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sábado, 6 de septiembre de 2014

AMLO: Otro gasolinazo del corrupto de EPN



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Demócratas y republicanos, juntos en la desestabilización de Oriente Medio

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Hasta hace poco, Estados Unidos y Europa Occidental calificaban al Emirato Islámico de “combatientes de la libertad”. Eso ocurría cuando esa organización operaba en Siria. Y ahora se indignan ante sus fechorías en Irak. Pero ese discurso –de por sí incoherente– resulta perfectamente lógico en el plano estratégico: los mismos individuos debían ser presentados como aliados ayer, y hoy como enemigos, aunque siempre estuvieron –y siguen estando– a las órdenes de Washington. El lado oculto de la política estadunidense queda en evidencia ante las acciones del senador John McCain, organizador de la Primavera Árabe y, desde hace mucho tiempo, interlocutor del califa Ibrahim

Thierry Meyssan/Al-Watan/Red Voltaire
 
Damasco, Siria. Todo el mundo conoce a John McCain como el líder de los republicanos estadunidenses que perdió las elecciones presidenciales en 2008. Pero eso es sólo una parte de su verdadera biografía, la parte que le sirve de cobertura para dirigir acciones secretas a nombre del gobierno de Estados Unidos.
Cuando me hallaba en Libia, durante la agresión “occidental”, tuve la oportunidad de consultar un informe de la inteligencia exterior. El informe decía que el 4 de febrero de 2011 la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) había organizado en El Cairo, Egipto, una reunión para iniciar la Primavera Árabe en Libia y Siria. Según el informe, John McCain había presidido la reunión. Aquel documento contenía una lista detallada de los participantes libios, encabezados por el segundo personaje más importante del gobierno libio de la época, Mahmoud Jabril, quien había cambiado abruptamente de bando al entrar en aquella reunión para convertirse en el jefe de la oposición libia en el exilio. Recuerdo que, entre los delegados franceses presentes, el informe citaba el nombre de Bernard-Henry Levy, personaje que nunca ha ejercido oficialmente ningún tipo de función en el gobierno francés. Muchas otras personalidades participaron en aquel encuentro, entre ellas una nutrida delegación de sirios residentes en el extranjero.
Al término de aquella reunión, la misteriosa cuenta de Facebook Syrian Revolution 2011 llamó a la realización, el 11 de febrero, de una manifestación ante la sede del Consejo del Pueblo (la Asamblea Nacional siria) en Damasco. Aunque aquella cuenta afirmaba entonces disponer de más de 40 mil seguidores, sólo una docena de personas respondieron a su llamado… ante las cámaras de los fotógrafos y cientos de policías. La manifestación se dispersó pacíficamente y los enfrentamientos en Siria no comenzaron hasta 1 mes después, en la localidad de Daraa.
El 16 de febrero de 2011, una manifestación organizada en Bengasi en memoria de los miembros del Grupo Islámico Combatiente en Libia masacrados en 1996 en la cárcel de Abu Salim se convirtió en un enfrentamiento a tiros. Al día siguiente, una segunda manifestación, organizada en memoria de las personas muertas en el ataque al consulado de Dinamarca, durante los incidentes provocados por la publicación de las caricaturas de Mahoma, también acabó en tiroteo. En el mismo momento, miembros del Grupo Islámico Combatiente en Libia provenientes de Egipto y bajo las órdenes de individuos enmascarados no identificados atacaban simultáneamente cuatro bases militares en cuatro ciudades libias. Al cabo de 3 días de combates y atrocidades, los cabecillas iniciaron la sublevación de la región libia de Cirenaica contra la región de Tripolitania. La prensa occidental presentó el ataque terrorista inicial como una “revolución democrática” contra el “régimen” de Muamar el Gadafi.
El 22 de febrero, John McCain estaba en Líbano. Allí se reunió con miembros de la Corriente del Futuro –el partido de Saad Hariri– a quienes encargó la supervisión de la introducción de armas en Siria organizándolos alrededor del diputado Okab Sakr. Y después salió de Beirut para inspeccionar la frontera siria y escoger las localidades, principalmente Ersal, que servirían como bases de retaguardia a los mercenarios que posteriormente participarían en la guerra que ya se estaba preparando.
Las reuniones que presidió John McCain marcaron claramente el inicio de un plan que Washington había trazado hacía mucho tiempo, plan que preveía que el Reino Unido y Francia atacaran simultáneamente Libia y Siria, conforme con la doctrina de “liderazgo desde atrás” y el anexo del Tratado de Lancaster House firmado entre Londres y París en noviembre de 2010.

