CUANDO TERMINES DE VER LA PAGINA ACTUAL, DA CLICK EN ENTRADAS ANTIGUAS PARA QUE VEAS TODO LO DEL DIA DE HOY.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Memoria del Saqueo - Argentina (2003)


APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

OPINIÓN por Carmen Aristegui "Para bien o para mal"




La frase que completa el título de esta colaboración, "Le vamos a cambiar el rostro a México. para bien o para mal", fue pronunciada por el presidente del Partido Acción Nacional durante una entrevista en Noticias MVS.

La frase sacude. Fue dicha por uno de los principales negociadores y promotores de la reforma energética. ¿Cómo que para bien o para mal?

El líder del partido que reclama, para sí, la victoria cultural y política de una reforma de tal calado dice, públicamente, que también puede ser para mal. Que sí, que existe esa posibilidad.

Madero dejó entrever, con esa frase, que sabe de los riesgos, de las acechanzas, de los peligros por no haber hecho lo primero: tratar de fortalecer a Pemex; establecer bases reales y compromisos políticos para combatir la brutal corrupción que podrá verse amplificada sin instituciones y mecanismos de contrapeso. Ni siquiera la Comisión o Fiscalía anticorrupción sacaron, en este periodo, a pesar de las promesas.

Sacaron al sindicato del Consejo de Administración, es cierto. Un Romero Deschamps salió rumiando de la sesión, sin votar, pero sabedor de que cuán inútil y riesgoso resultaría pensar en una oposición. Ahí está el ejemplo de Elba Esther, señal clara del verdadero retorno del PRI. El primero que lo sabe es Romero.

Madero dejó, con sólo 13 palabras matutinas, espacio para las dudas, supongo, de sus propios correligionarios. Fue el reconocimiento de lo que puede significar para México esta puerta que invita a trasnacionales y miembros de la oligarquía nacional a tomar parte del más importante negocio en el país y explotar un bien estratégico nacional. Tal vez pasarían por su cabeza algunas ideas de las posibles repercusiones políticas, sociales, además, naturalmente, de las económicas. ¿Será que pensó en cómo lo que estaba por aprobarse podría contribuir a la reinstauración de un viejo PRI que, por lo pronto, ha reinstalado a la Presidencia de la República como factótum en el Congreso?

Con una frase, Madero dejó ver su flanco débil. Se mostró atrapado por dudas de conciencia. No es para menos. Lo que ha sucedido cambiará a México. Para bien o para mal. Como una moneda en el aire. Los grandes capitales en México, desde hace rato, enfilan sus baterías en el sector. Significativa la presencia de la hija de Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, hoy convertida en senadora de la
República, en la defensa de una reforma como ésta, en la que su padre podría, tal vez, tener algún interés.

El enquistamiento de los poderes fácticos nacionales en las estructuras gubernamentales y los órganos de la representación social, como el Congreso, son un hecho inocultable. ¿Habrá pensando Madero qué significaría tener sentados ahí a los poderes fácticos trasnacionales.

¿Qué clase de reforma acaban de aprobar, montados en una implacable aplanadora que no tuvo contemplación con una izquierda pauperizada? No se aceptó ni una de las reservas u observaciones. ¿Y qué va a pasar con una reforma aprobada fast track?

¿Entraremos en una madurez y modernidad insospechada que generará empleos masivamente y para detonar, por fin, el ansiado crecimiento o nos veremos como un país petrolizado, expoliado por trasnacionales rapaces, con chorros de recursos que traerán procesos de corrupción mayores a los que, de por sí, hoy tenemos ante un Estado fragilizado? ¿Para bien o para mal?

¿Qué resultados traerá esta reforma? ¿Lo saben los legisladores? ¿Cuántos flancos descubiertos dejaron en sesiones hechas en las madrugadas? Un sinfin de preguntas quedan para cerrar este fin de año.

Lo más desolador ha sido la ausencia de una sociedad que se manifieste de manera significativa. Políticamente desorganizada, con falta de nervio frente a un asunto que cambiará los ejes de este país. Una reforma que cambiará el rostro de México. ¿Y dónde está la sociedad?
APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

