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lunes, 14 de marzo de 2016

Salinas, Slim, Calderón y más, en la fiesta de Fernández de Cevallos



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Los días sin Carmen Aristegui

Carmen Aristegui, periodista. Foto: Octavio Gómez
Carmen Aristegui, periodista. Foto: Octavio Gómez

Los días sin Carmen Aristegui


CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Era viernes y en la radio sonó “La maza”. Mercedes Sosa cantaba:
¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?
Un testaferro del traidor de los aplausos,
un servidor del pasado en copa nueva,
un eternizador de dioses del ocaso,
júbilo hervido con trapo y lentejuela.
¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera?
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Supimos que era una despedida pero también un llamado a volver. No nos importaban demasiado los números: que la oyeran cada mañana 18 millones; que siguieran durante 60 emisiones la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, las casas del presidente y su secretario de Hacienda y los crímenes del Ejército en Tlatlaya; que fuera la cuarta vez que el poder trataba de silenciarla. Ese viernes 13 de marzo de 2015 Carmen Aristegui se iba en medio de un desarreglo de lucecitas montadas para la escena: la radiodifusora, MVS, había argumentado “abuso de confianza” por el anuncio de que su noticiero participaría de las filtraciones anónimas de Mexicoleaks; había emitido unos “lineamientos” para sus periodistas –“presentar por anticipado todo aquello de relevancia informativa que estén realizando con sus respectivos equipos o que tengan contemplado”– y había detenido la salida de tres reporteros para confiscarles sus computadoras, teléfonos y USB. No era eso lo que importaba. La censura en México nunca ha sido sutil. Éramos nosotros, los radioescuchas, los que íbamos a padecer un síndrome de abstinencia. El doctor Lorenzo Meyer se levantó el 23 de marzo a oscuras, en la madrugada.
–¿A dónde vas? –le dijo modorramente su esposa.
–Al programa de radio –respondió Meyer, despertando de su ensueño–. Al que ya no existe.
Y así, durante semanas, muchos nos levantamos a tratar de escuchar algo que se había ido.
–¿Sabes? –me confesó tiempo después una radioescucha–, como ya no tengo nada que oír en las mañanas, me canto.
El duelo se hizo de palabras. Reuniones de radioescuchas por todo el país –algunos escritores, periodistas, moneros, actores, pintores, en algo socarronamente llamado “Grupo San Borja”, por la calle en la casa hospitalaria de una reportera de La Jornada–; actos de protesta afuera de las instalaciones de la infame radiodifusora que insistía en que la censura se reducía a “un problema laboral”, y la nebulosa idea de que existía algo llamado “derecho de las audiencias”.
Además, alguien trajo abogados. Desfilaron los que habían ganado una demanda colectiva contra el precio de la gasolina en Guadalajara, los que habían evitado que convirtieran en estacionamientos el subsuelo del centro de Puebla, los que habían hecho premiados documentales sobre la justicia mexicana, los que, simplemente, querían ayudar a algo insólito: una empresa privada podía ser acusada de violentar el derecho de la audiencia a estar informada. Y como si se tratara de detener un trascabo que amenaza con tirar un edificio habitado, la audiencia se podía amparar, parar la acción, devolver a Carmen a las frecuencias, porque los ciudadanos también existíamos. Así de ilusos. Así de esperanzados.
Lo que siguió tenía que ser también insólito. Con la recolectora virtual de firmas, Change, se entregaron 170 mil nombres de radioescuchas que pedían al ómbudsman de la radiodifusora el regreso de Carmen. El del lunes 16 de marzo fue un mitin indignado en el que todos esperábamos la llegada de golpeadores: MVS mandó poner una cortina de hierro para proteger sus ventanales en Anzures, nosotros decidimos repartir chayotes para que la gente tuviera algo que aventar. Sucedió la indignación. Los asistentes culparon de la censura al presidente, por los hallazgos sobre el tráfico de influencias entre sus casas y los contratos de su gobierno. Nosotros entregamos las cajas con las firmas. Tres semanas después, otro lunes, intentamos una conferencia de prensa para orientar a la audiencia de cómo se interponía un amparo. Aprendimos que, en este país, para tratar de defenderse como ciudadano hay que tener mucho tiempo, una fotocopiadora y un abogado. El nuestro no llegó:
–Está atorado en la carretera de Puebla –dijo Aurelio Fernández, director de La Jornada de Oriente.
–¿Por qué? –preguntamos con la angustia de no saber qué es “interponer un recurso de queja”.
–Se volteó un camión de naranjas y los que viven en las orillas del camino lo están saqueando. No tendremos abogado, pero ellos tendrán jugo de naranja.
Dimos explicaciones de cómo bajar un formato de amparo por internet a gente que no llegaba ni a “Amigo Telcel”, dijimos que probablemente el esfuerzo sería en vano dada la historia casi colonial de la justicia mexicana, evitamos entrar en terrenos abogadiles que no manejábamos. Pero la audiencia, como siempre, era mucho más astuta:
–¿Por qué no presentar una demanda colectiva, en lugar de muchas individuales? –preguntó un chavo que, en otro contexto, hubiera sido víctima de un cadenero de antro.
–Yo puedo hacer delantales –propuso una señora de delantal– con una consigna: “Regresen a Carmen”. Pero necesitaría el material.
–¿Cuántas “w” tengo que marcar para la dirección de internet? –se abismó un veterano de la radiodifusión.
La conferencia de prensa fue, en realidad, otro mitin.
Los domingos 12 y 19 de abril fuimos a la Plaza de la República y al centro de Coyoacán. En Cuernavaca, Guadalajara, Monterrey, Xalapa, Morelia, Toluca, Puebla y Cancún pasó lo mismo: largas filas de radioescuchas. La esperanza es sólo una disposición del ánimo. En Coyoacán la seño de la papelería presta su fotocopiadora, que se poncha por sobrecalentamiento –hay que entregar siete copias de cada amparo–, un don saca una planta de luz pequeña de su casa que enciende –aplaude la gente– y se apaga –se indigna la gente–, Gabriel Macotela dona una escultura contra la censura, el economista Galván Ochoa repite en vivo su despedida de siempre que ya no se escucha en la radio:
–Por favor, cuídenseme mucho.
Las largas jornadas de llenado de amparos nos educan en lo obvio: En este país, los derechos son casi imposibles de ejercer. Los abogados no se ponen de acuerdo en si el “representante legal” puede ser el chico que reparte el periódico o un licenciado, en qué juzgados ingresar las peticiones, cuántas copias se entregan y en dónde. Las oficinas se llenan de papeles. La televisora por internet Rompeviento debe ceder su sala de juntas para almacenar cientos de cajas de cartón. Adentro hay nombres, rostros de identificaciones oficiales, explicaciones de por qué queremos que vuelva un noticiero de radio. Un dibujo del monero Hernández ondea en estos actos públicos: el rostro de Carmen con una cruz de cinta adhesiva en la boca, sus ojos sorprendidos. Llega la policía. Les explicamos. Al final ayudan a afianzar bien la manta.
–¿Quién es? –le pregunta uno de tránsito a su superior.
–Es la periodista amenazada –responde sin mucha seguridad.
–¿Y la mataron?
–Pus, yo creo. Mira –concluye, señalando con la nariz la fila de firmantes que le da la vuelta dos veces a la Plaza de Los Coyotes.
Los amparos: Sólo en el Defe 10 mil con sus siete copias provocan el comentario por teléfono de un ayudante del juzgado en San Ángel:
–No sean: ya párenle –dice apesadumbrado–. Ya no se puede ni pasar. Hasta en el baño hay cajas.
Muchos son rechazados. Otros, respondidos con washawasha legaloide. El consejero jurídico del presidente de la República, licenciado Alfonso Humberto Castillejos, responde así a uno de ellos el 14 de mayo: “Se tiene la certeza y plena convicción de que la causa de improcedencia es operante en el caso concreto, de tal modo que aun en el supuesto de admitirse la demanda de amparo y sustanciarse el procedimiento, no sería posible arribar a una conclusión diversa, independientemente de los elementos que pudieran allegar las partes”.
Guardo la respuesta en mi cajón. Miles lo habíamos hecho. No sólo apagamos el radio: los enfrentamos. Ellos fueron los que cerraron la puerta.



