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miércoles, 9 de octubre de 2013

La demolida Voca 7, página en la historia de los movimientos estudiantiles: activistas

Ahí, el Batallón Olimpia asesinó a 50 alumnos días antes del 2 de octubre, recuerdan. En 1968 era centro neurálgico de protestas.
Arturo Jiménez
Publicado: 07/10/2013 12:26
Una intensa, trágica y corta vida de cuatro años tuvo la Vocacional 7 en su sede de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, la cual concluyó con su ocupación militar y la represión sangrienta, aún por aclarar, contra los estudiantes nueve días antes de la masacre del 2 de octubre de 1968.
Después, el edificio pasó a formar parte del Hospital General de Zona número 27 del IMSS y ahora, casi 45 años después, acaba de ser demolido en medio del hermetismo oficial y de la indignación de ex activistas, que lo consideran un inmueble histórico y piden a los gobiernos federal y local reconstruirlo, reintegrarlo al patrimonio del Instituto Politécnico Nacional y crear ahí un centro de investigación de los movimientos estudiantiles del país.
De 1965 a 1968 la Vocacional 7 –llamada oficialmente Escuela Preparatoria Técnica Piloto Cuauhtémoc– vivió un creciente activismo y recibió varios ataques de policías, militares y grupos anónimos.
Iván Uranga, dirigente estudiantil en esa vocacional en aquel entonces y uno de los siete sobrevivientes de la mencionada represión sangrienta, recuerda:
“Aquí hay mucha sangre de los compañeros que cayeron víctimas del Batallón Olimpia y del primer batallón de halcones. La noche del 23 al 24 de septiembre de 1968, asesinaron al menos a 50 personas y las desaparecieron. Al parecer están enterradas en una fosa clandestina en el Campo Militar número Uno.”
Otros señalan que algunos cuerpos habrían sido sepultados de manera clandestina en la parte trasera del plantel. Una mañana de junio de 1981, cuando se ampliaba el comedor del hospital y ex Voca 7, se descubrieron restos humanos óseos y una bala de rifle M-1.
La arquitecta de la obra era Rosa María Alvarado Martínez, quien quiso reportar el hecho y hacerlo público, pero fue presionada por superiores y amenazada por agentes del gobierno para que no lo hiciera. Los restos fueron de nuevo inhumados encima de la cimentación y cubiertos de tierra. Sólo hasta julio de 2007, 26 años después del hallazgo, Alvarado presentó una denuncia en la Procuraduría General de la República, la cual hizo una investigación y dijo que eran restos prehispánicos.
Raúl Álvarez Garín, ex delegado del Consejo Nacional de Huelga por la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN y actual integrante del Comité 68, asegura que fue una investigación inconsistente. Dice que se ha tratado de reactivar el caso, pero el expediente fue enviado a reserva por 12 años. Hace unos días le pidieron a la Procuraduría General de la República (PGR) detener la obra y aún no hay respuesta.
El escritor Felipe Galván, egresado en 1967 de la Vocacional 7 y estudiante de la Escuela Superior de Ciencias Biológicas del IPN en 1968, comenta: “En ese edificio se concretó un proyecto piloto que se diferenciaba de la voca tradicional. En el primer año, aparte de las materias específicas, llevábamos literatura, sicología, orientación vocacional y asignaturas que nos integraban humanísticamente a la sociedad. Eso generó estudiantes de alta conciencia.”
La dureza del régimen
El 22 de julio comenzaron los enfrentamientos entre estudiantes, y entre éstos y granaderos en la Ciudadela, además de huelgas y paros en varios planteles de la UNAM y el IPN. El 26 de julio se enfrentaron estudiantes y granaderos en el centro de la ciudad, en los que participaron los de la Voca 7.
