poderosísimos intereses extranjeros. Desde luego hay que evolucionar y progresar, entrar en la carrera de la economía independiente, incorporarse a la llamada globalización del siglo XXI.

Desde luego, pero sin perder el control de lo nuestro. ¿Lo nuestro? Vaya usted a Los Cabos, a San Miguel de Allende, a Puerto Vallarta, y constatará que son en mucho "territorio turístico" norteamericano. ¿En bien del progreso turístico del país (violencia generalizada de por medio)? Hay que progresar y hacer un pacto a favor de México, aunque ello no implica ceder controles, independencia y autonomía. Hay principios que son intransferibles e inmodificables. Cambiarán los tiempos, pero la soberanía no tiene por qué alterarse.

En suma, si se va a reformar el artículo 27 que se haga con la conciencia clara de lo que se juega, de lo que está de por medio. No es tal artículo un tabú intocable, pudiéndose ampliar su idea pero no desconociéndola.

El hecho es que le dan muchas vueltas a la misma cosa, hablan demasiado y no atienden al contenido de aquél.

La política no es eso, no debe serlo. Sígueme en Twitter:@RaulCarranca Y Facebook: www.facebook.com/despacho.raulcarranca
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PARA EL QUE TODAVIA NO ENTIENDE: LA GRAN MENTIRA


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