OJO POR OJO El Grito más Fuerte: Alvaro Cueva

Álvaro Cueva

Que si no sabemos lo que estamos diciendo, que si somos unos ridículos, que si estamos atentando contra el progreso de México.
Mucha gente nos está mentando la madre por habernos atrevido a gritar, pero también hay personas que nos están apoyando, que están gritando, que están pidiendo una explicación.
¿De qué le estoy hablando? De la nueva campaña de El Grito más Fuerte.
¿Qué es El Grito más Fuerte? Un colectivo formado por figuras del espectáculo, comunicadores y trabajadores de la cultura que, en lugar de quedarse callados ante todo lo que está sucediendo, se están atreviendo a levantar la voz.
Es justo lo que hacen los mejores actores, cantantes y periodistas de los países más civilizados del mundo cuando ocurre alguna irregularidad.
Estamos hablando de personalidades de todas las corrientes ideológicas de nuestro país, de hombres y mujeres que trabajan lo mismo en Televisa que en Azteca, Argos, Canal Once, el cine, el teatro o internet.
Desde Daniel Giménez Cacho, Gael García Bernal, Edith González, Eugenio Derbez y Bárbara Mori hasta Héctor Bonilla, Ilse Salas, Tiaré Scanda, Rebecca Jones, Cecilia Suárez y Luis Gerardo Méndez, por mencionar solo unos cuantos nombres.
Yo mismo estoy ahí y si estoy ahí, es porque creo en eso, porque estoy convencido de que nosotros, de este lado de la sociedad, también tenemos que participar en temas como el de la reforma energética.
Precisamente de eso trata esta campaña: de pedir que a todos se nos considere en la toma de decisiones.
No puede ser que los diputados y los senadores, a los que usted y yo mantenemos, en lugar de trabajar para nosotros, trabajen para sus partidos tal y como lo demuestran los spots que están sacando en los medios de comunicación.
A mí no me interesa si el PRI, el PAN o el PRD se adjudican el IVA o no IVA a las colegiaturas, la desaparición del IFE o el futuro de Pemex.
Tampoco me interesa si se agarran a golpes, si se encueran o si se cambian de ropa.
Me interesa que me expliquen lo que están haciendo en mis términos, no en los de sus bancadas.
Me interesa que, como mis empleados que son, me pregunten qué hacer y que me pidan mi opinión en cada una de las acciones que van a tomar.
No sé usted, pero yo estoy harto de elegir representantes que no me representan ni a mí ni a la gente que me rodea ni a nadie que yo conozca.
Estoy cansado de representantes que me traten como a una criatura inferior a la que no se le rinden cuentas ni se le dan explicaciones porque “¡Pobrecito! No va a entender nada. No sabe”.
¿Qué clase de democracia es ésta? ¿Qué clase de representatividad hay en un Congreso que se tiene que blindar para impedir que el pueblo, su patrón, le reclame?
Yo no discuto que la reforma energética, como el resto de las reformas que se han estado aprobando, vaya a ser positiva o negativa. Discuto las formas.
No hay cerebro que pueda conservar la atención sobre un mismo tema durante 20 horas continuas. No lo hay.
¿Cómo le hicieron esos señores para tomar  las decisiones que tomaron durante todo ese periodo de tiempo, justo cuando la mayoría de la población estaba distraída entre las festividades de la virgen de Guadalupe, el futbol, la Navidad y los finales de los reality shows?
¡Cómo! Ni que fueran superhéroes para tener esa capacidad. Ni que fueran ciudadanos de otro país para no darse cuenta de que ése era el peor momento para actuar.
Cuestiones tan importantes como el manejo de nuestros recursos energéticos, nuestras elecciones, nuestra educación y nuestros impuestos, entre muchas otras más que se están moviendo, no se pueden sustituir de un día para otro, entre posadas y aguinaldos.
Es una falta de respeto, una irresponsabilidad, algo que se presta para cualquier cantidad de malas interpretaciones.
Yo por eso grito y lo invito a que usted también lo haga. Está en el artículo 35 de nuestra Constitución. No estamos haciendo nada malo. Es nuestro derecho y lo tenemos que ejercer.
Busque el nuevo video de “El grito más fuerte” en YouTube bajo el nombre de Preguntame#Art35, compártalo con sus contactos (ya que la mayoría de los medios se negaron a cubrir su presentación) y haga algo para que nuestros representantes nos tomen en cuenta.
Si queremos un país mejor, tenemos que movernos todos. Tenemos que gritar.
¡Atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com
APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

Días infaustos Rolando Cordera Campos

Días infaustos Rolando Cordera Campos

Poderosos caballeros y comedidos caballerangos; inefables senadores que se descubren iconoclastas para acuñar nuevos paradigmas; diputados otrora astutos que se unen a la romería de promesas e ilusiones; testaferros virtuales: todo esto y más nos trajo la más reciente ola reformista prohijada y coreada por el comentario interesado y la opinión mediática, disfrazada siempre de angustia por este pobre país que se niega a mudar para ser mejor.

Luego de las fiestas de a de veras, allá por el lejano enero, habrá que volver los ojos a los hechos, registrar los desechos y buscar la manera de mirar hacia adelante para encontrar alguna luz al final del túnel. Esperando que no vaya a ser una locomotora en sentido contrario.