Aquel viernes se declaró el paro y se inició el movimiento. El sábado 27 teníamos tomada la escuela y empezamos a hacer los primeros volantes y brigadas, evoca Uranga, quien se encargaba de prensa y propaganda, y de la tesorería del comité estudiantil.
“En las noches hacíamos guardias y en el día salían más de 50 brigadas como de 50 chavos cada una. La Voca 7 parecía el centro neurálgico del movimiento porque aquí se venían a reunir los estudiantes de las vocacionales 1 y 4.
Por las noches algunos obreros y vecinos venían a visitarnos. Era tal el apoyo de la gente que todos los días llevaba un costal de monedas a depositar al banco. Compraba las mantas por rollo, las cartulinas, el papel por mayoreo. Teníamos tres mimeógrafos funcionando día y noche.
El 28 de julio se reunieron por primera vez grupos estudiantiles del IPN, la UNAM y otros centros de educación para definir las demandas del movimiento.
El 30 de julio, día en que el rector Javier Barros Sierra izó la Bandera Nacional a media asta por la violación de la autonomía universitaria, el Ejército tomó por primera vez la Vocacional 7.
La madrugada del 29 de agosto sujetos enmascarados dispararon contra la Vocacional 7. En la tarde siguiente estudiantes, trabajadores y vecinos pretendieron realizar un mitin, pero fue impedido por policías y soldados con tanques. Y de nuevo ocuparon el plantel.
Para el sábado siguiente, las Vocas 4 y 7 fueron atacadas por paramilitares, quienes hirieron a varios estudiantes y transeúntes.
No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario, advirtió el presidente Gustavo Díaz Ordaz en su informe de gobierno del 1° de septiembre. No vamos a dialogar con la presión de los tanques y las bayonetas, respondería el Consejo Nacional de Huelga.
La noche del 18 el Ejército ocupó Ciudad Universitaria y detuvo a unas 500 personas. Y el 20 se enfrentaron estudiantes y policías en la Voca 7 y Zacatenco.
El lunes 23 de septiembre se enfrentaron estudiantes y granaderos en el Casco de Santo Tomás y en la madrugada fue ocupado por el Ejército, que además tomó Zacatenco. Fue esa misma madrugada cuando los militares ocuparon la Vocacional 7 y se reportaron de manera confusa varios muertos.
Esa noche, cuenta Uranga, entró el Batallón Olimpia y mató a casi todos los que estaban ahí. Eramos unos 60 o 70 los que nos quedábamos en las noches, de guardia, pero sólo nos salvamos siete. Unos estaban durmiendo en el plafón del auditorio adjunto y otros estábamos acostados debajo de las mesas de las tortas, en la cafetería. Por eso no nos vieron. Estaba lleno de charcos de sangre.
El lunes 30 de septiembre el Ejército salió de Ciudad Universitaria. Y el miércoles 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, tuvo lugar la matanza de estudiantes que asistieron al mitin. Con ello comenzó a desarticularse la movilización juveznil.
Tras la represión y ocupación militar del 23-24 de septiembre, la Voca 7 ya no fue devuelta al IPN y con ello terminó el experimento de un modelo educativo integral. En 1970 el edificio fue cedido al IMSS y en 2006 fue desocupado debido a daños en su estructura causados por el sismo de 1985.
Uranga concluye: La escuela se perdió, nos la quitaron. Nos mandaron dos meses a Zacatenco, al edificio 8, en construcción; de ahí nos enviaron seis u ocho meses al edificio del Toreo, y luego, en 1970, a la sede definitiva en Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa. El edificio original era una página de la historia, y como había quedado en manos del IMSS, jamás imaginamos que fueran a demolerlo.
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"El lobo y las gallinas" (La Jornada, 13 de mayo, 2013)


