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jueves, 16 de enero de 2014

Peña, igual que Calderón (El Michoacanazo II)

Por: Adela Navarro Bello

No lo conozco personalmente, pero se de personas como él. Cansados de la impunidad, de la falta de acción por parte de los gobiernos –cualquier denominación como tanto les gusta: los tres órdenes-, y testigos del temor ciudadano, se les acaba la esperanza en el prójimo y toman acciones propias. Así se han creado muchos líderes y activistas sociales en el México impune de los últimos sexenios. Algunos terminan sirviendo al Estado que tanto criticaron y del que sólo recibieron desgracias y malas noticias. Otros mantienen sus luchas con la única arma que poseen, su voz. Su reclamo y denuncia, que también en ocasiones y por obra y estrategia –aquí sí- de los gobiernos, se va minimizando hasta casi no escucharse. Pero ninguno de estos hombres, de estas mujeres, que toman liderazgo social ante la inexistencia de una sensibilidad oficial que lleve a proteger a los ciudadanos de bien, y castigar a los criminales, había llegado a tomar las armas. Dicen que es muy alto para el promedio de estatura en México, que siempre porta su bata corta de médico y que el movimiento de Grupos de Autodefensa, lo inició con armas legales para la caza y el deporte que él y su club de amigos ya poseía. Se cansó de ver tanta niña envilecida. Le dio coraje ver el éxodo en su tierra tomada literalmente por los narcotraficantes. Y ante la inactividad del gobierno federal de Enrique Peña Nieto, del gobierno estatal de Fausto Vallejo, y de los muchos presidentes municipales en Michoacán, José Manuel Mireles Valverde le declaró la guerra a los caballeros templarios. Muchos le han denostado al tiempo que otros grupos de dudosa procedencia y más sofisticado armamento han imitado su insurrecta actitud. Tomar las armas y defender al pueblo, ante la pasividad de quienes están obligados a ello, díganse Policías Federales Ministeriales, Agentes Federales, Policías Ministeriales o Judiciales, Estatales Preventivos o Municipales, Soldados o Marinos. Un año después de haber tomado posesión, y unos diez años después que el fenómeno criminal se apoderó de Michoacán, Enrique Peña Nieto a través de su Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, tomó la misma decisión que Felipe Calderón en 2007: que el Gobierno Federal se haga cargo de la seguridad en Michoacán. El panista de hecho, lo hizo en otros Estados y en varias ciudades. No se olvida cuando en el mismo año y siendo aún Jorge Hank Rhon, Presidente Municipal de Tijuana, elementos del Ejército Mexicano desarmaron a la totalidad de la Policía Municipal de esta fronteriza ciudad. Los niveles de inseguridad eran tan terribles como lo son ahora en Michoacán, y la sociedad no había tomado las armas, lo suyo entonces fue la denuncia, las marchas por la paz. Enrique Peña Nieto ha negado de manera sistemática en su gobierno una guerra contra el narcotráfico o el crimen organizado. De entrada lo hizo –es de suponerse- para marcar un distanciamiento de las políticas de Felipe Calderón en materia de seguridad. Peña le ha apostado su capital a la retórica, al discurso del México en paz, de hecho en los momentos más álgidos de inseguridad y violencia en diversos estados del País, y con más de 20 mil ejecutados en el primer año de su sexenio, ha dicho que México está tranquilo. Durante un año, considerando que los Grupos de Autodefensa en Michoacán ubican febrero de 2013 como el inicio de su lucha ciudadana, el gobierno de Enrique Peña Nieto permitió lo que por Ley está prohibido. Que mexicanos civiles anduvieran armados. Permitió que ciudadanos sin banda, sin reglamento ni facultad, tomaran la responsabilidad que solo al Estado Mexicano está conferida: proteger y servir a la ciudadana con el uso de la fuerza pública. Pero mientas el Presidente y su gabinete estaban más interesados en cabildear en países de primer mundo, con dirigentes de partido y con las Cámaras que integran el Poder Legislativo, las reformas que aseguran aunque no se vea por ningún lado, que sacarán a México del marasmo económico y de desarrollo social y urbano en el que se encuentra, los criminales organizados del pacífico crecieron, se dividieron, se enfrentaron y se reprodujeron, ante la sola contención de una ciudadanía que particularmente en Michoacán, decidió uno de dos caminos: el éxodo o la guerra. Los Caballeros Templarios, principal y más vistoso azote de la sociedad michoacana el Estado los dejó crecer. Se escindieron de la Familia Michoacana y controlan el paso de la droga que llega por el pacífico. Enriquecidos, ensoberbecidos, fueron el poder real en aquella entidad. Cobraban piso, castigaban, linchaban, protegían, ejercían