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Denuncias por compra de votos y agresiones enmarcan elección extraordinaria en Tabasco

Una de las casillas instaladas en Hermosillo. Foto: Milton Martínez
VILLAHERMOSA, Tab. (proceso.com.mx).- Con denuncias de compras de votos y agresiones, arrancaron los comicios extraordinarios para elegir alcalde del municipio de Centro, cabecera de esta capital.
Alrededor de las 11 de la mañana el INE y el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco (IEPCT) reportaron la instalación del 100% de las 792 casillas en las que sufragarán más de 480 mil ciudadanos del municipio de Centro.
Sin embargo, desde las 8 de la mañana el dirigente estatal del PRD, Candelario Pérez Alvarado, exhibió un audio y una larga lista de presuntos operadores priistas con asignación de diversas cantidades de entre 7 mil 500 y 190 mil pesos para supuestamente comprar votos.
Dijo que las cantidades en la lista suman más de 70 millones de pesos, que se la hicieron llegar de manera anónima y presentarían denuncia ante la Fiscalía Especializada para Delitos Electorales (Fepade).
El PRI rechazó la acusación del PRD y aseguró que, con esto, el sol azteca muestra su “nerviosismo” porque perderá la elección.
También por la mañana el fiscal general del estado (FGE), Fernando Valenzuela Pernas, informó que durante un operativo conjunto con la Fepade, por denuncia ciudadana, se incautó material electoral en un hotel de Villahermosa, aunque no hubo detenidos.
Alrededor del mediodía, la senadora del PT y que apoya a Morena, denunció que “porros” del PRD la agredieron verbalmente y destruyeron vidrios de su camioneta luego de descubrir una “mapachera” en Villa Macultepec.
La Procuraduría General de la República anunció que a través de la Fepade mantiene despliegue ministerial para prevención de delitos en la jornada electoral extraordinaria.
Los candidatos votaron en sus respectivas casillas entre las 9 y 11 horas.
La abanderada del PRI-PVEM-Panal, Liliana Madrigal Méndez y del PRD-PT, Gerardo Gaudiano Rovirosa, lo hicieron en la colonia Heriberto Keho.
Octavio Romero Oropeza, de Morena, sufragó en la colonia Magisterial y el independiente Pedro Contreras López en el centro de Villahermosa.
El IEPCT informó que alrededor de la medianoche se darán tendencias sobre quién ganó la elección extraordinaria.



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Morena segunda fuerza política en Tabasco

En la recta final del conteo final el partido de AMLO consiguió 25.59% por ciento de los votos contra 25.54 del PRI


Morena segunda fuerza política en Tabasco
(Tabasco HOY)
Romero le arrebató a Liliana la segunda posición.
14/03/2016 05:19 / Centro, Tabasco
A pesar de la estructura electoral del PRI, que se había mantenido hasta ahora como segunda fuerza electoral en Tabasco y de la alianza con el PVEM y el PANAL, Morena logró la odisea de pasar del cuarto a quitarle al tricolor el segundo puesto.

Durante la publicación de los Resultados Electorales Preliminares, el PRI-PVEM-PANAL y Morena mantuvieron en disputa el segundo lugar de la contienda electoral, pero en la recta final le arrebató esa posición.

Mientras la priísta Liliana Ivette Madrigal Méndez registró el 25.54% de las preferencias, el morenista Octavio Romero Oropeza la arrebasó con el 25.59% de los votos, con una diferencia de apenas 83 votos.

Al PRI no le funcionó la alianza con el PVEM-PANA L, ni la intervención de los viejos cuadros del PRI, como Roberto Madrazo, Manuel Andrade, Gina Trujillo, Jesús Alí de la Torre, ni el respaldo de la dirigencia nacional, que mantuvo presencia permanente en Centro, a través de sus diputados federales y senadores, así como el propio presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones.

Mientras que Morena logró capitalizar la adhesión del ex candidato del PRI a la alcaldía de Centro, Evaristo Hernández Cruz, para catapultarse muy cerca del PRI al segundo lugar en la elección.



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Cuantiosas prebendas a dirigentes sindicales en Pemex-CFE

Este año el STPRM recibirá 379 millones de pesos y el Suterm casi 200 millones
Apoyos oficiales apuntalan a petroleros y electricistas
Carlos Romero Deschamps y Víctor Fuentes del Villar ‘‘intocables’’, al frente de sus gremios
Patricia Muñoz Ríos
 
Periódico La Jornada
Lunes 14 de marzo de 2016, p. 5
Los líderes de los sindicatos de Trabajadores Petroleros (STPRM), Carlos Romero Deschamps, y Único de Trabajadores Electricistas (Suterm), Víctor Fuentes del Villar, coinciden en tener múltiples relecciones, haber aceptado la modificación de sus contratos colectivos y reducción de plantillas, así como pactar cambios en los esquemas de jubilación.
Aunado a todo ello, este año ambos dirigentes recibirán generosos recursos para ‘‘viáticos, gastos y celebraciones’’ de parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por 379 y casi 200 millones de pesos, respectivamente.
Copias de los convenios firmados para la transferencia de los recursos de Pemex y CFE a estos sindicatos revelan que, no obstante la situación financiera de estas empresas, se mantendrá la canalización de apoyos económicos –incluso se aumentaron– para los comités ejecutivos de los líderes calificados de ‘‘intocables’’ por las propias disidencias sindicales.
El senador
Romero Deschamps cumple este año dos décadas como dirigente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y tiene toma de nota hasta 2018. Ha sido relecto consecutivamente desde 1996, sin el voto directo y secreto de los sindicalizados, sino a través de una convención ordinaria, donde los líderes de las 36 secciones y delegados (108 personas) votan en representación de 140 mil trabajadores.
El dirigente petrolero logró que en el contrato colectivo de trabajo 2015-2017 se estableciera que Petróleos Mexicanos entregará 296 millones 533 mil 90 pesos cada año para conmemoraciones, celebración de asambleas, gastos por revisiones contractuales, justas deportivas y ‘‘apoyo a la comunidad petrolera’’.
La copia del acuerdo señala que incluso pactó con Pemex que se elevaran los montos de los viáticos a su comité y delegados regionales, por lo que la empresa, según la cláusula 251, le tiene que entregar mensualmente 7 millones de pesos para estos gastos.
A la par, Romero Deschamps aceptó la modificación del contrato colectivo de trabajo, sobre todo en lo referente al cambio del esquema de pensiones y jubilaciones, y firmó el ‘‘redimensionamiento’’ o despido y jubilación anticipada de personal, indicó por su parte la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (Untypp).
Este dirigente tiene en su haber un enorme número de procesos judiciales y laborales –e incluso órdenes de aprehensión que no han prosperado– por supuestos actos de corrupción dentro del gremio y por haber formado parte esencial del llamado Pemexgate.
Por su parte, el líder del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, Víctor Fuentes del Villar, llevó a cabo la modificación del contrato colectivo de trabajo, particularmente en lo que se refiere al esquema de pensiones y jubilaciones, y aceptó los convenios de restructuración de personal que resultaron en despidos, planteó la Coordinación Nacional de Electricistas (CFE-Suterm), que calificó a este dirigente, y a otros como el de Pemex, de ‘‘intocables’’ por el gobierno y las leyes.
La coordinación detalló que en los convenios con CFE este dirigente apoyó desde el inicio el proceso de desmantelamiento y privatización de la empresa: ‘‘Se quedó callado cuando se aprobaron las reformas a las leyes secundarias en materia de energía y ha aceptado la pérdida de más de 5 mil plazas, así como del sistema de jubilaciones del sector’’.
Fuentes del Villar está a la cabeza de dicho sindicato desde 2005, cuando falleció el ex líder del gremio Leonardo Rodríguez Alcaine, La Güera, ‘‘quien era su tío’’, según señalan fuentes del sector obrero.
El convenio contractual 2014-2016 señala la canalización de casi 200 millones de pesos anuales en apoyos a la revisión salarial, conmemoraciones, gastos de viaje y desplazamientos de sus representantes. Eso, más las cuotas y la administración de fondos que tiene bajo su mano esta dirigencia.
El comité de Fuentes opera el Fondo de Habitación y Servicios Sociales del Suterm, que cuenta con 5 mil 500 millones de pesos, así como el fondo común de préstamos, fondeado con 11 millones.