Gustavo Madero y Jesús Zambrano/Foto: José Carlo González, La Jornada 
Enternecen los desesperados esfuerzos de la caduca clase política por aparentar que ahora sí se respetará la legalidad electoral. Eladdendum al Pacto por México mediante el cual los presidentes de PAN, PRI, PRD y el gobierno federal acuerdan cumplir con lo que ya señala la norma es igual de creíble que la promesa del alcohólico que todas las mañanas jura no volver a tomar o la del golpeador que de rodillas implora disculpas a su mujer después de cada golpiza. Las falsas promesas no sirven de nada a los ciudadanos, quienes tendrían que rechazar dignamente esta nueva muestra de cinismo político.

De acuerdo con la perversa lógica del addendum, de hoy en adelante ya no se necesitarán el Instituto Federal Electoral (IFE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ni la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, pues imperará el principio de la autorregulación por parte de los propios partidos. En lugar de que las instituciones electorales auspicien el estado de derecho, el lobo cuidará a las gallinas.

La gran "aportación" del addendum es la creación de una nueva y rimbombante "Comisión Plural Nacional de Preservación del Entorno Político de Equidad de la Competencia (CPNPEPEC)" cuya misión será "realizar los acuerdos que aseguren las condiciones de equidad en la competencia política". La estrambótica nueva comisión también "dará seguimiento" a las comisiones plurales equivalentes en las entidades federativas y será presidida por nadie menos que Miguel Ángel Osorio Chong.

Una vez más atestiguamos el retorno de las viejas formas de hacer política. Como antaño, se reincorpora el secretario de Gobernación como máximo arbitro en materia electoral. En lugar de ventilar futuras denuncias en los medios de comunicación o recurrir a las instancias judiciales, todo se arreglará en sigilo dentro del marco de la nueva comisión. Regresamos a la época de las concertacesiones de los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, cuando el gobierno concedía algunas victorias a la oposición, en ese momento sobre todo se entregaban gubernaturas al PAN, a cambio de su apoyo a la agenda legislativa del PRI...

TEXTO COMPLETO DEL ARTÍCULO DISPONIBLE EN LA JORNADA
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El golpe - Columna semanal de Sergio Aguayo - 09 de octubre 2013

Un tercio de los asambleístas capitalinos vetaron a Luis González Placencia para seguir al frente de la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF). Fue un golpe a los capitalinos y al mejor modelo de ombudsman que ha tenido México.

Lo que está en juego. En nuestro país coexisten dos modelos de organismos públicos encargados de proteger derechos. El mayoritario tiene como paradigma a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que posee algunos aciertos y un grave problema: se pandea cuando enfrenta a los gobernantes. El modelo minoritario está perfectamente representado por la CDHDF. Se caracteriza por encontrar dentro de su mandato la manera de acompañar a las víctimas y a los organismos civiles. También se caracteriza por la defensa de su autonomía y la excelencia en las investigaciones.

A Luis González Placencia le critican ahora que no cabildeó adecuada o suficientemente a los asambleístas para mantener el cargo, que tuvo tal o cual omisión o error. Es posible que así fuera pero no podemos regatearle que se la jugó con casos incómodos y polémicos y salió bien librado; dos ejemplos serían las recomendaciones sobre la Supervía o sobre las acciones violentas del 1o. de diciembre de 2012. No sorprende la animadversión que provoca en diferentes grupos de poder.

Esa gestión explica el notable apoyo que recibió al buscar la reelección. Lo respaldaron centenares de organismos civiles, entre ellos los representativos y emblemáticos; escribieron cartas a su favor personajes plurales y con un historial de compromiso (María Elena Morera, Alejandro Solalinde, José Woldenberg, entre otros); y una porción representativa de la comunidad internacional resumió su sentir en los tres elogios lanzados por la embajadora de Francia, Elisabeth Beton-Delegue, al trabajo de González Placencia: fortaleció la "autonomía, imparcialidad y profesionalismo" de la CDHDF.

