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sábado, 17 de octubre de 2015

Políticas erradas de 30 años le sirvieron un país en charola a los criminales: especialistas

Se ve de muchas formas: tanto en el crimen organizado, como en los movimientos sociales en contra de la injusticia. Es la violencia que después de tres décadas de neoliberalismo es identificada por los especialistas como un costo muy alto que un día tendrá que revertirse.

El lugar del enfrentamiento en Tanhuato. Foto: Cuartoscuro.
El enfrentamiento del 22 de mayo pasado entre fuerzas federales y presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tanhuato, Michoacán, dejó al menos 43 jóvenes muertos, en circunstancias poco claras. Foto: Cuartoscuro.
Ciudad de México, 16 de octubre (SinEmbargo).– Visto así –a través de estadísticas internacionales y nacionales–, México se convirtió en un mapa de la muerte. Es una muerte que actúa de muchos modos; pero casi todos son brutales.
México se ve como una gran zona de guerra donde mujeres, niños y hombres son vulnerables hasta romperse. Un epicentro de la violencia donde muchos de quienes matan tienen entre 16 y 19 años, la edad donde debería haber más ilusiones en el futuro. Un extenso lugar, lleno de relieves, donde el crimen organizado es un camino.
En el mismo mapa se observan las manifestaciones sociales. El reclamo por los muertos y desaparecidos ha generado protestas de lucha como la de los padres de los 43 normalistas desaparecidos la noche del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero. Pero también se protesta por la desigualdad, el hambre y la injusticia, como lo hace el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas desde 1994.
El punto es que la paz no se alcanza a ver. México está en la posición 144 de 162 países que carecen de ello en el mundo, un indicador del Instituto para la Economía y la Paz. El año pasado, estaba en el 138. Subió porque la tasa de impunidad en muertes dolosas empeoró en 24 de las 32 entidades del país. En Chihuahua, Morelos y Guerrero llegó al 89 por ciento.
Con 95.6 muertes por cada 100 mil adolescentes de 15 a 19 años de edad, México se convirtió en el país con la tasa más alta de mortalidad infantil y adolescente, de acuerdo con el mapa de la violencia 2015 que el sociólogo y educador Julio Jacobo Waiselfisz produce desde 1998.

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¿Qué hubo detrás de esta realidad? Analistas, ciudadanos y documentos confluyen en que la violencia es el precio que hoy se paga después de tres décadas de políticas enmarcadas en el sistema conocido como neoliberalismo, la corriente económica que desde los 70 planteó en América Latina la apertura comercial de los países con una gestión del Estado con menos facultades. Todos sus dictados provienen del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Y en México –dicen los especialistas– se siguieron al pie de la letra, sin la menor búsqueda de equilibrio.
“Es un precio muy alto”, exclama Erubiel Tirado, experto en Seguridad Nacional y Pública en la Universidad Iberoamericana.
“No es que el neoliberalismo haya gestado los fenómenos de violencia presentes. Pero hay algo que sí ocasionó: la fortaleza del crimen internacional. Las fronteras se abrieron para todo el comercio, legal e ilegal”, remarca.
Abunda: “México no había fortificado su Estado de Derecho, a diferencia de países más pequeños como Nicaragua. El desarrollo institucional fue desigual. De modo que no hubo un compromiso para fortificar las estructuras de Seguridad y Defensa”.
Una investigación basada en estadísticas oficiales del Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial arroja que hace 30 años, cuando el exPresidente Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), decidió seguir los lineamientos del FMI, el país era 240 veces menos peligroso. En otras palabras, cada año, el riesgo de habitar México se incrementó en ocho por ciento.
Que México estaba envuelto en la violencia, después del neoliberalismo, fue advertido incluso por intelectuales. Por ejemplo, en 2009, el poeta Hugo Gutiérrez Vega (fallecido este año) recibió uno de varios homenajes por sus 75 años en Querétaro. La oportunidad la aprovechó para decir: “El fenómeno social y cultural de la violencia exacerbada que vive el país es consecuencia del neoliberalismo, un sistema esencialmente injusto, y deshumanizador que, pese a su poder en el mundo, está condenado a devorarse a sí mismo porque ha fracaso de manera rotunda”. Carlos Fuentes (fallecido en 2012) llamó a ese sistema en varios ensayos: “Ese ilustre moribundo que ocasiona tanta tragedia”.
Erubiel Tirado, de la UIA, describe a la sociedad mexicana después del impulso neoliberal: “Hay mayores incentivos para no cumplir con la ley y no tener un régimen de democracia armónico. Se arrastra un rezago en las estructuras. No deseamos estar en el lado oscuro, pero los índices de insatisfacción con la democracia son muy altos. No hay satisfactores de desarrollo y eso nos convirtió en una sociedad iracunda al borde de ser violentos con cualquier cosa”.PROMO_NEOLIBERAL