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Kate del Castillo: El día que conocí a Guzmán Loera

La actriz Kate del Castillo. Foto: Especial
La actriz Kate del Castillo. Foto: Especial

Kate del Castillo: El día que conocí a Guzmán Loera


La libertad de expresión es un derecho fundamental que toda persona tiene, por ende, todos podemos informar y ser informados sin ningún tipo de limitante, de ahí que las investigaciones periodísticas –documentales, escritos, cine, entre otras– se basan en el principio básico de no revelar la fuente y así poder obtener un trabajo objetivo. Deseo señalar que a lo largo de este artículo describo cómo empezó el proyecto para documentar la vida de Joaquín Guzmán Loera. Quiero aclarar que cuando hago referencia a “el proyecto” o “nuestro proyecto” me refiero al proyecto que dirigiría, realizaría y ejecutaría únicamente yo junto con dos productores de Hollywood.
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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Nací en la Ciudad de México. Mi madre es mexicana. Su padre también lo era, de Silao, Guanajuato, y su mamá era estadunidense nacida en El Paso, Texas. De esas raíces anglosajonas viene mi nombre: Kate. Mi papá es mexicano, nacido en Celaya, Guanajuato. Me hice actriz a temprana edad. El cine y la actuación han sido lo único que me ha apasionado y que, gracias a Dios, me ha dado de comer desde que tengo uso de razón, ya que mi padre también es actor y hemos vivido de este maravilloso oficio. Como actriz y cineasta siempre he buscado proyectos interesantes, fascinantes, retos para salirme de mi zona de confort. Es por eso que no pude decir “No”. Es por eso que decidí contestar un email y decir “Acepto”.
Desde hace algunos años convive otra pasión junto a mi gusto por el cine y la actuación. Por primera vez en mi vida me embarqué en algo diferente: tequila. No sólo me gusta tomarlo, me apasiona el agave que viene de la tierra. Es una bebida noble, el proceso es divino, pero sobre todo me gusta porque es México.
Hasta ahora no me ha faltado trabajo y no necesito dinero que no provenga de mi profesión como artista. Desafortunadamente en el amor no me ha ido igual de bien. Mi padre no quería que yo fuera actriz; me decía que era una carrera de “rechazo constante” y que para una mujer era aún peor, ya que sufrimos más en cuestiones del corazón. Qué verdad tan grande, comprendí después.
Hay ciertas vacaciones que a uno lo hacen reflexionar. Me sucedió después de un crucero con mi familia. Cabe mencionar que no me gustan los cruceros, nunca me han gustado; desde pequeña he sido retraída y me ponen nerviosa las multitudes. A eso se le suma el hecho de estar en medio de la nada, y pensar en la posibilidad de una “crisis existencial” en un momento así lo hace aún peor.
En esta ocasión iba toda mi familia. Recibiría 2012 con ellos, llena de amor, amor del verdadero, del real. De regreso a mi casa, sola y muy feliz de volver a la quietud –era un lunes en la noche–, quise recopilar todas las anotaciones que había ido dejando en cuadernos y notas: reflexiones, canciones y pensamientos escritos en los últimos años; reflexiones de cómo he cambiado mi forma de pensar a través de los 14 años que he vivido en Estados Unidos, una manera de conocerme más, lejos de mi familia, amigos y costumbres –muy arraigadas por cierto–, lejos de mi país. Preguntas sin respuesta acerca de la nación tan maravillosa que me vio nacer y donde hice una carrera: México lindo y querido. ¿Qué puedo hacer para ayudar? ¿Dónde hemos fallado como mexicanos? Lo más fácil es echar la culpa a los gobernantes, pero el cambio también empieza en uno mismo.
Me pregunto acerca de la gran diferencia entre la sociedad mexicana y la estadunidense, y también en lo que nos une: el crimen organizado. Quise guardar los textos en mi computadora. No soy escritora ni estoy cerca de serlo, simplemente me gusta escribir de vez en cuando, soltar aquello que a veces se aferra en mi cabeza solitaria. Lo hice. Sin haber transferido todo lo que encontré, hice un pequeño resumen y, ¡zas!…, lo tuitée. Me terminé mi copa de vino. Era alrededor de la media noche, cerré la computadora y me fui a dormir sin saber lo que se avecinaba. Sin poder imaginar que, aparentemente, Joaquín Guzmán Loera lee Twitter en su “tiempo libre” y me contactaría casi tres años después.
Como actor, uno interpreta personajes fuertes, débiles, violentos, adorables, detestables… Yo he interpretado un poco de todo, pero una caracterización se quedó en la mente de mucha gente y me atrevo a decir que aún está ahí, debido al gran éxito que tuvo alrededor del mundo. Este personaje sigue en mi corazón, igual que un par que no ha corrido con la misma suerte. Se trata de Teresa Mendoza La Mexicana, mejor conocida como La Reina del Sur –surgida de un bestseller del mismo nombre escrito hace más de una década por el español Arturo Pérez-Reverte.
Me entregué cien por ciento a Teresa Mendoza, me sumergí en el abismo de un personaje delicioso, que por cierto había perseguido años antes, sin suerte. Fue un gran riesgo como actriz, y el éxito me sorprendió en su totalidad. A pesar de lo duro (por decir una palabra suave) que fue la realización de dicha serie, valió la pena el desgaste físico, mental y emocional, las condiciones tan precarias en las que trabajamos por siete meses; gocé y sufrí al mismo nivel: Fue divino vivir el éxito que tuvo y que nunca me esperé.
Yo ya había terminado mi trabajo en esa serie, ya había dejado atrás a Teresa Mendoza, como lo hago siempre después de escuchar “¡Corte!”. De hecho, ya estaba preparándome para un nuevo reto: K-11.
Me pregunto si mi tuit habría tenido el mismo impacto si no hubiera interpretado a Teresa Mendoza. O, si no hubiera tenido el éxito que tuvo la serie, ¿se me habría atacado/aplaudido de la misma manera?
Lo que sucedió al día siguiente de mandar ese tuit y durante algunos meses más fue entre desastroso, vulgar y maravilloso. En medio de este caos, mi equipo (manager, agente, publicista) me pidió que borrara el mensaje. Me rehusé. Después de leerlo varias veces no encontré ni una palabra de la que me arrepintiera, incluso después de que me atacara mucha gente de muchos medios y hasta recibiera amenazas de fanáticos religiosos. Pensé que sería peor borrar algo que ya habían leído miles de personas, y más aún tratándose de algo en lo que yo creía y de lo que no me avergonzaba. Fue una carta a corazón abierto, y así lo sigo viendo hasta el día de hoy.
Muchos dijeron que “me creía” La Reina del Sur y que por eso escribí ese tuit. Nunca “me he creído” mis personajes después de enterrarlos. Mis personajes se quedan en el set, pero entiendo que no todos los actores trabajamos igual. La serie estaba teniendo un éxito rotundo y por eso comprendí que así lo visualizaran algunos. Estaría en un hospital siquiátrico si Blanca, la prostituta de American visa; Laura, la tratante de personas de Trade; Elena, la alcohólica de Julia, o Mousey, la transexual de K-11, me hubieran afectado de la manera que –se dijo– Teresa Mendoza lo hizo. Ahora bien, quiero compartir que sí me identifiqué con Teresa en varias ocasiones: mi segundo matrimonio iba ya en picada, Teresa y yo sufríamos juntas.
Los ataques, amenazas y gritos no se hicieron esperar y contribuyeron a mi inestabilidad emocional en las semanas siguientes a mi tuit. Me sentía como pollo descabezado. Ajá, así exactamente. No sabía para dónde ir. Con las emociones a flor de piel y el dolor de ser atacada por compartir mis creencias y, al mismo tiempo, halagada al recibir apoyo de gente que admiro y respeto, hablé con mis padres tratando de ocultar “la falta” que me achacaban. Lejos de mi familia –a la que siempre acosan los periodistas a causa mía–, me sentía responsable: Estaba frustrada, ya que la prensa estaba afuera de la casa de mis familiares y ellos no tenían ni idea de “la Chapocarta”, nombre que le dieron a mi tuit.
Estaba sola luchando contra los demonios, mi propio equipo y hasta algunas amistades. Pero no lo borré. Mi equipo me exigía que pidiera disculpas públicas. Me volví a rehusar. ¿Por qué disculparme? ¿Qué pasa con la libertad de expresión? Sería autocensurarme. Algo me decía que tenía que mantenerme fuerte y leal a mi pensar.