Las malas noticias. Para reelegirlo se necesitaban dos terceras partes de los votos, pero encontró la oposición de poco más de un tercio de asambleístas. En las democracias no se dan las unanimidades y son deseables las voces en contra. Lo sorpresivo estuvo en la pobreza argumentativa y en la ausencia de evidencia de quienes le cerraron el paso. Un medio digital publicó un par de textos amarillentos y parciales. La fracción ebrardista en la Asamblea no explicó en público su anuncio privado de que votaría en contra. El mismo silencio que mostró el ebrardismo al negarse a aceptar la recomendación de la CDHDF sobre la Supervía, una herida urbanística que seguirá dando de qué hablar.

El panista Federico Döring Casar justificó el rechazo en el favoritismo hacia grupos radicales y a sus omisiones en el caso Góngora; el priista Tonatiuh González -secundado por sus escuderos del Verde- también sostuvo que González Placencia había defendido a vándalos y se había preocupado "más por estar en otros estados de la República", mientras que otro diputado del tricolor, Jaime Alberto Ochoa Amorós, lo acusó de "parcialidad, servilismo e ineficacia". Adjetivos sonoros que disimulan la vacuidad tras la canallada.

Las buenas noticias. La más obvia es que casi dos terceras partes de asambleístas estaban por la reelección de González Placencia, lo cual es un sólido indicador de la aceptación del modelo de la CDHDF. Hay, por supuesto, el riesgo de que se "tribalice" una elección que deberá concluir el 31 de octubre (ese fue el destino del InfoDF y el Instituto Electoral del DF, espacios donde ya ondean los estandartes tribales).

La tentación será grande porque el presupuesto superior a los 300 millones de pesos es un apetitoso botín para los caciques de tribus sedientas de chambas para sus huestes y parientes. También hay el riesgo de que nombren a un personaje mansito y moldeable para meter a la capital en la lógica de la mayor parte de las comisiones de derechos humanos. Nubarrones de ineptitud sobrevuelan, como zopilotes, sobre la CDHDF y es posible que se cumpla la maldición anunciada por Ernesto López Portillo: en México la "autonomía política se paga con el cargo" ("Bofetada a los derechos humanos", El Universal, 2 de octubre de 2013).

Evitar ese desenlace depende de lo que haga la sociedad. Eso me lleva a hacer una puntualización indispensable. Si en el Distrito Federal hay tanto margen para las libertades se debe a la solidez del capital social positivo y no solamente al partido que gobierna. Si esto último fuera la variable explicativa, entonces los gobiernos perredistas en otras entidades tendrían los mismos avances.

Una expresión de esta fortaleza cívica y la mejor noticia es la decisión de Luis González Placencia de responder puntualmente a quienes lo descalificaron y de demandar al presunto periodista difamador. Si su versión aparece en octubre, influirá en el debate sobre la elección del nuevo ombudsman y el modelo de Comisión de Derechos Humanos. González Placencia reconfirma su cultura democrática con esa determinación al defender sus derechos violentados.


Colaboró Paulina Arriaga Carrasco.

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El falso Nezahualcoyóyotl...Juan Domingo Argüelles.