todas las facultades del gobierno. Hasta que una parte de la sociedad se hartó, y células criminales venidas de Jalisco y a su vez escindidas de cárteles como el de Sinaloa, de los Beltrán, de los Corona, del Milenio y los que aparezcan, quisieron entrar al territorio que era fértil para los Templarios. Hoy día y particularmente en las últimas semanas, Michoacán es un caos de inseguridad y violencia. Es todos contra todos. Y, catorce meses después de tomar posesión, Michoacán se convirtió en una prioridad para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Y la solución, la urgente e importante intervención del Gobierno Federal en esa zona, es la misma de Felipe Calderón Hinojosa. La misma de 2007. Solo falta que el Presidente priísta también detenga a alcaldes, policías, militares y funcionarios para que el Michoacanazo parte II esté completo. Por lo pronto, la Federación ha tomado el poder en Apatzingán, Nueva Italia y Uruapan, donde han desarmado a los Policías Municipales, y por el momento –ya después averiguarán- los acuartelaron. Es increíble que muchos años después y un gobierno de otro partido, la estrategia siga siendo la misma. No se puede decir que es tarde ya, nunca lo será para quien desee mantener el estado de derecho y hacer uso de la facultad que le fue conferida para salvaguardad la seguridad, la tranquilidad y el buen desarrollo de los mexicanos. Pero atacar a los grupos ciudadanos que se armaron cuando su gobierno les dio la espalda, y confirió impunidad a los criminales, no es un buen primer paso. Ciertamente los ciudadanos deberán deponer las armas, pero también es una realidad que no tienen condiciones de seguridad para hacerlo. Hace unas horas precisamente en un autodesarme obligado, un militar –de acuerdo a la confesión del propio Osorio Chong- mató a un civil. Antes que el Gobierno Federal cayera en la cuenta de lo que sucede en Michoacán, los Grupos de Autodefensa, al menos los originados ante la frustración social, y no por subvención del propio crimen organizado, ya habían puesto un cerco en decenas de comunidades contra los criminales, principalmente los de los Caballeros Templarios. Los enfrentamientos subieron de tono hasta captar la atención del Gobierno Federal. Fueron necesarias quemas, balazos, ejecuciones, pérdida de vidas y éxodo de ciudadanos temerosos, para que Peña voltease a ver y actuara en consecuencia. Insisto, con la misma estrategia de Felipe Calderón que no sacó a Michoacán de la inseguridad pero que sí la sumió en los tentáculos del narcotráfico. Los grupos de autodefensa quieren y no dejar las armas, vulnerados en su seguridad tanto por los criminales como los policías, están dejando testimonios en videos y audios de lo que sucede en Michoacán, las escenas son de guerra. Tanquetas del Ejército llegan, batallones de militares, comandos federales, todo el Poder de la Federación entrando a tierra de nadie. A hacer la guerra. A presuntamente quitarle la estafeta a la sociedad que desatendida, ignorada y abandonada, tomó las armas y alzó la voz contra quienes desde el negocio ilícito de la droga han ido comprando impunidad a federación, estado y municipio. Pero los autodefensas, muchos, no lo creen así. Quieren, como diría el propio Mireles en un video donde se le ve lesionado por el accidente aéreo que sufrió hace unos días –antes de la entrada del gobierno federal a su tierra- que les entreguen las siete cabezas del crimen organizado visibles que amedrentan a la sociedad, además que se reestablezca la seguridad en el estado, que se acaben las ejecuciones, los secuestros, las extorsiones. Entonces, dejarán las armas que hubieron de tomar para defender su vida. La respuesta de la Federación encabezada por Enrique Peña Nieto, fue la misma que la tomada por la Presidencia de Felipe Calderón Hinojosa: atiborrar Michoacán con Federales, Soldados y Marinos, Ministeriales Federales y Agentes. Nada de programas sociales, de infraestructura, educativos, de desarrollo económico, nada de estrategia integral. Pura fuerza bruta, y encima con sospechas de corrupción. Tampoco han dicho tras quien van, no se han comprometido a detener a Servando Gómez “La Tuta”, a sus lugartenientes o a los representantes de los otros cárteles que mantienen en aquel estado, una sangrienta guerra, que poco a poco, va siendo la Guerra de Peña, como en su momento fue la Guerra de Calderón.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/15-01-2014/20781. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
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Ya le pusieron calendario a las leyes secundarias de las reformas aprobadas. Dicen los que saben que el problema no son los votos para sacarlas adelante, sino darles la legitimidad