El acercamiento
Ya habían pasado tres años del famoso tuit. Estaba grabando en Miami Dueños del Paraíso –irónicamente otra narcoserie, nombre que ahora se da a las series y telenovelas cuando sus protagonistas se dedican al narcotráfico, ya sean personajes reales o ficticios–. Recibí una llamada de mi santa madre diciéndome que me estaban buscando para una película grande. ¡Si ella tan sólo hubiera sabido de quién se trataba en realidad! Como siempre, me preguntó si podía dar mi dirección de correo electrónico. Cuando me buscan por medio de mis padres prefiero tratar directamente antes de que contacten a mi manager, así que di la autorización.
El correo electrónico que recibí no decía mucho: una persona se presentaba y me pedía una cita para hablar del proyecto. Le contesté que el domingo era mi único día libre y que con gusto nos podríamos ver para tomar un café. Me respondió que ni él ni su equipo podían viajar a Miami y me pidió que yo fuera a México. Después de un intercambio de correos explicándole que no podía viajar por el momento, terminé pidiéndole que me mandara el guión para que ni ellos ni yo perdiéramos tiempo. La verdad estaba un poco desesperada por la hermética forma de tratar el asunto.
Después de aproximadamente tres semanas me llegó un nuevo mail. Ahí se leía: “Somos los abogados de Joaquín Guzmán Loera”.
Entendí todo. Mi cabeza se fue rápidamente a las “fantasías” de periodistas que, años antes, me preguntaban si El Chapo Guzmán me había contactado a raíz de mi tuit, algo que en su momento me causaba gracia. Mi corazón se paró por unos segundos antes de empezar a latir a una velocidad increíble. Creo que de hecho tuve un miniinfarto. Empecé a sudar, palidecí, mis manos temblaban.
Joaquín Guzmán Loera fue arrestado el 22 de febrero de 2014, y el correo electrónico de su abogado fue en septiembre del mismo año. No recuerdo el día. “Si no pueden venir, entiendo, yo voy. ¿Cuándo?”, les dije.
La única manera de que yo no faltara a la grabación de la serie era ir y venir el mismo día. Los vuelos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no eran opción. Así que renté un avión privado. Como buena escorpión prefiero tener las cosas bajo mi control. ¿Valía la pena el gasto? Ni siquiera lo pensé.
Hice los arreglos necesarios para salir en mi siguiente día libre. Esa jornada, recuerdo, me desperté a las 6 de la mañana, pues había programado el vuelo a las ocho, rumbo a Toluca, Estado de México. En realidad no dormí la noche previa; si acaso logré pegar los ojos fue por una hora. Me bañé, tomé café; ese café me supo diferente. No sabía qué me esperaba, mis decisiones eran robóticas, estaba como hipnotizada, no quería pensar mucho, no me quería arrepentir. Al llegar al hangar, sentí la necesidad de decirle a alguien que tomaría un vuelo. Me pregunté: “¿Qué tal si algo me pasa? Nadie va a saber”. Antes de viajar siempre le llamo a mis padres, pero tampoco era una opción.
Miles de preguntas me venían a la mente mientras caminaba lentamente hacia el jet. El calor húmedo de Miami no me ayudaba, ya estaba sudando. Sabía que estaba poniendo en riesgo muchas cosas. Tomé una foto de la cola del avión y se la mandé a Jessica, mi amiga casi hermana. Estaba segura que ella no me haría preguntas: “Amiga, asegúrate que yo regrese hoy mismo, si no, busca este avión, sin preguntas, por favor, no te preocupes”, a lo que contestó: “Estaré pendiente, que Dios te acompañe”.
Seguí caminando, cada vez más cerca del avión, mi familia se me venía a la mente, mi trabajo. Una vez que los pilotos me dieron la bienvenida a bordo, por alguna razón dejé de sudar, me sentía en paz. De hecho, entusiasmada. La curiosidad podía más que yo. El vuelo fue bueno, la turbulencia… estaba en mi cabeza. Al llegar al aeropuerto internacional de Toluca me aseguré con los pilotos de que regresaríamos esa misma tarde a Miami. Bajé del avión, era aproximadamente la una de la tarde.
Al pisar suelo mexicano sentí algo poco común en mí: una especie de escalofrío que me hizo temblar. Hacía un poco de frío. Otra vez empezó mi cabeza a dar vueltas, mi corazón estaba a punto de estallar, no sabía qué iba a encontrar al otro lado de la pista. Esta vez caminé con prisa, tal vez la taquicardia me dio otro ritmo. Al entrar al edificio de la terminal para pasar migración, me tomé un par de fotos con los empleados que me reconocieron.
Me detuve al ver a dos hombres vestidos de traje obscuro. Supe que eran ellos, porque inmediatamente me dieron la bienvenida con un gesto. Ambos de mediana edad, muy cordialmente me saludaron de mano y me indicaron que me subiera en la parte trasera de un vehículo pequeño, nada ostentoso. Eso me hizo sentir más tranquila. En la película que me había hecho en la cabeza, un convoy de camionetas blindadas con un escuadrón de hombres armados venía por mí. Nada que ver.
Me preguntaron en qué restaurante quería comer. “En el más cercano, unos tacos me hacen feliz”, les dije. “De ninguna manera”, y aunque estábamos en Toluca afirmaron: “El señor nos encargó que la lleváramos al mejor restaurante de la Ciudad de México, si se entera que la llevamos a unos tacos, nos mata”… Dios mío, dios mío, ¡¡¡DIOS MÍO!!!
Instintivamente contesté: “¿Cómo? ¿Literal… los mata?”. Parece que les hizo gracia mi tono más que la pregunta; nos reímos, me dijeron que les parecía muy chistosa y me relajé. En realidad fue una broma de muy mal gusto de mi parte. Terminamos yendo a un restaurante cerca del aeropuerto de Toluca. Estaba casi vacío, pero aun así ellos pidieron que nos dieran una mesa privada. Caballerosamente me jalaron la silla para que pudiera sentarme.
La plática fue muy directa. Durante nuestra reunión me mantuve muy atenta. Tenía la garganta y el estómago cerrados, el hambre se me fue por completo; estaba sedienta, mi boca estaba seca, pero me parecía que podría malinterpretarse si no ordenaba algo de comer, así que pedí algo ligero. Ellos me explicaron que el Sr. Guzmán había recibido varias ofertas de estudios de Hollywood para hacer la historia de su vida. Estando preso, era un sujeto ideal para “contar” su historia, sería el único narcotraficante (y el número uno, según la DEA) que en vida lo haría.
El Sr. Guzmán se rehusó a darle los derechos a todos… excepto a mí. ¡¿A mí?! Darme los derechos de su vida… ¡¿A MÍ?! “¿Por qué yo?”, les pregunté. “Porque la admira, la respeta y confía en usted plenamente. Le tiene respeto porque usted habla la verdad, no se anda con poses, por ese tuit donde a él lo menciona, porque es valiente y porque quiere que actúe en su película, ya que le gustó mucho su trabajo en La Reina del Sur”.
Lo primero que respondí –después de procesar lo recién escuchado– fue que yo tenía un nombre, una carrera y una hermosa familia, la cual no estaba dispuesta a perder haciendo una comedia romántica acerca del Sr. Guzmán. Lo que yo quería era documentar la vida del hombre a quien la nación más poderosa del mundo había nombrado enemigo número uno. Quería hacer algo que nadie hasta esa fecha había logrado, no por falta de ganas, sino por el hermetismo y desconfianza que, por mí, Guzmán Loera dejó atrás. Les dije que no podría decir mentiras acerca de quién es él, que esto era algo vital para poder seguir adelante. Ellos me respondieron: “Quiere decir la VERDAD, dejar las cosas claras acerca de muchos falsos, quiere hablar de su infancia y del porqué empezó en el negocio”. Agregaron que mi tuit, donde le pedía varias cosas, lo hizo pensar. Acepté. Me hicieron muchas preguntas acerca del mundo del cine, estaban muy interesados. Terminamos de comer, pidieron la cuenta y me llevaron de regreso al aeropuerto.
Una vez que me dejaron ahí, y ya mucho más relajada al ver que se despedían de mí diciéndome adiós con la mano mientras yo cruzaba la pista para subirme al avión, pude sentir que la garganta se me abría, la taquicardia ya no me acompañaba. Abracé a los pilotos, y han de haber pensado que las mexicanas somos muy apasionadas. Me devolvieron el abrazo. Ya en el avión mi cabeza seguía dando vueltas y trataba de recapitular cada palabra dicha en la reunión. ¡No lo podía creer! El señor Guzmán estaba dispuesto a darme el testimonio de su vida a mí, Kate del Castillo Negrete Trillo. Todo el vuelo me fui pensando en la gran responsabilidad que me había echado encima. Al llegar a Estados Unidos, subieron perros antidrogas al avión, me revisaron todo, y yo, “cara de palo”. ¡Estaba segura que mis nervios delatarían con quién estuve! Sentía que los perros me olerían… en fin, mil cosas me pasaron por la mente. Taquicardia de nuevo. Me hicieron varias preguntas, “cara de palo”, estaba segura de que alguien de la DEA me había seguido. Paranoia. Ya en mi departamento le mandé un mensaje a Jessica: “Ya en Miami, amiga, todo bien”.
