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miércoles, 4 de marzo de 2015

Conducta de alcalde en Nayarit es inaceptable.- Aristegui



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ARISTEGUI: SIN MIEDO AL PODER vi@opach

Carmen Aristegui es la periodista más influyente de México. Sus investigaciones —como la reciente sobre “La Casa Blanca”— han desatado algunos de los escándalos más sonados de la política mexicana reciente y han hecho trastabillar al gobierno del presidente Peña Nieto. Sus enemigos han tratado de desprestigiarla con todo tipo de acusaciones, pero no han logrado intimidarla. En esta entrevista habla sobre la motivación principal de su trabajo, la pertinencia de preguntar al poder y de cómo los periodistas deben crear zonas de riesgo que no se traduzcan en censura y autocensura, sino en rigor y exigencia.
TEXTO DE WILBERT TORRE / FOTOGRAFÍAS DE NAPOLEÓN HABEICA
"Mi trabajo tiene como autor principal y único al periodismo."
Carmen Aristegui despierta todos los días a las 4:45 de la mañana y en el celular revisa los mensajes de su equipo de editores y reporteros para dos horas y quince minutos después, en el programa Primera Emisión de MVS, estar preparada para preguntar, un ejercicio del que ha hecho un hábito necesario y natural, casi tanto como dormir y comer. Si encuentra algo urgente en el trayecto de su casa a la oficina, envía mensajes a la redacción desde el auto.

Es una tarde de enero en la Ciudad de México y en una sesión fotográfica, entre una toma y la otra, como un tic imposible de controlar Aristegui se asoma a la pantalla líquida para ver qué hay de nuevo, hasta que el fotógrafo Napoleón Habeica logra quitárselo, al menos por unos minutos. “Puede perder una mano, pero jamás el teléfono”, sonríe Daniel Lizárraga, uno de sus colaboradores más próximos. La periodista más influyente del país no va al cine y lee sólo unos cuantos libros cada año por culpa del iPhone 5 negro que la mantiene informada de lo que ocurre cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. Sólo lo aparta breves minutos cuando está reunida con sus colaboradores de investigaciones especiales y debe concentrarse en las anotaciones hechas en un pizarrón, en una oficina repleta de computadoras, periódicos y carpetas que forman montañas irregulares de documentos. “Soy muy necia”, dice de sí misma. “En casa, con la familia, de vacaciones, es muy difícil que diga: me voy a desconectar. No voy a ver nada”. Se ha dicho que es lesbiana, que sirve a los intereses de Carlos Slim, que es promotora de Andrés Manuel López Obrador y la cabeza principal de una conspiración contra la Presidencia de la República. Ella responde las preguntas con esa sonrisa traviesa que contrasta con los cuestionamientos afilados que todos los días parten de su boca diminuta ante el micrófono. 

—¿Cómo se asume Carmen Aristegui: periodista, conductora o comentarista?
—Soy periodista.


—¿Cuándo y cómo empezaste?
—Empecé por ahí en el año 87. Era estudiante y uno no sabe a donde se conduce su existencia. Estudiaba en la facultad de Ciencias Políticas y entré a un programa de economía y finanzas,Monitor Financiero. Trabajaba como asistente y abandoné un semestre porque no empataban mis horarios. Después regresé a terminar. No es que te plantees de manera categórica qué serás. Es la ruta de la vida. Vas, tropiezas, una piedra por aquí y allá. El periodista es alguien que tiene como razón de ser y de vida informar, dar noticias, tratar de capturar en términos de información y debate público lo que a su juicio personal considera pertinente y de interés para la sociedad. Ahí es donde entra el criterio profesional, la valoración de las cosas. Mi perfil es uno y se inclina a los asuntos político-sociales. Un periodista trata de abarcar todo lo que desde su mirada profesional puede ser interesante, importante y pertinente. Un periodista es aquel o aquella que está todo el tiempo observando cosas para saber qué será más importante para el que lo ve, tratando de adivinar dónde está el pulso de la sociedad.


—¿Cuál fue la primera crisis que te atrajo para cavar más allá de la superficie?
—Ese programa, Monitor Financiero, fue una experiencia fuerte. Era el boom bursátil del 86 y había avidez por saber qué pasaba con la Bolsa Mexicana. Los periodistas daban ideas, recomendaciones y alentaban al público en un momento dorado de la actividad bursátil, y eso hacía que el programa se convirtiera en algo útil. Luego vino una debacle fenomenal entre la gente que había sido alentada y que había visto con fascinación la idea de ganar dinero. Vino la tragedia de quienes habían vendido autos y casas para ser partícipes de la fiesta. Como estudiante fue muy fuerte ver un quiebre brutal sobre lo que se esperaba del trabajo de comunicación de un programa y los reclamos de una parte de la sociedad. Eso me dio un primer pulso sobre cuestiones que pueden surgir en la sociedad. Junto a eso vinieron las elecciones, las reformas electorales, el terremoto del 85. Vivía en la colonia Álamos, que tuvo daños importantes, y personas muy cercanas perdieron la vida. Son sucesos impactantes que construyen una mirada y un perfil. 


Aristegui llega a MVS a las 6:15, cuando ya empezó su programa con reportajes y entrevistas grabadas. Siempre va de traje sastre obscuro, blusa holgada y botas bajas, una vestimenta muy distinta a las camisas coloridas y las faldas vaporosas, los aretes casi al hombro y el cabello largo de sus años de periodista novata. Sube las escaleras y llega a la redacción con el celular en una mano —siempre lo lleva en la mano— y en la otra una síntesis de prensa que ya leyó y un altero de periódicos que revisa antes de subir a cabina a las 6:45 para tomar el micrófono 15 minutos después. Tiene una reputación de jefa dura y obsesiva. Son comunes sus mensajes a editores y reporteros a las tres de la mañana, con peticiones precisas. Si algo le molesta, puede llegar a alzar la voz. Entre ella y sus colaboradores hay una especie de relación amor-odio. La admiran tanto como se quejan de sus peticiones a-la-hora-que-sea, de los turnos interminables, de salarios que no son siempre suficientes.

—Muchos recuerdan el episodio del sugerido alcoholismo del ex presidente Calderón. Hay una diferencia entre ese golpe, basado sólo en un dicho de unos diputados, y las revelaciones de “La Casa Blanca”, una investigación exhaustiva. ¿Qué cosas has debido revisar, corregir y reforzar en tu trabajo? ¿Has sido inexacta o injusta?
—No diría que me equivoqué en un asunto específico, no tendría ningún caso. No pretendo vanagloriarme de no tener equivocaciones. Si dije un dato por otro, no tengo problema en corregir y enmendar alguna imprecisión. Sobre lo sucedido con el ex presidente Calderón y una investigación cabal como la de La Casa Blanca, yo diría que ambos tienen su peso y significado y de ninguno me arrepiento. En ambos me sostengo en lo dicho y en lo hecho. 




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