La estancia ilegal de McCain en Siria

En mayo de 2013, el senador John McCain estuvo ilegalmente cerca de Idleb, en territorio sirio, donde llegó a través de Turquía para reunirse con líderes de la llamada “oposición armada”. El viaje sólo se hizo público a su regreso a Washington.
La estancia de McCain en territorio sirio fue organizada por la Syrian Emergency Task Force. Contrariamente a lo que sugiere su nombre, la Syrian Emergency Task Force es una organización sionista encabezada por un palestino asalariado del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC, por su sigla en inglés).
En las fotos publicadas podía verse junto al senador a Mohammad Nur, vocero de la Brigada Tempestad del Norte, miembro del Frente al-Nusra, (al-Qaeda en Siria), que había secuestrado y aún retenía en su poder a 11 peregrinos chiítas libaneses en Azaz. Interrogado sobre su relación con secuestradores miembros de al-Qaeda, el senador McCain dijo que no conocía a Mohammad Nur y afirmó que el individuo se había metido en la foto.
Aquello provocó un gran escándalo y las familias de los peregrinos secuestrados presentaron ante la justicia libanesa una denuncia contra el senador McCain como cómplice de los secuestradores. Finalmente hubo un acuerdo y los secuestrados fueron liberados.
Supongamos ahora que el senador McCain haya dicho la verdad y que Mohammad Nur realmente lo engañó. El objetivo de su estancia ilegal en territorio sirio era reunirse con el Estado mayor del Ejército Sirio Libre (ESL). Según McCain, el ESL se componía “exclusivamente de sirios” que luchan por “su libertad” contra la “dictadura alauita” (sic). Como prueba del encuentro, los organizadores del viaje publicaron una foto.
En ella aparece el general Salim Idriss, jefe del Ejército Sirio Libre, pero también está presente (en primer plano, a la izquierda) Ibrahim al-Badri, que es precisamente la persona con quien el senador está conversando en la imagen. A su regreso de aquel sorpresivo viaje, John McCain afirmó que todos los responsables del Ejército Sirio Libre son “moderados en quienes se puede confiar” (sic).
Sin embargo, Ibrahim al-Badri (alias Abu Du’a) figuraba desde el 4 de octubre de 2011 en la lista de los cinco terroristas más buscados por la justicia estadunidense (Rewards for Justice), con una recompensa de hasta 10 millones de dólares para quien contribuyese a su captura. Y desde el 5 de octubre de 2011, el nombre de Ibrahim al-Badri había sido incluido en la lista del Comité de Sanciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como miembro de al-Qaeda.
Pero eso no es todo. Un mes antes de su encuentro con el senador estadunidense John McCain, Ibrahim al-Badri, bajo el nombre de guerra de Abu Bakr al-Baghdadi, había creado el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), siendo todavía miembro del Estado mayor del “moderado” Ejército Sirio Libre. Bajo ese nombre reclamó la autoría del ataque contra las cárceles de Taj y Abu Graib, en Irak, ataque que hizo posible la fuga de entre 500 y 1 mil yihadistas que se unieron a su organización. Aquel ataque estuvo coordinado con otras operaciones casi simultáneas en otros ocho países. Y los yihadistas liberados en cada una de ellas también se unieron a organizaciones armadas que operaban en Siria. Aquello resultaba tan extraño que la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) emitió una nota solicitando la cooperación de sus 190 países miembros.
Por mi parte, siempre dije que en el terreno no había ninguna diferencia entre el Ejército Sirio Libre, el Frente al-Nusra, el Emirato Islámico, etcétera. Todas esas organizaciones se componen de los mismos individuos y estos cambian constantemente de bandera. Cuando dicen ser miembros del Ejército Sirio Libre agitan la bandera de la colonización francesa y sólo hablan de derrocar al “perro Bachar”. Cuando dicen ser miembros de al-Nusra, agitan la bandera de al-Qaeda y dicen querer imponer el Islam –el de ellos– en todo el mundo. Y cuando se declaran miembros del Emirato Islámico, hacen ondear la bandera del Califato y anuncian que expulsarán de la región a todos los infieles. Pero, sea cual sea su etiqueta, cometen las mismas fechorías: violaciones, torturas, decapitaciones, crucifixiones.
Sin embargo, ni el senador McCain ni sus turoperadores de la Syrian Emergency Task Force han entregado al Departamento de Estado la información que poseen sobre Ibrahim al-Badri… Ni han pedido cobrar la recompensa. Como tampoco han informado al Comité antiterrorista de la ONU.
En ningún país del mundo, sin importar su régimen político, se aceptaría que el líder de la oposición estuviese en contacto directo, amistoso y público con un peligroso terrorista buscado por la justicia nacional.
¿Quién es el senador McCain?
John McCain no es simplemente el líder de la oposición política al presidente Obama. ¡Es también uno de sus altos funcionarios!