Al día siguiente, en mi llamado para Dueños del Paraíso, irónicamente tenía que hacer una escena en la que mi personaje, Anastasia Cardona, traficaba droga a Estados Unidos. Nunca me sentí tan “en personaje”. No podía creer cómo la realidad y la ficción, a veces, no están tan lejanas.
En Miami conocí a uno de los dos productores que, por su experiencia en la industria de Hollywood, sería perfecto para presentarlo con los abogados del Sr. Joaquín Guzmán Loera e iniciar el proyecto.
La segunda fuga
La noche del segundo escape de Joaquín Guzmán (el 11 de julio de 2015), me encontraba en un bar de Los Ángeles celebrando una de las peleas que mi amigo Oscar de La Hoya patrocina en apoyo de los nuevos boxeadores. Admiro la disciplina del box, más si se trata de apoyar talentos nuevos. Siempre me han parecido trágicas y fascinantes las vidas de los pugilistas.
Recibí una llamada telefónica, y me quedé muda al escuchar que Joaquín Guzmán Loera había escapado. El techo del lugar –azul celeste– y su barra llena de botellas de tequila se volvían cada vez más pequeños a pesar de mi cercanía. La mesa de billar donde mis amigos mostraban su talento se volvía, con cada frase, más caótica, junto con mi palpitar. Colgué sin que la persona al otro lado de la línea terminara su reporte. Se me bajó la presión, todo se volvió un mundo de cristal, frágil, con un ritmo lento, casi en pausa. Mi visión se volvió borrosa, no escuchaba nada más, el sonar de las bolas de billar me retumbaba en el vientre. ¿Y ahora? ¿Qué pasaría con el proyecto? Salí corriendo del lugar sin dar explicaciones.
Una vez en mi casa abrí mi computadora. El sonido de las bolas de billar y los golpes secos de los boxeadores todavía me taladraban, esta vez en la parte alta de mis sienes. Joaquín Guzmán Loera se había escapado, por segunda vez. Me pareció INCREÍBLE, como a todos (es decir: inverosímil). Un escape de película, sin duda.
Mientras estaba preso, yo le pregunté a uno de sus abogados si podría mandarle una nota, pues quería agradecerle su confianza en mí. La respuesta fue positiva, se la harían llegar. Él respondió con una carta escrita con su propia letra, se refería a mí como “amiga” y firmaba “Joaquín Guzmán L”. Me impresionó mucho ver una carta de su puño y letra, en la que describía, entre otras cosas, su cena de Año Nuevo: “Amiga, me dieron pavo y una coca de a litro”. No fue sólo una carta, y todas las guardo aún.
Todo me daba vueltas. ¿Cómo iba a cumplir con el proyecto? Cuando estaba preso todo era más fácil. Yo planeaba mandar a un escritor al Altiplano a que se sentara con él y escuchara la historia de su vida de principio a fin, y así empezar a darle vida a la película. Sería tan fácil… pero ahora todo estaba acabado. Reflexioné: ¿qué va a ser de México? Pensaba en las personas que estaban a cargo de la seguridad de Joaquín Guzmán, ¿qué iba a pasar? ¿Cómo nos va a ver el resto del mundo?
La narcopolítica… México, mi doloroso y golpeado México. Me invadió una fuerte electricidad, me entraba por las manos y los pies… frustración, indignación. ¡¿Una vez más?! No dormí esa noche, aunque es usual en mí, ya que sufro de insomnio. Pero hay un abismo enorme entre aceptar el insomnio como un amante que llega en las noches, como dice el libro del escritor Alberto Ruy Sanchez, y un insomnio por angustia e incertidumbre. Alberto dice en su libro Elogio del insomnio: “Porque este insomne goza sus insomnios. En medio de la obscuridad, cada insomnio es felicidad luminosa, la luz que se vuelve el ámbito donde el inmenso placer de contar y escuchar historias toma existencia”. ¡Cómo te recordé, querido amigo Alberto! Mi existencia era LA historia y ahora se me había escapado de las manos.
Al poco tiempo fui a Marbella. Desde hacía años yo no visitaba España, donde había grabado una de las escenas más fuertes de La Reina del Sur: Teresa Mendoza se entera de la traición del padre del hijo que espera y, ahí, en Puerto Banús, zarpan en el Sinaloa, el barco nuevo de Mendoza; una vez en alta mar, El Pote, perro guardián de La Mexicana, termina con la vida de Teo Aljarafe, padre del hijo que Teresa lleva en el vientre: “La traición no la perdonan en mi tierra”… ¿Irónico? Sin duda.
En Marbella me encontré con uno de los productores que colaborarían en la película sobre El Chapo. No había mucho que decir, sólo nos vimos a los ojos con cariño y un poco de humor. Al enterarnos de la fuga, cada uno había padecido la frustración en su respectiva soledad. Nos abrazamos, seguros de que ya no habría proyecto. Muy en el fondo existía cierta decepción. No lo sé. Nos despedimos en total desesperanza.
La llegada de Sean Penn
Pasó algún tiempo hasta que volvieron a contactarme. Estaba estupefacta. ¿Cómo podían acercarse cuando todo el mundo estaba buscándolos? El señor quería que yo siguiera adelante con el proyecto. Me comuniqué con los productores inmediatamente. Las circunstancias habían cambiado. Uno de ellos me dijo que Sean Penn quería sentarse a platicar conmigo. En ese instante comencé a investigar sobre él, no como actor, sino como filántropo, como activista, como ser humano. Es un hombre consciente de lo que pasa en el mundo y realmente ha hecho algo para mejorarlo. Acepté.
Nos vimos en un hotel en Santa Mónica, California. Era el 22 de septiembre, y el productor ya estaba ahí. A los pocos minutos llegó Sean, en jeans y una chamarra tipo James Dean. Les advertí que yo no tenía mucho tiempo, ya que ese día recibiría la ciudadanía estadunidense. Sean paseaba su mirada profunda, penetrante; mejor aún, limpia, transparente. Al menos eso sentí. Su cabello, completamente canoso y abundante, su cara con marcas de experiencia, me dieron total tranquilidad. Confianza absoluta.
Me sorprendió su manera de dirigirse a mí, cordial pero al grano. Lo que los dos queríamos era hacerle preguntas al Sr. Guzmán, conocer su historia para poder documentar, discutir el proyecto y, finalmente, reforzar las palabras de mi tuit “trafiquemos con amor…”.
Me disculpé con Sean y el productor y me fui a recibir mi ciudadanía. Le llamé a mi papá para comentarle los sentimientos encontrados que tenía en ese momento, no de mi plática con Sean precisamente, sino acerca de convertirme en ciudadana americana. Fue un debate emocional dentro de mí pero pensé que, votando en Estados Unidos, puedo ayudar más a mis paisanos inmigrantes que, como yo, buscan mejores oportunidades de vida y que, con el dolor que eso conlleva, tienen que salir de nuestro país.
Viajé a Guadalajara el 25 de septiembre a celebrar el cumpleaños de un gran amigo. Antes de ir, avisé a los abogados del Sr. Guzmán de mi viaje, pues quería preguntarles en persona si era posible agendar una reunión con el señor. Los vi en el restaurante del hotel donde me hospedé con mis amigos. Los abogados y yo nos pusimos de acuerdo en cómo me iba a comunicar con Joaquín Guzmán: por chat.
No lo podía creer: entablé comunicación con el hombre más buscado del mundo en ese momento. Las manos me temblaban, sudaba, no podía expresarme bien. Así es como planeamos nuestro encuentro. Le dije que me acompañarían los productores –quienes financiarían el proyecto– y Sean Penn, un famoso actor de Hollywood. Con Sean a bordo, tendría más credibilidad. Aceptó. Contacté a mis tres acompañantes y les pregunté si de verdad estarían dispuestos a que nos reuniéramos con él.
Joaquín Guzmán Loera vive horas extras, consideré. Para él, mientras más pronto nos juntemos, mejor. Así es que hice arreglos entre nosotros cuatro y su gente; sería un viaje fuera de la ficción de las películas que Sean, los productores y yo estábamos acostumbrados a realizar. Me quedó claro que es verdad que entre actores hay una conexión y un lenguaje mudo entre miradas. Un periplo sin regreso, no podíamos echarnos para atrás, ya era demasiado tarde, era un hecho.