ENezahualcóyotl, vida y obra (FCE, 1972; 16ª reimpresión, 2012), de José Luis Martínez, publicado con motivo de los quinietos años de la muerte del gobernante y gran poeta del México antiguo, el autor no recoge –ni siquiera en los apéndices del libro– un poema apócrifo (atribuido a Nezahualcóyotl) que, sin embargo, ¡aparece en el billete de cien pesos emitido por el Banco de México!
El poema en cuestión (“El cenzontle”) dice así, traducido al español: “Amo el canto del cenzontle,/ pájaro de cuatrocientas voces./ Amo el color del jade/ y el enervante perfume de las flores,/ pero más amo a mi hermano: el hombre.”
¿Por qué el Banco de México estampó esta composición en el billete y se la achacó al Rey Poeta? ¿Quién toma las decisiones para incluir los elementos conmemorativos en nuestra moneda? ¿Se consulta acaso a los especialistas? ¿Por qué en vez de poner en el billete un texto pedestre, no incluyó un poema o un fragmento de un texto emblemático de Nezahualcóyotl (1402-1472) siendo que hay varios extraordinarios que no sólo son, sin duda, de la autoría de Nezahualcóyotl, sino que, además, poseen las características más representativas de la estética del Rey Poeta y, más ampliamente, de la mejor poesía prehispánica en lengua náhuatl?
Desinformado, pero también mudo, el Banco de México no ha respondido a estas preguntas pese a que el nahuatlato francés Patrick Johansson, del Instituto de Investigaciones de la UNAM, ha dicho muy claramente que “el poema en el billete de 100 pesos es falso”, es decir, no lo escribió el señor de Texcoco.
Como lo consigna la revista Proceso en su número 1917 (28 de julio de 2013), Johansson afirma que este poema (“Centzontótotl”, “El cenzontle”), ampliamente difundido desde el nivel escolar, es de origen incierto. Para probar que no es de Nezahualcóyotl analiza lo mismo cuestiones lingüísticas que aspectos discursivos e ideológicos de la versión en náhuatl, y relaciona, una a una, las inconsistencias del texto, ajenas por completo al estilo y el lenguaje poéticos del gran texcocano.
Explica, por ejemplo:  “La expresión verbal nictlazotla, ‘yo amo’, muy común en el náhuatl de hoy, no aparece como tal en textos antiguos. Los antiguos mexicanos empleaban formas metafóricas y perifrásticas para expresar el amor y la admiración que tenían por algo o por alguien.. Y añade: “Aun cuando las palabras tienen mucha movilidad en la frase náhuatl, el hipérbaton nocniuhtzin in tlacatl, nehuatl nictlazotla (‘a mi hermano el hombre amo yo’) no corresponde a la retórica indígena prehispánica.” Por lo demás, “el amor al prójimo es una idea cristiana que no corresponde a la episteme indígena prehispánica.”
Todo esto y las muy notorias diferencias lingüísticas y gramaticales entre el náhuatl antiguo y el náhuatl moderno dan fe de que ese texto es apócrifo. Aun sin ser conocedores de la lengua náhuatl, pero sí atentos lectores de poesía y en especial de la obra poética de Nezahualcóyotl (en las traducciones de Miguel León-Portilla y Ángel María Garibay), es posible advertir que esos cinco versos de “El cenzontle” no son de Nezahualcóyotl ni por asomo.
Nezahualcóyotl escribió maravillas como las siguientes: “No acabarán mis flores,/ no acabarán mis cantos:/ yo los elevo: soy un cantor.”  “Aunque sea jade: también se quiebra;/ aunque sea oro, también se hiende,/ y aun el plumaje de quetzal se desgarra:/ ¡No por siempre en la tierra:/ sólo breve tiempo aquí!”  “Estoy embriagado, lloro, me aflijo,/ pienso, digo,/ en mi interior lo encuentro:/ si yo nunca muriera,/ si nunca desapareciera.”
“Este poema, por demás hermoso, es de factura moderna”, concluye Johansson respecto de “El cenzontle”. Y, puesto que así lo cree, en este punto habrá que concederle su lugar al gusto personal, pero Gabriel Zaid no lo incluye en suÓmnibus de poesía mexicana, porque dicho texto está muy lejos de ser antológico. Tampoco lo incluyen Coral Bracho y Marcelo Uribe en la antología de poesía náhuatl La tinta negra y roja (2008).
Por mi parte, contradiciendo a Johansson, “El cenzontle” no me parece un poema hermoso, sino tramposo: retórico, afectado y lleno de clichés. Su “estética” es priísta, por lo convenenciera y demagógica: “pero más amo a mi hermano: el hombre”. (¡Sí, cómo no!) Es un texto de político más que de poeta (es un discurso oportunista, más que un poema), y aunque Nezahualcóyotl fue gobernante, queda claro (a partir de su obra poética auténtica) que nunca cultivó la demagogia.

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