McCain es, en efecto, presidente del International Republican Institute (IRI), la rama republicana de la Fundación Nacional para la Democracia/Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés), desde enero de 1993. Esta supuesta organización no gubernamental fue oficialmente creada por el presidente Ronald Reagan para extender ciertas actividades de la CIA, en coordinación con los servicios secretos británicos, canadienses y australianos. Contrariamente a lo que afirma, el IRI es en realidad una agencia intergubernamental cuyo presupuesto es aprobado por el Congreso de Estados Unidos como parte de una línea presupuestaria que depende del Departamento de Estado.
Y precisamente porque es una agencia conjunta de los servicios secretos anglosajones, diferentes estados de todo el mundo prohíben toda actividad del IRI en sus territorios.
Es impresionante la lista de intervenciones de John McCain por cuenta del Departamento de Estado. El senador ha participado en todas las revoluciones de color organizadas en los últimos 20 años.
Sólo citaremos algunos ejemplos. En nombre de la democracia, el senador McCain preparó el fallido golpe de Estado contra el presidente constitucional Hugo Chávez, en Venezuela; el derrocamiento del presidente constitucional Jean-Bertrand Aristide, en Haití; el intento de derrocamiento del presidente constitucional Mwai Kibaki, en Kenia; y, más recientemente, el derrocamiento del presidente constitucional de Ucrania, Víctor Yanukóvich.
En cualquier Estado del mundo, cuando un ciudadano hace algo por derrocar el régimen de otro Estado es posible que se le felicite… si tiene éxito y si el nuevo régimen se convierte en un aliado. Pero será severamente condenado si sus iniciativas tienen consecuencias nefastas para su propio país. Sin embargo, el senador McCain nunca ha tenido el menor problema cuando sus acciones antidemocráticas en los Estados donde ha fracasado han resultado negativas para Washington, como en el caso de Venezuela. Eso quiere decir que, para Estados Unidos, el senador McCain no es un traidor sino un agente.
Pero es además un agente que dispone de la mejor fachada imaginable por ser el opositor oficial del presidente Barack Obama. Así que puede viajar a cualquier lugar del mundo (McCain es el senador estadunidense que más viaja) y reunirse sin ningún temor con quien mejor le parece. Si sus interlocutores aprueban la política de Washington, McCain promete que la continuará; si están en contra, McCain culpa de todo al presidente Obama.
John McCain es conocido como veterano y prisionero de guerra, durante 5 años, en Vietnam, donde se le aplicó un programa cuyo objetivo no era arrancar información a los prisioneros sino inculcarles un discurso. Se trataba de transformar la personalidad del prisionero para que hiciese declaraciones en contra de su propio país. Luego de ser estudiado para la Rand Corporation por el profesor Albert D Biderman a partir del ejemplo norcoreano, aquel programa sirvió de base a las investigaciones que el doctor Martin Seligman dirigió en Guantánamo y en otras instalaciones. Bajo la administración de George W Bush, la aplicación de ese programa a más de 80 mil prisioneros permitió convertir a varios en verdaderos combatientes al servicio de Washington. Por haber sucumbido él mismo en Vietnam, John McCain sabe perfectamente cómo funciona el programa y cómo manipular a los yihadistas sin ningún tipo de escrúpulo.
¿Cuál es la estrategia de EU con los yihadistas?
En 1990, Estados Unidos decidió acabar con su antiguo aliado iraquí. Después de haber dado a entender al presidente Sadam Husein que la invasión de Kuwait sería considerada un asunto interno de Irak, Washington la utilizó como pretexto para movilizar una coalición internacional contra Irak. Pero, ante la oposición de la entonces Unión Soviética, Washington no derrocó el régimen y se limitó a imponer y controlar una zona de exclusión aérea.
En 2003, la oposición de Francia no bastó para contrarrestar la influencia del Comité para la Liberación de Irak. Estados Unidos atacó nuevamente ese país y esta vez derrocó al presidente Sadam Husein. Por supuesto, uno de los principales responsables del Comité era John McCain. Después de poner durante 1 año el saqueo de Irak en manos de una empresa privada, Estados Unidos trató de dividir el país en tres estados diferentes, pero tuvo que renunciar a hacerlo ante la resistencia de los iraquíes. En 2007 trató nuevamente de hacerlo, apoyándose en la resolución Biden-Brownback, pero el intento terminó en un nuevo fracaso. Todo ello explica la actual estrategia, tendiente a lograr nuevamente la partición de Irak, esta vez a través de un actor no estatal: el Emirato Islámico.
La operación estaba en preparación desde hace tiempo, incluso antes del encuentro de John McCain con Ibrahim al-Badri. Varias comunicaciones internas del ministerio de Relaciones Exteriores de Catar –publicadas por amigos James y Joanne Moriarty– muestran que 5 mil yihadistas recibieron entrenamiento, financiado por Catar, en la Libia de la OTAN durante 2012, mientras que el futuro califa recibía 2.5 millones de dólares.