El viaje fue organizado y pagado por mí, si bien tiempo después Sean me dio una parte del dinero que costó. Lo pensé como una inversión para el proyecto, el cual podría ser una película, pero también un documental, un libro, etc. Tenía en mis hombros un peso gigante. Estaríamos visitando al prófugo número uno, gracias a la confianza que depositó en mí. ¡¡¡¡Qué presión tan cabrona!!!!
Cara a cara
El día anterior a nuestro viaje, Sean estuvo en mi casa para ultimar detalles. Yo tenía un par de invitados y el maravilloso mariachi Los Reyes, que me acompaña cuando la nostalgia por México me gana. Sean y yo nos tomamos una foto con ellos.
Me preparé para la partida. Llena de preguntas y temores, pero también decidida y fuerte, no estaba sola.
Fue el 2 de octubre del año 2015. Fui la primera en llegar al hangar en la ciudad de Van Nuys, California. El vuelo estaba programado para las 8 de la mañana. Calurosa mañana. Me pregunté si mis tres compañeros llegarían o, tal vez, habían decidido no arriesgarse a última hora. Yo traía puestos unos jeans negros, botas, una tank-top negra, una chamarra gris y mi cinturón de la Virgen de Guadalupe, así me sentí más protegida. Le preparé a Joaquín Guzmán un itaKate con una de mis películas (La misma luna); otra de Sean Penn (21 gramos) dirigida por el mexicano que nos ha hecho sentir tan orgullosos recientemente, Alejandro González Iñárritu; mi tequila; el libro que escribí hace tiempo, Tuya, y un libro de poemas de Jaime Sabines. ¿Por qué? No sé. Siento que en el fondo quise tocar su corazón, quise tal vez sensibilizarlo con poesía y cine.
Así que mientras esperaba a mis acompañantes, revisé todo. Mandé mensajes de texto a los tres, asegurándome de que tenían la dirección correcta del hangar. Sentada en la sala de espera, se sentó frente a mí un hombre que me saludó como si me conociera, y se ofreció a servirme café. Lo miré con desconfianza, ¿sabría algo? Tal vez era de la DEA, o tal vez un infiltrado del gobierno americano que nos sabotearía el viaje. Muy amablemente acepté el café para ver si, mediante su comportamiento, podía descubrir su verdadera identidad. No lo logré. Paranoia.
Al fin llegaron mis compañeros, con una sonrisa. Respiré. Siempre respiro y me tranquilizo, pero esta vez no ocurrió así. Los tres me saludaron con un fuerte y significativo abrazo. Estaba por demás decir algo. Nuestras miradas estaban ajenas a todo lo que pasaba alrededor. Entendimiento entre camaradas, todos de diferente nacionalidad, por cierto: Sean, estadunidense nacido en Los Ángeles, surfer de las playas de Malibú, California; yo, mexicana y ahora también americana, que había dejado mi país para seguir mi sueño como actriz; los productores… bueno, de ellos mejor no hablo, diré que son simplemente productores exitosos de Hollywood que me ayudarían a financiar el proyecto. Me sentí completa y protegida.
Subimos al avión autofinanciado, me persigné y volamos al viaje más cabrón que jamás haya realizado, por lo menos despierta. Siempre dudaré si lo soñé o realmente lo viví. En el avión se platicó muy poco. Al aterrizar nos esperaba una camioneta del hotel. Y al llegar ahí nos encontramos con uno de los abogados del Sr. Guzmán, quien nos pidió que, como medida de seguridad y para que no supiéramos a dónde íbamos, dejáramos nuestros teléfonos y cualquier otro aparato electrónico que trajéramos. No nos sorprendió.
A los pocos minutos nos recogieron un auto y dos camionetas de seguridad. Fue dentro del automóvil que nos enteramos que quien manejaba era nada más ni nada menos que uno de los hijos de Joaquín Guzmán. Después de aproximadamente una hora llegamos a un lugar donde nos esperaban dos avionetas.
Volamos cerca de dos horas y media. Mis colegas y yo le preguntamos al hijo del Sr. Guzmán si no nos vendarían los ojos, a lo que contestó: “¿Dónde está la confianza? Además, si los dejáramos aquí, ¿sabrían dónde están?”. La respuesta era no. La avioneta se movía demasiado, volábamos bajo. Sean se llevó un par de mis uñas clavadas en su brazo. Recordé que traía mi tequila, sin dudar le di un buen trago y lo compartí con mis acompañantes para amenguar los nervios de la turbulencia. Aterrizamos.
Un par de pick-ups ya nos esperaban. Viajamos alrededor de siete horas, entre la selva. No habíamos comido. Al llegar al lugar donde sería el encuentro me abrieron la puerta del copiloto y nuestro anfitrión me recibió con un abrazo. Deduje que era él porque me llamó “amiga”, ya que ni tiempo tuve de ver su cara en ese momento. Cuando finalmente le vi el rostro no lo podía creer, en verdad era él. Ya era de noche. De ahí en adelante no pude quitar mi mirada del hombre que había escapado por segunda vez de un penal de máxima seguridad. Tampoco quería ver mucho alrededor. “Mientras menos sepa, mejor”, pensé.
Nos esperaba una cena muy mexicana. A pesar de llevar tantas horas sin comer, el hambre se me quitó por completo. Yo traducía simultáneamente entre Sean y el Sr. Guzmán, muy concentrada en no cambiar palabras o ideas. Dentro de las muchas cosas que se hablaron, Sean preguntó al Sr. Guzmán si podía escribir un artículo para la revista Rolling Stone, lo cual me sorprendió totalmente. Yo no tenía conocimiento alguno de esto. También le preguntó si era posible tomarnos una foto para verificar nuestro encuentro, y él accedió. Cuando nos colocamos en un espacio donde había una pared blanca, vi por primera vez un arma; yo nunca vi hombres armados mientras estuve ahí.
Después de varias horas de plática, el tequila tuvo sus efectos en mí, los cuales no pasaron inadvertidos por nuestro anfitrión, quien me dijo que sería mejor que me fuera a dormir. Yo estuve de acuerdo. El Sr. Guzmán dijo que él me acompañaría. Hubo una pausa en la mesa, mis acompañantes me vieron con preocupación.
El Sr. Guzmán respetuosamente jaló mi silla y me acompañó. Caminamos por un pasillo, él me tomó del brazo. El corazón me latía a una velocidad que no sabía que era posible. En ese corredor, mientras caminaba llevada del brazo de Joaquín Guzmán Loera, no sé de dónde me salió valor para hablar. Pensé que si le molestaba lo que estaba por decirle, tal vez ésas serían mis últimas palabras: “Amigo, no se te olvide lo que te pedí en mi tuit, tú puedes hacer el bien, eres un hombre poderoso”. Él me veía con esa mirada penetrante que me atravesaba el cráneo; muy atento me siguió escuchando, continué con voz firme: “Y nuestro proyecto también va a servir para resarcir de alguna forma a las víctimas del crimen organizado, amigo, ¿cómo ves?”.
Tal vez mi voz estaba firme, pero todo por dentro me temblaba, me sentía una nada. Su mirada –que no me había quitado de encima– se clavó aún más en la mía. Miniinfarto, me quería morir. Segundos que me parecieron eternos, hasta que me contestó: “Amiga, tienes un gran corazón, eso me parece muy bien”. Yo seguía temblando por dentro, su mano en mi brazo me sirvió para no desvanecerme. El siguió hablando; me dejó claro que yo dormiría en la cama que estaba separada de las otras dos por un biombo, para mi privacidad. Después agregó que ya no lo vería, que él nunca duerme donde sus invitados por seguridad de éstos. Me abrazó y me agradeció haberle dado unas horas de felicidad. Y se fue.
No sé cómo caminé hasta el biombo, que me sirvió de bastón. Me acosté completamente vestida, pensando que si había que correr estaría lista; también por pudor, siendo la única mujer ahí. Cansada, con la presión del encuentro y los efectos del tequila, con todo y mi insomnio, me dormí.
Creo que una hora después nos despertó el abogado y emprendimos el viaje de regreso. Una tormenta se avecinaba, por lo cual no pudimos tomar las avionetas que nos habían llevado. Me pidieron que yo manejara de regreso y así lo hice. Llovía fuertemente. Después de varias horas de camino, llegamos por fin al hotel a bañarnos y recoger nuestras cosas. En el avión de regreso a Los Ángeles íbamos sólo Sean y yo, ya que los productores viajarían a diferentes destinos. La verdadera pesadilla la viví después del viaje. A partir de entonces, me pregunté: ¿Los productores, Sean y yo tendremos una historia que nos unirá para siempre? No lo sé. Y eso NO define quién soy. Gracias a Dios.