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En estos momentos, hay 36.8 millones de personas en el desempleo, lo que equivale al 71 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), estimada en 52.1 millones. Hacia Estados Unidos y Canadá, más de 300 mil hombres y mujeres toman la decisión de irse. El poder adquisitivo ha perdido 76 por ciento de su poder desde los ochenta.
La desaceleración económica se encuentra en todas las gráficas al lado de expresiones de violencia que fueron de menos a más. Entre la administración de Lázaro Cárdenas del Río hasta 1983, cuando se inició la política neoliberal, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 6.1 por ciento anual. Después y hasta ahora, el PIB ha crecido a una tasa del 0.6 por ciento anual, según cifras históricas del Banco de México.
El movimiento social paralelo a esa realidad económica que se deploró fue el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas en 1994, en el último año de Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Según Carlos Antonio Aguirre Rojas, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): “El zapatismo está vigente. Sus parámetros y filosofía los ejercen cientos de indígenas”.
Casi veinte años después, el Presidente Peña Nieto tomó posesión rodeado de un augurio en materia económica y paz social proveniente de Europa, desde los principales diarios que influyen a los inversionistas. El 24 de noviembre de 2012, el semanario británico The Economist consideró que la predicción maya sobre el fin del mundo no era un apocalipsis; sino un amanecer. Cuando a Peña Nieto le fue colocada la banda presidencial, el semanario reprodujo la imagen en su portada como “The Mexican Moment”. Financial Times, por su parte, publicó el mismo año que “el amor” de los inversionistas no serían los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China); sino México porque el nuevo gobierno impulsaría un andamiaje de reformas estructurales.
Han transcurrido tres años de Gobierno peñista, las reformas en cinco ámbitos productivos están aprobadas; pero la economía no despunta. A la hora de explicar los nubarrones, especialistas como Gerardo Esquivel del Colmex, exponen que se debe a la disminución de las exportaciones y los ajustes del gasto público con los que la Secretaría de Hacienda reaccionó a la caída del precio del petróleo en el mundo.
Cada vez hay más pobres en México. Los estudios por ingreso que toman como referencia el índice laboral de Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) arrojan que en los primeros tres meses del Gobierno de Enrique Peña Nieto se añadieron 3.6 millones de personas a la pobreza, en promedio 105 mil cada mes.
Boltvinik llegó a esa estimación basado en el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) del mismo Coneval, basado en la evolución de los ingresos por trabajo captados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), comparados con el costo de los alimentos crudos. Ese cálculo le dio como resultado 3.04 por ciento o 3.6 millones de pobres adicionales.
En el origen de la tragedia aparece con recurrencia el salario. El reporte de investigación “México: Esclavitud moderna. Cae 78.71 por ciento el poder adquisitivo”, elaborado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México, expone: “La realidad precaria de la clase trabajadora producto de las políticas salariales de los gobiernos neoliberales da cuenta de un adverso panorama. El último incremento al salario mínimo fue del 4.2 por ciento; es decir, 2.81 pesos diarios, bastaron sólo tres meses del 2015 para que quedara pulverizado dicho incremento, por lo que después del mes de marzo todo el aumento de los precios en los alimentos y servicios se acumulará a la pérdida del poder adquisitivo. Para ser más claros, entre el 16 de diciembre de 1987 y el 15 de abril de 2015, el precio de la Canasta Alimenticia Recomendable aumentó casi el cinco mil por ciento”.
Hay otra estampa de México. En esa, se vive bien y no parece afectada por la falta de crecimiento económico. El estudio “Concentración del poder económico y político”, editado por Oxfam y de la autoría del economista Gerardo Esquivel del Colmex, difunde que el Global Wealth Report 2014 señala que el 10 por ciento más rico de México concentra el 64.4 por ciento del total de la riqueza del país. Otro reporte de Wealth Insight expone que la riqueza de los millonarios mexicanos excede y por mucho a las fortunas de otros en el resto del mundo. La cantidad de millonarios en México creció en 32 por ciento entre 2007 y 2012. En el resto del mundo y en ese mismo periodo, disminuyó un 0.3 por ciento.