En enero de 2014, el Congreso de Estados Unidos celebró una sesión secreta en la que aprobó, en violación del derecho internacional, el financiamiento –hasta septiembre de 2014– para el Frente al-Nusra (miembro de al-Qaeda) y para el entonces llamado Emirato Islámico en Irak y el Levante. Aunque no se sabe con precisión lo que se decidió realmente en esa reunión secreta del Congreso estadunidense, revelada por la agencia británica Reuters sin que ningún medio de prensa de Estados Unidos se atreviese a violar la censura, es muy probable que la ley allí aprobada incluya algún acápite sobre el armamento y entrenamiento de los yihadistas.
Orgullosa de ese financiamiento estadunidense, Arabia Saudita proclamó a través de su televisión pública Al-Arabiya, que el Emirato Islámico se hallaba bajo la autoridad del príncipe saudita Abdulrahman al-Faisal, hermano del príncipe Saud al-Faisal –ministro saudita de Relaciones Exteriores– y del príncipe Turki al-Faisal –embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos y en el Reino Unido.
El Emirato Islámico representa una nueva etapa en materia de mercenarismo. A diferencia de los grupos yihadistas que pelearon en Afganistán, Bosnia-Herzegovina y Chechenia, formados alrededor de Osama bin Laden, el Emirato Islámico no constituye una fuerza de apoyo sino un ejército en sí. A diferencia de los grupos que lo precedieron en Irak, Libia y Siria, formados alrededor del príncipe –también saudita– Bandar ben Sultan, el Emirato Islámico dispone de servicios integrados y sofisticados de propaganda que llaman a otros elementos a unirse a sus fuerzas. Y también dispone de administradores civiles formados en grandes centros occidentales de enseñanza y capaces de garantizar rápidamente la administración de un territorio.
Arabia Saudita compró armamento ucraniano acabado de fabricar y los servicios secretos turcos se encargaron de transportarlo y de entregarlo al Emirato Islámico. Los últimos detalles se coordinaron con la familia Barzani durante una reunión de los grupos yihadistas en Amman, el 1 de junio de 2014.
El ataque conjunto contra Irak por parte del Emirato Islámico y del gobierno regional del Kurdistán comenzó 4 días después de esa reunión. El Emirato Islámico se apoderó de la parte sunnita del país mientras que el gobierno regional del Kurdistán ampliaba su territorio en más de un 40 por ciento. Huyendo de las atrocidades de los yihadistas, las minorías religiosas abandonaban la zona sunnita, abriendo así el camino a la división del país en tres partes.
En violación del acuerdo de defensa en vigor entre Irak y Estados Unidos, el Pentágono no intervenía y permitía que el Emirato Islámico continuara su campaña de conquista y masacres. Fue sólo al cabo de 1 mes, cuando los peshmergas del gobierno regional kurdo ya se habían retirado sin presentar batalla y cuando la presión de la opinión pública ya se hacía demasiado intensa, que el presidente Obama dio orden de bombardear algunas posiciones del Emirato Islámico. Pero, según el general William Mayville, director de operaciones del estado mayor:
 “Esos bombardeos tienen pocas probabilidades de afectar las capacidades globales del Emirato Islámico o sus actividades en otras regiones de Irak o de Siria.”
Es evidente que el objetivo de los bombardeos estadunidenses no es destruir el Ejército yihadista sino solamente garantizar que los diferentes actores no se salgan del territorio que se les ha asignado. En todo caso, los bombardeos son por el momento puramente simbólicos y sólo han destruido unos cuantos vehículos. En definitiva, es la intervención de los combatientes kurdos del Partido de los Trabajadores de Kurdistán y sirio lo que realmente ha detenido el avance del Emirato Islámico y abierto un corredor para permitir a las poblaciones civiles escapar a la masacre.
Están circulando numerosas mentiras sobre el Emirato Islámico y su califa. El diario Gulf Daily News afirmó que Edward Snowden había hecho revelaciones sobre ellos. Al verificar, hemos podido comprobar que el exespía estadunidense no ha publicado absolutamente nada sobre el Emirato Islámico y su califa. El Gulf Daily News es un cotidiano que se publica en Baréin, un emirato ocupado por las tropas de Arabia Saudita, y el artículo busca únicamente ocultar las responsabilidades del reino de los Saud y del príncipe Abdulrahman al-Faisal.
El Emirato Islámico es comparable a los ejércitos de mercenarios que existieron en la Europa del siglo XVI. Aquellos ejércitos participaban en las guerras de religión por cuenta de los señores que más les pagaban, así que podían estar a veces en un bando y estar después en el bando contrario. El califa Ibrahim es, de hecho, un condotiero moderno. Aunque hoy está a las órdenes del príncipe saudita Abdul Rahman –miembro del clan de los sudairis– nada tendría de sorprendente que prosiga su epopeya en Arabia Saudita, después de un tránsito por el Líbano o Kuwait, y que pusiese fin a la actual línea de sucesión saudita favoreciendo al clan de los sudairis en detrimento del príncipe Mithab, quien no es hermano sino hijo del actual rey Abdallah.