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Dinero


El regreso de Carmen Aristegui
36 mil millones valen terrenos del aeropuerto
La revisión a OHL

Enrique Galván Ochoa
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E
l día 13 de marzo de 2015 fue el último en que fue transmitido el programa de Carmen Aristegui en MVS Radio y simultáneamente en su canal de televisión 52MX, propiedad de Joaquín Vargas y sus familiares. ¿Qué ha sucedido desde entonces? Ella se encuentra bien; continúa, como todos sabemos, con su programa en CNN México y en Reforma. Obvio: ha tenido que sortear momentos difíciles. La demanda de amparo que presentó contra MVS para su reinstalación hasta el término de su contrato no prosperó –como tampoco los diferentes recursos de sus colaboradores y centenares de ciudadanos. Es innegable, aunque no lo acepten, que el tema de la residencia presidencial desató la decisión del gobierno de sacarla del aire. El papel que jugó la Suprema Corte de Justicia fue lamentable: se negó a atraer el expediente. Ningún ministro votó a favor, ni siquiera Olga Sánchez Cordero, la ministra dizque menos conservadora, en quien se cifraron esperanzas. Por otro lado, las puertas de la radio y televisión privados se cerraron, inclusive Radio UNAM, cuando todavía era rector José Narro. ¿Qué sigue entonces en la carrera profesional de Carmen Aristegui? Sólo una parte de la respuesta la tiene la periodista, la otra le corresponde al público. Si hay una buena disposición de la gente –y no dudo que sucederá así– pronto veremos su regreso al radio, vía Internet.
Mejor que un pozo petrolero
Se requiere un ábaco para tener claro por qué políticos del equipo de Peña Nieto disputan con los de Miguel Ángel Mancera por los terrenos que desocupará el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en 2020, cuando su operaciones se muden a la nueva terminal. Son 720 hectáreas, equivalen a 7 millones 200 mil metros cuadrados. Y el precio promedio actual en aquella zona de la capital es de 5 mil pesos el metro cuadrado. Estamos hablando de una suma fabulosa: 36 mil millones de pesos. ¿Cómo van a dejar escapar tamaña riqueza? Si hubiera una pizca de responsabilidad con los ciudadanos, ya estarían de acuerdo en que la superficie su utilizara para hacer un bosque. Es necesario hacer una consulta pública, democrática, vigilada por representantes de la sociedad, no como la mascarada que sirvió de base para subir el precio del Metro.
Una de las favoritas
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores ofreció que presentará antes de que acabe el primer trimestre de este año el resultado de su investigación sobre OHL México, por las presuntas irregularidades de su contabilidad (del total de sus ingresos, 74 por ciento corresponde al renglón otros ingresos de operación. OHL es una de las empresas consentidas de los políticos toluqueños. El primer trimestre termina el último de marzo, si lo ha olvidado el presidente de la Comisión, Jaime González Aguadé.
@VoxPopuli
Asunto: los presidentes
Ollanta Humala es el presidente de Perú y anda en problemas por un supuesto lavado de dinero en que está relacionado su esposa, Nadine Heredia. Es una nadería lo de Nadine, sólo 38 mil dólares en joyas. Sin embargo, no es a Humala a quien me quise referir el viernes, sino al presidente de Bolivia, Evo Morales, quien acaba de perder un referendo para su relección. A las personas que advirtieron la imprecisión, gracias por seguir mi trabajo.
Twitteratti
Acabo de hablar con Lula para expresarle nuestra solidaridad. Lula es un guerrero y vencerá esta nueva canallada. ¡Latinoamérica te abraza!
Rafael Correa @MashiRafael
La Ciudad de México amaneció con un arcoíris que no lo tiene ni Obama. En 2018 lo vamos a vender.
Prometeo @Prometeico
No sé si reír o llorar. OHL prospera mientras ICA está en problemas, lo bueno del asunto es que más españoles tendrán trabajo.
Ramón @rgomez033
Twitter: @galvanochoa
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Astillero