Ya le pusieron calendario a las leyes secundarias de las reformas que fueron aprobadas a finales del año pasado, por lo que salieron las instrucciones a los coordinadores priistas en el Senado y la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, empezar el trabajo. Dicen los que saben que el problema, como fue con las reformas constitucionales, no son los votos para sacarlas adelante, sino darles la legitimidad, lo que significa el apoyo del PAN y del PRD, que no dudan que se logrará, pero que no saben cuánto costará, en eltrade off político, el respaldo solicitado.



Administración de crisis. Dicen los que saben que eso es lo que comenzó a hacer Manuel Mondragón. El problema es que su jefe, Miguel Ángel Osorio Chong, anda muy sólo en la batalla frente a los medios


Control de daños. Administración de crisis. Dicen los que saben que eso precisamente es lo que comenzó a hacer esta semana el comisionado para la Seguridad Pública, el doctor Manuel Mondragón, quien está realizando un trabajo de relaciones públicas con periodistas para que, en privado exponga sus puntos de vista sobre lo que sucede en Michoacán. El único problema, observan quienes tienen ojos experimentados, es que mientras se da este ejercicio de relaciones públicas, su jefe, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anda muy sólo en la batalla frente a los medios.



En medio de todo el huracán se encuentra el gobernador Fausto Vallejo. La molestia del gobierno federal porque no hizo nada de lo que correspondía para ayudar a que el estado no se desbordara, se agravó


Michoacán no deja de estar en la punta de la información nacional. Y en medio de todo el huracán se encuentra el gobernador Fausto Vallejo. Don Fausto se encuentra lleno de problemas y cada vez hay más. La molestia del gobierno federal porque no hizo nada de lo que correspondía para ayudar a que el estado no se desbordara, se agravó con todo el rechazo entre amplios sectores sociales y productivos en contra de su hijo Rodrigo, sobre el que cuentan múltiples historias, que cuando menos, generan tensiones adicionales. En la suma de todo, en estos días, cuentan con firmeza, se ha quedado solo. Nadie acude a sus llamados; nadie lo respalda. Está aislado y ahora sí, con perdón del cliché, en su propio laberinto.



Luis Videgaray anda estos días sin uno de sus apoyos, el subsecretario del ramo. Dicen los que saben que tuvo que acudir, si no de emergencia sí con dolores, a un especialista quien ya no lo dejó salir del consultorio


El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, anda estos días sin uno de sus apoyos. El subsecretario del ramo, segundo de a bordo en la dependencia, Fernando Aportela, se encuentra fuera de circulación. Dicen los que saben que don Fernando tuvo que acudir, si no de emergencia sí con algunos dolores, a un especialista quien ya no lo dejó salir del consultorio. Aportela fue intervenido de la vesícula, por lo cual estará varios días fuera de circulación.


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¿Estado fallido o Estado metiche e inepto?