John McCain y el Califa

En la más reciente edición de su publicación, el Emirato Islámico dedicó dos páginas a denunciar al senador John McCain como “el enemigo” y “el cruzado” recordando su respaldo a la invasión estadunidense contra Irak. Para asegurarse de que la opinión pública estadunidense llegara a conocer esas acusaciones, el senador publicó de inmediato un comunicado calificando al Emirato Islámico como “el grupo terrorista islamista más peligroso del mundo”.
Pero toda esa polémica es sólo para distraer la atención del público. A uno le gustaría creer en ella… si no existiese aquella foto captada en mayo de 2013.
Thierry Meyssan/Al-Watan/Red Voltaire
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Reprivatización energética: la sobreexplotación de los recursos

  CapitalesDSemanaComenta

La reprivatización del petróleo mexicano pasó por desmantelar Pemex e inflar artificialmente la imagen de incapacidad de la otrora paraestatal. Por ello se contrajo la inversión pública y se fomentó la inversión privada. Desde 1997, cuando de manera decidida se abrió el camino a los privados en materia petrolera, se cayeron las reservas y se sobrexplotaron los recursos. Y conforme los privados se fueron incorporando a las actividades petroleras, todos los indicadores productivos se vinieron abajo. Hoy, las reservas totales son equivalentes a las estimadas en 1978, con una duración estimada de 32 años. Las probadas, de apenas 10 años