Pírrico grand finale, aunque los diputados y senadores de la gran coalición de fin de siglo se declaran siempre listos, como los boy scouts de antaño, para abrir una nueva era, así, del brazo y por la calle. Seguramente están ya a la espera de las novísimas consignas de los encargados de darle la vuelta a lo acontecido, hasta que adquiera un tono rostizado, apetecible para las capas de la opinión pública más cercanas a la oferta y la doctrina convencionales que se guisa todas las noches en la televisión y las cenas de los pudientes.

De lo que sabemos poco o nada es de los términos que finalmente permitieron darle a la gran unción normalizadora un poco de solidez y buen olor, antes de que venga el ¡Arrancan! de la carrera del siglo por contratos, licencias, servicios y representaciones en la que podrá saberse de qué cuero salen más correas: si de lo que quede de Pemex y CFE, o de lo que puedan traer a tiempo los personeros del gran dinero nacional que, como pocas veces, se muestra a modo para obedecer la voz del amo. La traduzcan bien o no, o los loros de la competitividad y la ambición jibarizada que habitan en la Bolsa de Valores.

¿Tuvo sentido todo esto? La premura del Presi­dente nunca quedó bien explicada ni documentada, salvo que por ello deba entenderse un ensayito por ahí en alguna revista mensual, una pataleta bien condimentada en algún diario, o la habitual jaculatoria nocturna por radio y televisión que nos asestan los dueños del púlpito electrónico.

Nada de esto, junto o por separado, da el foro necesario para que la ciudadanía se ilustre e informe y tome decisiones que, en este caso, implican cambios fundamentales en su vida y horizontes. Lo que se requería, pero no se hizo, era determinar objetivos mediante la deliberación política más amplia y cultivada para, desde ahí, fijar líneas claras para las políticas que se insiste en llamar públicas, aunque sean las más opacas de la historia. Este es precisamente el chiste de la democracia representativa; la que se reclama y elude.

Lo que a muchos nos queda de estos días infaustos es la sensación y la sospecha de haber asistido a un gran guiñol, una mascarada adelantada del carnaval, que adormeció el ánimo pero que no sirve ni servirá para darle al reformismo que México necesita con urgencia una dirección clara. Al final, queda el sentimiento de una gran humillación perpetrada por los poderes de hecho y orquestada desde el poder constituido, el que se debe a los ciudadanos sin distingos.

Lo que se impone para hoy y para adelante es dejar ya la frenética reformitis, cuyo despliegue sólo lleva a nuevas frustraciones y a reducir a su mínima expresión el sentido de pertenencia que toda comunidad política reclama para reproducirse y alimentarse. Pero de reformas hay que hablar, porque es vital que, pronto, el panorama se aclare y el razonamiento político se libere de la cárcel de hierro de la simulación y la mistificación en que está recluido.

Las reformas siempre se hacen con la promesa de avanzar, pero no siempre aterrizan bien. ¡Vaya que sabemos de esto! Qué reformar, por qué y cómo hacerlo, forman un triángulo de consistencia y rigor que no puede soslayarse, ni evitarse impunemente. Cada vez que desde el poder se ha pretendido hacerlo, los resultados han sido muy costosos y las pérdidas políticas enormes.

Podríamos incluso decir que de la última aventura reformista por la vía del fast track no sólo no nos hemos podido reponer, sino que todo indica que en vez de salir nos hundimos. Tal es la maldición que se cierne sobre el reformismo mal hecho y concebido.

A eso parecen destinadas las reformas energética y política aprobadas en estos días. La política, perpetrada festivamente pero desde la oscuridad por los partidos, sólo ofrece confusión y no buena política ni elecciones creíbles. Mezquindad de intereses y pobreza de miras, independientemente de lo que dicen querer sus autores.

En el caso del nuevo régimen petrolero y, se dice, energético, propuesto por los partidos que han gobernado México en los últimos 30 años, así como por una pléyade de ex funcionarios y enriquecidos que nunca han dado cuenta de sus responsabilidades, pero sí de su labilidad para cambiar de patrón, sí que hay riqueza, y mucha. Lo que no hay son garantías de que servirá para acabar con la pobreza que nos avergüenza y, a la vez, coadyuvar a abrir un nuevo curso de desarrollo.

Los usos y las manos involucradas en el petróleo van a cambiar radicalmente, mas no hay seguridad de que cambien los abusos. He aquí la gran cuestión para el reformismo de Peña y la hipocresía de sus compañeros de gesta.

El Estado debe hacer lo que no ha hecho y consultar a sus mandantes sobre dichos usos y la forma de asegurar que no resulten en nuevos saqueos, en una nueva riqueza para la grandeza de muy pocos. No es poco lo que se juega y los jugadores deben dejar de jugar a la mentirosa.

No se hace política constitucional bajo la mesa o el escaño. Se hace con y de frente a la gente, la ciudadanía y las comunidades, que reclaman atención y respeto.
APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.