Un año sin Aristegui
La mansión oscura e impune
Amedrentamiento sexenal
Reynosa, CO, Meade
Julio Hernández López
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CARRERA DE LA SEDENA. Carlos Padilla Becerra, presidente del Comité Olímpico Mexicano; el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y Jesús Mena, ex dirigente de la Conade, participaron en el banderazo de salida de la sexta carrera deportiva 100 años de la industria militar, realizada la mañana de este domingo en el Campo Militar número uno, en la Ciudad de MexicoFoto Cristina Rodríguez
U
n año atrás, en la cabina de MVS, lo último que se difundió en el programa periodístico dirigido y conducido por Carmen Aristegui fue Often a bird, una pieza musical del compositor, ejecutante, cantante y musicólogo belga Wim Mertens (https://goo.gl/PRUuR4 ). Ser con frecuencia un ave, o tender a serlo, fue la selección escogida para finalizar un ciclo de información y análisis que con profesionalismo, profundidad y valentía realizó un equipo que fue sentenciado al despido de las frecuencias radiofónicas acostumbradas y a un ejemplificante veto laboral en nuevos proyectos conjuntos cuando menos por lo que resta del sexenio presidencial en curso.
El periodismo como ave de libertad ha empeorado desde entonces. El mensaje intencionalmente establecido desde aquella mañana del viernes 13 de marzo de 2015 quedó registrado en la mayoría de los mandos empresariales y directivos del periodismo mexicano y en muchas de las figuras relevantes que emiten comentarios y modulan el flujo informativo. Aristegui, su equipo, ese periodismo atrevido y crítico, eran castigados desde el poder público por (entre otros casos, pero esta gota, auténtico charco, derramó el vaso de la tolerancia pinolera) la develación de las maniobras financieras privilegiadas y con absoluto conflicto de intereses que llevaron a Angélica Rivera de Peña a hacerse de una mansión en las Lomas de Chapultepec gracias a la ayuda de un contratista (Juan Armando Hinojosa Cantú, dueño del Grupo Higa) inequívocamente beneficiado por Enrique Peña Nieto como gobernador y luego como ocupante de Los Pinos.
La Casa Blanca se convirtió en la mansión de la oscuridad y la impunidad. Merced a esa develación de las maniobras inmobiliarias en la cúspide del poder, el abanico radiofónico sufrió el cercenamiento de una de sus partes más activas en el suministro de datos y opiniones para el entendimiento de lo que va sucediendo en el país. Aristegui y su equipo (por dar ejemplos: Kirén Miret en la producción; Lorenzo Meyer, Denise Dresser y Sergio Aguayo en una mesa de análisis; Enrique Galván Ochoa, entre otros comentaristas; Salvador Camarena como jefe de información en el último tramo) ofrecían diversidad en una planicie de periodismo electrónico en su mayoría entendido con los poderes o, en algunos valiosos casos, ejercitante cuidadoso de la crítica no tan penetrante, ante el riesgo de las reacciones de los comisarios mediáticos.
El golpe a Aristegui y su equipo implicó un mensaje de amedrentamiento sexenal al periodismo que osare adentrarse en temas y terrenos prohibidos, una supresión del derecho de las audiencias a estar informadas de manera integral y profesional y un montaje gubernamental para eludir castigo a las maniobras relacionadas con la Casa Blanca, habilitando a un bufón sin camuflaje, Virgilio Andrade, para emitir falsos certificados de inocencia a la esposa del jefe que lo nombró secretario de la Función Pública y caviares (SeFunPuCa) y al propio jefe al que otros asuntos le han saltado.
Un año sin Carmen Aristegui y su equipo y sin un noticiero radiofónico con ellos es un año más de minusvalía ciudadana, de bofetada al público crítico y ávido de otra manera de informar en la radio, de consolidación del cinismo y la impunidad en las alturas del poder mexicano (aquí, el Astillero de un año atrás, referido a El bosque periodístico; Lo de MVS, un ejemplo; ¿Y las reglas para publicidad? http://goo.gl/LKNfxn). Often a bird, la pieza final del programa de aquel viernes 13 de marzo de 2015, sigue en espera de inaugurar la reanudación del trabajo periodístico de Carmen y su equipo. Como un ave.
En Tamaulipas la violencia del llamado crimen organizado (CO) está virtualmente institucionalizada. Anteriores gobernadores eran parte de las mafias operativas y el actual, además, ha resultado superior en cuanto a invisibilidad e ineficacia, absolutamente desentendido de las obligaciones del cargo, permisivo en absoluto de lo que hagan los verdaderos mandos estatales, que son los jefes de los cárteles. Egidio Torre llegó al poder porque asesinaron a su hermano a unos días de las elecciones y está por dejar el poder que nunca ejerció más que en sus peores facetas. Mientras tanto, por toda la geografía tamaulipeca se viven balaceras, enfrentamientos, secuestros, cobro de piso, extorsiones, torturas y asesinatos.
La madrugada de este domingo sucedió en Reynosa, donde hubo narcobloqueos y tiroteos (cuando menos diez muertos, según la aritmética oficial, siempre muy a la baja), como ha venido sucediendo en otras fechas allí mismo y en otros lugares. La elección de nuevo gobernador parece destinada a un mero cambio de administrador general (probablemente Baltasar Hinojosa Ochoa, para mayor gloria de Higa-Juan Armando Hinojosa- Casa Blanca), con un PRI que siempre ha ganado ese tipo de comicios y un CO dispuesto a financiar campañas y a imponer triunfos incluso amenazando y ejecutando a quienes se oponen a esa continuidad política mafiosa (por cierto, en pleno domingo de violencia, anduvo en Reynosa el secretario de Desarrollo Social y electoral, José Antonio Meade, quien repartió despensas de demagogia e incluso puso en Twitter ¿mensajes de autocrítica al régimen actual? al decir que En muchas ocasiones, los sueños de desarrollo se ven amenazados por quienes hacen de la mentira y la violencia su forma de hacer política).
A la hora de cerrar esta columna eran imprecisos los primeros resultados de la elección extraordinaria en Centro, el municipio de Tabasco cuya capital es la ciudad de Villahermosa. En esta contienda participaron como jefes partidistas el gobernador perredista Arturo Núñez, el dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y el ex candidato presidencial priísta Roberto Madrazo Pintado. Y, mientras Héctor Yunes Landa rendía protesta como candidato del PRI en Veracruz, con Javier Duarte de Ochoa como invitado, diciendo el aspirante que yo quiero ser gobernador, no carcelero. Eso no le sirve a Veracruz, no me he preparado para cobrar facturas, ¡hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero



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