A partir de 1997, cuando los gobiernos neoliberales abrieron sigilosamente la puerta a la anticonstitucional inversión privada a través del denominado Proyecto de Inversión de Infraestructura Productiva con Registro Diferido en el Gasto Público (Pidiregas), y otra clase de contratos igualmente espurios, la inversión total de Petróleos Mexicanos (Pemex), que incluye también a la de la exparaestatal, ascenderá a 3.3 billones de pesos reales acumulados, monto que considera los 308.3 mil millones aprobados para 2014. Esa cantidad equivale a 185 mil millones de pesos reales de 2010 en promedio anual.
Ese monto acumulado en 1997-2014, de acuerdo con datos de la Secretaría de Energía y de Pemex, supera en 117 por ciento al registrado entre 1977 –cuando se iniciaron las inversiones importantes en la aventura de lapetrodependencia– y 1996, el cual fue de 1.5 millones de pesos, o 76 mil millones en promedio anual.
Medido en dólares corrientes, la inversión petrolera en el primer lapso citado es de 251 millones acumulados, o 13 mil millones por año. En el segundo, de 53 mil millones de dólares, o 2.6 mil millones anuales.
La apertura a la inversión privada ha sido justificada por los gobiernos priístas-panistas como la única forma para “modernizar” al sector petrolero y revertir la caída de las reservas de hidrocarburos, de la extracción del crudo y el gas, de la producción de petrolíferos y de petroquímicos y de las exportaciones. Lo anterior debido a las supuestas limitaciones financieras de Pemex para cumplir con sus responsabilidades constitucionales.
Sin embargo, con menores inversiones, y cuando todavía era la única empresa pública encargada de los hidrocarburos, Pemex logró mejores resultados. Elevó las reservas totales de 46 mil millones de barriles equivalentes de crudo (mmbec) a 72.5 mmbec; y las de petróleo de 10 mmbec a 50 mmbec entre 1979 a 1983, alcanzando estadísticamente ambos indicadores su máximo histórico –aunque se ha señalado que el gobierno de José López portillo infló dichas estadísticas por cuestiones mercadotécnicas–, así como la producción y las ventas externas de crudo.
Las posteriores dificultades de la empresa coinciden con la crisis productiva y de la deuda externa; la aplicación de las políticas fondomonetaristas de estabilización y de ajuste estructural; el agravamiento de la expoliación fiscal del Estado a Pemex; la sobreexplotación de los recursos y los altibajos del mercado petrolero internacional, entre otros factores.
En la lógica oficial, la declinación de las reservas o de la producción de hidrocarburos y sus derivados debió revertirse con la participación privada, sobre todo la foránea, que tendió a sustituir a Pemex. Pero ha sucedido exactamente lo contrario. En especial en las zonas petroleras regenteadas por las empresas trasnacionales, como Chicontepec, Burgos, Veracruz, los campos maduros, o con las plantas reconfiguradas como Ciudad Madero o Cadereyta. El caso más notable es la tendencia declinante de la producción de gas natural y el consecuente aumento de sus importaciones a mayores precios, gracias a las ganancias especulativas (diferencial entre los precios comprados externamente y vendidos internamente) obtenidas por las empresas privadas encargadas de su adquisición.
Pese a esos resultados, después de la contrarreforma histórica energética, Emilio Lozoya, director general de Pemex, vuelve a hacer cuentas alegres. Espera que durante la próxima década las inversiones privadas en el sector petrolero asciendan a unos 76 mil millones de dólares. De esa cantidad, empero, ya existen 44 mil millones de dólares, en forma de contratos de servicios integrales privados y de obra pública financiada. Los restantes 32 mil millones de dólares (3.2 mil millones de dólares en promedio anual) se integrarán con los contratos de “asociación estratégica”, parte de los cuales servirán para la perforación de pozos petroleros en las aguas profundas del Golfo de México, en “una reserva prospectiva” (10 por ciento de posibilidad de explotarse).
Desde luego la danza de números de las inversiones privadas esperadas es mayor a lo señalado. Como con la contrarreforma Pemex se quedará con los campos petroleros y gasíferos clasificados como “reservas probadas”, el 83 por ciento de las “reservas probables” y el 21 por ciento de las “reservas posibles”, según Lozoya, se espera una mayor inversión del capital foráneo en los espacios que le serán despojados a la exparaestatal (además, hay que considerar que las marcas de las firmas privadas se verán en otras esferas de la cadena productiva: producción, importación y distribución de petrolíferos, petroquímicos básicos y petroquímicos).
Con las asignaciones de las zonas de explotación, Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía, señaló que se espera una inversión total de 50 mil millones de pesos para el periodo 2015-2018, los cuales se obtendrían con los contratos de asociación que realice Pemex y los nuevos campos que explorará y explotará.
Eso dicen Lozoya y Codwell.
Pero la senadora perredista Dolores Padierna señala que, en realidad, a Pemex se le despojará de casi la mitad de las reservas totales y que serán entregadas a los empresarios.
En términos contantes y sonantes, Pemex dejó cerca de 78 mmbce, el 69 por ciento de las reservas prospectivas del país, para que el sector privado pueda explotarlo a través de licitaciones que la Secretaría de Energía (Sener) espera que se den cada año a partir del primer semestre de 2015. Pemex ha estimado reservas prospectivas cercanas a 112 mil millones de barriles, de los cuales, cerca de 50 mil millones se encuentran en la zona del Golfo de México en aguas profundas (http://www.cnnexpansion.com/economia/2014/08/11/pena-acelera-licitacion-petrolera ).
Lozoya ya mostró la generosidad estatal neoliberal en la llamada Ronda Cero. Voluntariamente, debe suponerse que en nombre del pueblo, decide ceder a sus próximos socios el 3 por ciento de los campos de reservas probadas, bajo el argumento de que carece de la capacidad tecnológica y de los recursos financieros para explotarlos.