Para José Luis Reyna, profesor del Colmex, es la desigualdad social tan abismal la que ha ocasionado que las actividades económicas ilegales en las que está implícita la violencia se han convertido en un camino.
El Banco Mundial en su estudio “Crimen y Violencia en Centroamérica. Un desafío para el Desarrollo” es el narcotráfico “un promotor importante de los índices de homicidios en Centroamérica y al mismo tiempo, el factor principal de los niveles de violencia en la región… Es evidente que la reducción (o prevención total) del tráfico de drogas será la clave en cualquier estrategia regional para combatir la violencia. Dicho elemento es aún más relevante en vista de la magnitud de los flujos de drogas en toda la región”.
En el caso mexicano, José Luis Reyna, profesor del Colmex, sostiene que parte de la población joven sin posibilidades de estudiar, trabajar o emigrar, quedan expuestos a recibir la oferta del crimen organizado en cualquiera de sus manifestaciones; pero más del narcotráfico. Erubiel Tirado añade que si bien la desigualdad social es el caldo de cultivo o la gran oportunidad para delinquir, este se retroalimenta siempre justo de esa desigualdad.
MÉXICO: UNA FOSA                                                         
Otra vez, buscando justiciaFoto: Cuartoscuro
Marcha del 26 de septiembre pasado para exigir justicia por los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, uno de los casos de más alto impacto en este sexenio. Foto: Cuartoscuro
Representado en un partido o en otro, el neoliberalismo es el personaje que ha gobernado las últimas tres décadas en México. Ningún Gobierno logró crear el millón de empleos que se requiere cada año respecto al crecimiento poblacional y el salario no se recuperó jamás.
Para Carlos Antonio Aguirre Rojas, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, experto en movimientos sociales, los Gobiernos mexicanos no repararon en la experiencia en la región Sur del continente donde el neoliberalismo empezó a aplicarse uno poco antes. A principios de los 70, en Chile, Argentina y Uruguay implantaron el modelo. Una década después, ya había problemas como exclusión social, pobreza y delincuencia. Luego, les llegó la convulsión social.
Aguirre Rojas, uno de los expertos que más ha estudiado los movimientos sociales de los 90 en México, expresa:
“Uno de los tantos eventos que producen la pobreza y la desigualdad social es que degradan al calidad de vida y ello, sin duda, incrementa la protesta social. Mientras, el Estado reduce su presencia económica y al tiempo, se vuelve débil ante los gobernados. En México se privatizaron los ferrocarriles, la banca, las minas y el acero. Entonces, hubo menos recursos económicos. El Estado se volvió frágil para responder a la crisis de seguridad”.
Muerte por hambre en la sierra de Zongolica, enfermedades como en cualquier rincón de México, trabajos en condiciones inhumanas como les ocurre a los jornaleros del Valle de San Quintín en Baja California también son expresiones de la violencia, indica Gustavo Leal, experto en políticas de Salud en la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Xochimilco.
Si es que acaso existió, aquel “Mexican moment” ya se esfumó de las editoriales del mundo. Y de la esperanza de todos. The Washington Post acuñó otra frase; pero esta vez cargada de ironía: “Ante la proliferación de fosas, el Gobierno peñista vive The Mexico Murder”.
Esas fosas fueron descubiertas en Guerrero, donde el 26 de septiembre de 2014, desaparecieron bajo fuerza 43 normalistas de la Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero.
Quienes hablan para este texto coinciden en que la intrincada búsqueda social de los normalistas se enmarca en la aplicación sistemática de las políticas neoliberales. Carlos Antonio Aguirre Rojas, de la UNAM, dice: “Ayotzinapa es muy importante en sí misma. No es sólo la batalla por encontrar a los estudiantes. Resume el descontento popular y de las instituciones. Que el Estado se muestre absolutamente incapaz de dar una respuesta,  que sea incapaz de brindar una explicación creíble, ya no digamos una solución, muestra el grado de descomposición. Del otro lado, la enorme solidaridad. El hecho de que se haya mantenido en el centro de todos los debates, muestra que estamos en un volcán a punto de estallar”.
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