¿Qué prefiere usted, un Estado fallido y ausente, o un Estado metiche e inepto? La pregunta se justifica por la intervención del gobierno Federal en Tierra Caliente para desactivar a las brigadas de autodefensa que ya habían logrado “liberar” a once municipios del control del crimen organizado. Se necesita mucho valor o mucha irresponsabilidad para plantear lo que Osorio Chong, secretario de Gobernación, esta semana: exigir a los grupos que enfrentaron a los Narcos que regresen a sus pueblos, depongan las armas y le dejen a la autoridad la tarea de defenderlos. El problema para el gobierno es que la realidad no parece estar de su lado. No sé a ustedes, pero eso de que el ejército entre a Michoacán para someter a los cárteles  de una vez por todas, me genera una poderosa sensación de déjà vu. Se anunció así varias veces durante el sexenio anterior, y lo volvimos a vivir en mayo, durante el gobierno de Peña Nieto. Cuando se echa mano en repetidas ocasiones de ese recurso extremo, el que lleva la etiqueta de “úsese en casos emergencia”, siempre con resultados infructuosos, resulta inevitable una sensación de incredulidad, por decir lo menos. Algo nos dice que después de un tiempo el crimen organizado recuperará las plazas hoy perdidas y, en el peor de los casos, ejecutará a aquellos, ahora desarmados, que osaron desafiarlos. Supongo que el gobierno no podía quedarse cruzado de brazos como era su propósito. Las brigadas de autodefensa han teniendo éxito allá donde el ejército había fracasado. Y para nadie es un secreto que desde hace meses la autoridad apoyaba a grupos que consideraba benignos o cercanos (el de José Manuel Mireles, por ejemplo). Pero la atención nacional e internacional les ha obligado intervenir: el gobierno mexicano no podía ser exhibido como un Estado fallido, aquél en el que los ciudadanos tienen que convertirse en su propio ejército por la incapacidad de la autoridad. Así que aquí estamos, en una intervención gubernamental apresurada, probablemente incluso contra su propia voluntad, en la que nadie cree y con tan pocas posibilidades de éxito. Tampoco quiero idealizar la naturaleza de las guardias de autodefensa. Hay de chile, de mole y de dulce. Vecinos que portan armas automáticas y se ponen chalecos antibalas para patrullar en caravana con flamantes camionetas es algo que debe despertar sospechas. Algunas responderán a liderazgos genuinos, otras son presumiblemente apoyadas por cárteles rivales de los Caballeros Templarios. En otras palabras, en algún momento el gobierno tenía que intervenir. Los grupos paramilitares que operan al margen de una estructura jurídica, tarde o temprano terminan siendo una carga para las comunidades de las emanan. ¿Quién los nombra? ¿Quién evita actos arbitrarios contra ciudadanos que se atreven a diferir? ¿Cómo evitar que terminen usurpando otras tareas de la autoridad? Lo que me parece incorrecto es que la intervención del Estado sea más un producto de la presión de la opinión pública que de la convicción de tener soluciones capaces de resolver el problema. Más las ganas de dar un manotazo para argumentar el peso del Estado, que de resolver una situación por demás compleja. El problema en Tierra Caliente es que tanto las brigadas de autodefensa como los narcos de integrantes  de ambos cárteles son locales (Caballeros Templarios y Familia Michoacana). Los únicos foráneos son los soldados. Se trata de una batalla entre vecinos que puede derivar en una pequeña guerra civil regional. Pacificar desde afuera nunca ha sido fácil (toda proporción guardada, allí está la experiencia Afgana o Iraquí). La verdadera solución pasa por fortalecer a las propias comunidades y a su capacidad de establecer un estado de derecho. El ejército podrá tomar estas comunidades y pacificarlas momentáneamente, pero volverán a sus viejas querellas en cuanto dejen de ser territorios ocupados. En otras palabras, si detrás de la intervención del ejército no hay un verdadero esfuerzo de la sociedad mexicana para empoderar a las estructuras locales, fortalecer sus opciones económicas y hacer eficientes a los cuerpos policiacos y a la impartición de la justicia local, todo la operación está condenada al fracaso. En tal caso los michoacanos habrían preferido un Estado fallido a un Estado metiche e inepto. O, en otras palabras, no me ayudes compadre. Nota al calce: No podemos confundir el caso de las guardias autodefensa en Tierra Caliente con las de la Meseta Tarasca. En esta última el sentido de identidad de la comunidades purépechas y su larga tradición de lucha otorga a las brigadas un carácter orgánico, en ocasiones incluso institucional, que no existe en la zona de Apatzingán. 

@jorgezepedap www.jorgezepeda.net

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Desigualdad extrema

Lilia Arellano Estado de los ESTADOS Negligencia oficial favorece inseguridad Un puñado de ricos y millones de pobres Salarios de hambre: esclavitud disfrazada Sindicalismo agachón, inútil y corruptor Michoacán y las semillas del narcotráfico Costosos errores en los textos gratuitos “No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria”.- Dante Alighieri En tanto que los productos, los bienes, los servicios, los impuestos, los combustibles, las rentas de inmuebles, la luz, el gas, el teléfono celular –con sus cortes permanentes que obligan a salirse del “paquete” adquirido al aumentar el número de marcaciones-, enseres, alimentos y hasta el papel sanitario han elevado en porcentajes que alcanzan los dos dígitos sus precios, el salario ap.. [+] Ver mas
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