Más allá del catálogo oficial de buenos deseos, hasta el momento la huella del capital privado en el sector petrolero es deplorable. En el mejor de los casos, forzando el razonamiento, sólo han contribuido a atenuar limitadamente la acelerada caída de las reservas y de la producción de hidrocarburos y sus derivados. En sentido estricto, sin embargo, ha tendido a desplazar a la inversión física de Pemex.
La inversión pública y privada muestra un sesgo hacia la exploración y la producción, descuidándose al resto de los petrolíferos y los petroquímicos. En 1997 el gasto en esa actividad representaba el 72 por ciento del total; en 2008, el último año en que se registran los Pidiregas, se elevó al 88 por ciento, nivel que se mantiene en 2014. En contrapartida, la inversión en refinación cayó del 16 por ciento al 9 por ciento del total entre 1997 y 2014. En gas y petroquímica básica de 8.7 por ciento a 1.6 por ciento; y en petroquímica de 2.1 por ciento a 1.2 por ciento.
La reorientación de la inversión física petrolera muestra otro detalle nada despreciable.
Entre 1997 y 2008 el total de dicho gasto creció a una tasa media real anual de 10 por ciento. Pero la pública se desplomó 8.1 por ciento cada año y los Pidiregas aumentan en 30 por ciento. En el caso particular de la inversión en exploración y la producción, el total se expandió en 12 por ciento, la de Pemex decreció 13 por ciento y los Pidiregas subieron 29 por ciento.
En 1997 los Pidiregas equivalieron al 14 por ciento de la inversión total durante ese año, y en 2008 al 88 por ciento. En 1997 el total de los Pidiregas se orientan a la exploración y explotación, y en 2008 equivalieron al 95 por ciento. La diferencia de ese capital privado, marginal y declinante, se emplea en la refinación, gas y petroquímica básica.
Se supondría que el sacrificio de los petrolíferos, los petroquímicos básicos y los petroquímicos redundarían en una mejoría en las reservas y la producción, bajo el esquema petrolero primario-exportador.
Pero no sucedió así.
Sobreexplotadas, las reservas totales de hidrocarburos siguieron su fatídica declinación. En 2014 ubicaron en 42.2 mmbec, 39 por ciento más bajas respecto de 1983, con una duración estimada de 32 años. Las probadas, de 13.4 mmbec; con una vida de 10 años. Cada una cayó a una tasa media anual de 2.3 por ciento y 4.4 por ciento entre 2000 y 2014. Las reservas totales de crudo cayeron a 29 mmbec, 41 por ciento menos, y las probadas a 9.8 mmbec y cuya duración es estimada en 10 años.
El desplome más dramático corresponde a la Región Marina Noreste, que incluye al salvajemente sobreexplotado Cantarell. Su reserva total cayó 41 por ciento, de 20.5 mmbec a 12.2 mmbec. Y la probada 54 por ciento, de 13.4 mmbec a 6.1 mmbec.
Raras veces se señala que la cuantía de las reservas totales actuales de hidrocarburos y petroleras son similares a las estimadas en 1978: 40 mmbec y 27 mmbec, respectivamente. Pero en ese momento se calculaba su duración en 61 y 62 años. Ese año las reservas habían aumentado espectacularmente, 151 por ciento, y se iniciaba la alocada persecución de la quimera del desarrollo con las alegres cuentas de las futuras cotizaciones del crudo, antes de que las alas de Ícaro nacionalista se fundieran en la hoguera de los petroprecios de 1981-1982 y se estrellara en el abismo de la crisis de la deuda externa. Ahora el Ícaroneoliberal, con las reservas cuesta abajo, pretende remontar las alturas con las alas prestadas de las corporaciones.
Ésa es la magnitud del retroceso.
La inversión extranjera nada pudo hacer por restituirlo.
¿Cómo puede suponerse que lo que no sucedió se logrará en los próximos años?
Lo curioso es que, pese a los diversidad creativa de los contratos concedidos al capital privado, entre 2009 y 2014 se observa una disminución en actividades tendientes mejorar las reservas y la producción, o al menos a compensar su declinación. Los equipos de perforación empleados cayeron 32 por ciento entre 2009 y 2014 (de 176 a 121); los pozos perforados 81 por ciento (de 1 mil 490 a 280), y los terminados en 78 por ciento (de 1 mil 150 a 247). El porcentaje de éxito de éstos últimos, además, ha declinado sensiblemente entre 1997 y 2013: de 70 por ciento en 1997 a 55 por ciento en 2013. Los aspectos anteriores son un fenómeno común a todas las regiones petroleras: la Norte, la Sur y las marinas Noreste y Suroeste.
La reducción de tales trabajos en el periodo señalado, y en particular en lo que va del peñismo, tiene una explicación: inflar artificialmente la imagen de la incapacidad de Pemex para cumplir con su responsabilidad histórica-constitucional, por responsabilizarse de ese sector exestratégico para el desarrollo y la soberanía nacional, castigándolo deliberadamente.
Cumplida esa tarea que ha cumplido escrupulosamente por los directivos de la exparaestatal reciclada a una ambigua “empresa productiva”: el peñista y Chicago boy Emilio Lozoya, al alimón con el gasolinero Pedro Joaquín Coldwell, Juan José Suárez Coppel, Jesús Reyes-Heroles González-Garza (chicago boy), Luis Ramírez Corzo, Raúl Muñoz Leos o Rogelio Montemayor, apestados con el aroma de la corrupción.
Lo anterior es parte de la coartada de largo plazo impuesta por los neoliberales para forzar la reprivatización y extranjerización. Enrique Peña Nieto y el chicago boy Luis Videgaray impusieron un castigo adicional. Un compás de espera paralizante desde 2013, definido por el tiempo que se requirió para armar el proyecto reprivatizador, diseñar la estrategia para imponerlo y la culminación del circense proceso legislativo para validar el retorno al Porfirismo, con un barniz de legalidad espuria, el cual substraerá parte de las actividades de Pemex para entregarlas al pillaje de los grandes capitalistas locales y multinacionales.
La contracción de las actividades petroleras, como dijo Pedro Martínez Lara, de la consultora internacional IHS-Cera, ha sido estimulada por la incertidumbre que priva entre los hombres de negocios. Primero, porque esperaban el desenlace de la contrarreforma. Después, porque esperan saber con precisión qué parte delpastel les corresponderá y en qué términos. La prestadora de servicios Key Energy, por ejemplo, una de las mayores operadoras en la zona de Chicontepec, recién declaró que sus operaciones disminuyeron en el cuarto trimestre de 2013, que sólo cinco de sus 41 perforadoras en México se encontraban funcionando y que había retirado 12 de sus máquinas (http://www.cnnexpansion.com/negocios/2014/07/23/la-falta-de-pozos-perfora-a-pemex ).
Alguien dijo alguna vez: “No es nada personal, son sólo negocios”.
Pero la espera terminará pronto. Enrique Peña y Luis Videgaray llevan prisa y ya iniciaron el frenético baile de las rondas concesionarias.
Mientras se ponen de acuerdo los hombres de los negocios públicos reprivatizados, la producción y las exportaciones se han ido al abismo, y las importaciones a las nubes.
La producción de hidrocarburos líquidos, que incluye al petróleo crudo y los condensados y líquidos del gas, disminuyó 26 por ciento en 2004, cuando alcanzó su máximo histórico a la primera mitad de 2014. Pasó de 3.8 millones de barriles diarios (mbd) a 2.8 mbd. La de crudo cae 27 por ciento y los condensados 18 por ciento, al pasar cada uno de 3.4 mbd a 2.4 mbd, y de 442 mil barriles a 363 mil. La extracción de hidrocarburos y de crudo es comparable a la alcanzada en 1986, lo que implica un retroceso de 28 años (ver Gráfica1).
Cantarell, ubicado en la región Marina Noreste, representa uno de los casos dramáticos de la esquizofrenia extractivista neoliberal. Su precipitada extracción alcanzó su máximo en 2004, con 2.1 mbd; 10 años después cayó a 404 mil barriles, lo que significó un desplome de 81 por ciento, de 1.7 mbd. El gas natural que sale con el crudo es quemado en la atmósfera. El nitrógeno comprado para inyectarlo al yacimiento, con el objeto de aumentar la presión que impulsa al combustible hacia afuera, reduce el periodo de vida del yacimiento.
“Lo que se hace en países más civilizados y menos corruptos –dice el especialista Antonio Gershenson– es no quemar el gas, sino inyectar una parte del mismo a los yacimientos, y no andar comprando nitrógeno en cantidad. El uso del nitrógeno fue resultado de un ‘consejo’ de un ‘experto’ estadunidense” (La Jornada, 3 de agosto de 2014).
La oficialmente festejada producción de crudo en Ku-Maloob-Zaap (KMZ), la segunda zona más importante del país, y en el litoral de Tabasco no ha logrado compensar la pérdida. En conjunto aportan 1.2 mbd. Desde 2004 ésta aumentó 795 mil barriles, equivalente al 46 por ciento de los barriles perdidos en Cantarell. Entre 2013 y el primer semestre de 2014 la extracción en KMZ bajó de 864 mil barriles diarios a 857 mil.
La historia se repite con la producción de gas natural, que decreció 7 por ciento entre 2010 y 2014, al pasar de 7 mil millones de pies cúbicos diarios (mmpcd) a 6.5 (mmpcd). Su baja es explicada por el gas no asociado (es el que se encuentra en depósitos que no contienen petróleo crudo), que desde 2007 ha declinado en 38 por ciento. Otro capítulo de la infamia es la Cuenca de Burgos, repartida entre siete empresas trasnacionales (Repsol, PetroBras, Teikoku, Tecpetro y D&SPetroleum, entre otras), con contratos de 15 y 20 años para que extrajeran el gas natural. Entre 2007 y 2014 su producción fue nada menos que de 30 por ciento (ver Gráfica 2).
La producción de petrolíferos y gas licuado y de petroquímicos no corre mejor suerte. De 2004 a la primera mitad de 2104, la del primero cayó 10 por ciento y el otro 55 por ciento. En 1994 el índice de utilización de la capacidad instalada de la petroquímica era de 91 por ciento. En 2013 bajó a 68 por ciento (ver Gráfica 3).
Del lado de los petrolíferos sobresale la contracción de la producción de gasolinas en 5.4 por ciento entre 2004 y 2014. La Pemex-Magna decreció 1.8 por ciento, la Premium 32 por ciento y Pemex-Diesel 39 por ciento. Esa situación determina sus crecientes importaciones que, combinada con el crecimiento vehicular desenfrenado, la gradual eliminación de los subsidios y la política de precios impuesta por Videgaray, tienen irritados a los automovilistas, particulares y públicos, así como a los usuarios del transporte colectivo.
El grado de dependencia de las importaciones ha alcanzado niveles graves que difícilmente podrá ser revertido con la contrarreforma petrolera. Ello está asociado a una estrategia energética basada en los intereses nacionales y no en la lógica de la rentabilidad del capital.
El consumo nacional aparente (producción más importaciones menos exportaciones) ilustra esa dependencia. El peso de las importaciones en los petrolíferos totales se elevó de 9 por ciento a 31 por ciento entre 1995 y 2013; en las gasolinas de 14 a 47 por ciento (aumentaron de 65 mil barriles diarios a 336 mil); en el diesel de 0.5 por ciento a 25 por ciento; en el gas licuado de 14 por ciento a 25 por ciento (ver gráficas 4 y 5).
El conjunto de datos anotados en este trabajo dejan en una posición incómoda a los gobiernos que apostaron por el estrangulamiento de Pemex y su desplazamiento por el capital privado.
El comercio exterior en el inicio de la reprivatización tampoco arroja resultados halagüeños.
El volumen de las exportaciones de petróleo crudo disminuyó de 1.9 mbd a 1.3 mbd entre 2004 y la primera mitad de 2014; bajaron 39 por ciento, en 745 mil barriles diarios (ver Gráfica 1).
El deterioro comercial petrolero es ostensible desde 2006. Ese año su saldo fue superavitario en 27.4 mil millones de dólares y en 2013 fue por 20.3 mil millones de dólares, lo que equivale a una reducción de 26 por ciento. En la primara mitad de 2014 fue de 8.2 mil millones de dólares. De mantener ese ritmo, podría cerrar por debajo de los 20 mil millones, su nivel más bajo desde 2004.
La declinación comercial se debe a las menores ventas externas de crudo, la declinación gradual de los precios promedios de exportación (de 102 dólares por barril en 2012 a 94 en lo que va de 2014, pero sobre todo a las crecientes importaciones de petrolíferos y petroquímicos, que en 2000 sumaron 4.7 mil millones de dólares y en 2014 cerrarán en el orden de los 29 mil millones de dólares –siete veces más que en 14 años–. Del último dato, 25.7 mil millones de dólares, el 90 por ciento, corresponden a los petrolíferos.
Es el costo que se paga por la apuesta primario-exportadora, que privilegia la producción y la venta de productos de menos valor agregado y abandona los que requieren una mayor industrialización.


Marcos Chávez M*

*Economista

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