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jueves, 10 de noviembre de 2016

Dip. Rodrigo Abdala (MORENA) - PEF 2017 (En Contra)



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La aterradora decisión entre la guerra y la paz


Robert Fisk
Como muchos presidentes antes que él, el magnate de los inmuebles debe prepararse para la complejidad del combate político en Medio Oriente, pero, ¿sabe dónde se ubica esta región?
Beirut.

Desde luego, no habrá cambio en Medio Oriente. Lo único que siempre unió a Hillary Clinton y a Donald Trump –pese a las tonterías de Trump sobre los inmigrantes musulmanes– era la extensa área entre Argelia y la frontera india-paquistaní. ¿O es la frontera entre Marruecos e India y Pakistán? ¿O la frontera iraní-paquistaní? Dios sabe dónde está Medio Oriente en la mente de los políticos estadunidenses… o en la de Trump. Bueno, son un montón de musulmanes, supongo, además de Israel, donde la mayoría de la población es judía. Un Medio Oriente que también tiene una pizca de cristianos, cosa que recordamos cuando sus iglesias son incendiadas y su gente es esclavizada porque, hace mucho, cuando a Europa se le llamaba el reino cristiano... nosotros en Occidente nos denominábamos cristianos también. Pero hasta ahí llega nuestro conocimiento.
Por tanto, el Medio Oriente de Trump muy probablemente es casi el mismo que el de Hillary. Un apoyo acrítico a Israel, con sus armas nucleares y su caótico primer ministro, la estridente perorata sobre el terror, terror, terror, terror, terror (borren la palabra cuando se hayan cansado de ella), y un respaldo a los moderados, así sean rebeldes (al estilo de los sirios), presidentes y reyes (de la clase de Sisi en Egipto y Abulá en Jordania) y a nuestros amigos (sauditas/cataríes, kuwaitíes) cuyos difuntos reyes probablemente merecerán una bandera a media asta.
Pero a todos los armaremos. Podemos estar seguros de esto: los estados del Golfo continuarán devorando armas/misiles/tanques/aviones y Trump visitará estas polvorientas monarquías y recibirá trato de rey –lo cual, supongo, le gustará mucho– y le garantizará a Israel un apoyo eterno, constante e incuestionable a la única democracia de Medio Oriente y exigirá a la Palestina ocupada que haga decisiones difíciles por la paz.
Como garantía, está esa pequeña promesa que hizo Trump durante su campaña de mudar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Dicha promesa ha quedado olvidada en un casillero durante tantos años que los muchachos de la Casa Blanca seguramente tienen muchos archivos al respecto, amarillentos de viejos, sobre el porqué algo así molestaría mucho a los árabes, especialmente a los palestinos (quienes querrían una embajada estadunidense en su mitad de la capital de Jerusalén), si de verdad el embajador de Estados Unidos tomase el camino hacia la Ciudad Santa. Pero sospecho que las medidas de seguridad ocasionarán que el pequeño proyecto sea puesto en espera de momento.
Y, sin embargo –siempre hay sin embargos cuando asume un nuevo mandatario en Estados Unidos–, muchos presidentes han tenido que lamentar sucesos en Medio Oriente, Afganistán, Irak, Siria… la Casa Blanca no es muy afecta a ondear banderas por esas naciones, ¿verdad? ¿Qué hará Trump cuando esos países representen una amenaza para Occidente? ¿Desempolvar sus odios antimusulmanes? ¿Llamar a su amigo Vladimir? ¿Pedir que le presten un atlas?
Pero recuerden que solíamos decir cosas así sobre George W. Bush… y tuvimos la invasión a Irak. La presidencia de Trump no puede darse el lujo de adoptar el mismo camino. ¿O sí?
Por tanto, me arriesgaré a hacer una cruel predicción: Medio Oriente se levantará y embestirá a Donald Trump cuando él menos lo espere y lo enfrentará a una decisión aterradora (guerra o paz), y su administración –como sea que ésta resulte– no estará en condiciones de afrontarla. Ésta será la responsabilidad última de los electores estadunidenses, desde luego. Pero no nos olvidemos de nuestro altivo caballo británico. ¿Se acuerdan de un muy popular primer ministro que gobernó no hace mucho? De pronto se vio atrapado en Afganistán, ¿no es cierto? Y después en Irak, ¿verdad? Tony… ¿cómo se llamaba?
The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca



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Las siete propuestas de Trump que explican su victoria

Ignacio Ramonet
 
La victoria de Donald Trump (como el Brexit en Reino Unido, o la victoria del no en Colombia) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo desconocido. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadunidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo políticamente correcto, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la palabra libre de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la rebelión de las bases. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador por la otra. Su discurso violentamente antiWashington y antiWall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un conservador con sentido común y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerrealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadunidense entre la cual han empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la casta. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son corruptos, delincuentes y violadores. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándolos a México. O su propuesta, inspirada en Juego de tronos, de construir un muro fronterizo de 3 mil 145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes… Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadunidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es la base de una sociedad libre, y su critica a la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas leyes de libertad religiosa, impulsadas por los conservadores en varios estados, para denegar servicios a las personas LGBT. Sin olvidar sus declaraciones sobre el engaño del cambio climático que, según Trump, es un concepto creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadunidense pierda competitividad.
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Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, habla ante sus seguidores tras conocer que ganó la elección, en el Hotel Hilton, en Nueva YorkFoto Afp
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadunidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadraba.
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa, analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los deshonestos medios. Trump suele afirmar: No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación[i]. En un tuit reciente, por ejemplo, escribió: Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20 por ciento.
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito.
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que en los últimos 15 años, en Estados Unidos, más de 60 mil fábricas tuvieron que cerrar y casi 5 millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.
3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: El ATP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos.
En regiones como el rust belt, el cinturón del óxido del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.
4) Su rechazo a los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los sin techo, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la organización Estado islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no puede imponer la paz a cualquier precio. En contradiction con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN.
Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas con bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el porqué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar al planeta en un ciclo de 40 años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia, con Marine Le Pen– es el autoritarismo identitario. Un mundo se derrumba, pues, y da vértigo.





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Dinero

 
El pleitazo de Trump y Slim
Renunció el magistrado cachondo
Videgaray y los huérfanos de Hillary
Enrique Galván Ochoa
 
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o es lo mismo pelear con los presidentes de México, que le han negado permiso para su canal de televisión de paga, o con Emilio Azcárraga y quitarle contratos de publicidad a Televisa, que enfrentar al presidente de Estados Unidos. Es algo en que Carlos Slim debe estar pensando desde la madrugada de ayer, cuando se conoció el triunfo de Donald Trump. Han tenido una serie de desencuentros durante la campaña, que se han ventilado en los medios internacionales.
1. En junio de 2015, la productora estadunidense OraTv, controlada por Slim y el presentador Larry King, canceló un proyecto con el entonces precandidato republicano, tras sus comentarios ofensivos hacia los mexicanos.Trump dijo que ‘‘México manda a su gente, pero no manda lo mejor’’ a Estados Unidos, y aseguró que los inmigrantes ‘‘están trayendo drogas, crimen y violadores’’.
2. En febrero de este año, Trump acusó a Slim de ‘‘dar línea’’ al diario The New York Times para atacarlo. Esto tenía relación con un reporte en el que dos mujeres acusaron al político de haberlas ‘‘tocado’’ sin su consentimiento. ‘‘Ciertamente un mexicano muy rico posee una gran parte del periódico y tiene una gran cantidad de poder sobre el periódico’’.
3. En el contexto de la polémica, Trump señaló que Slim –quien es donante de la Fundación Clinton– estaba interesado en ayudar a su rival (Hillary) a llegar a la Casa Blanca. El director de The New York Times, Arthur Sulzberger Jr., aclaró en un comunicado que ‘‘Carlos Slim es un accionista excelente que respeta a cabalidad los límites que tienen que ver con la independencia periodística. Nunca ha tratado de influir en lo que reportamos’’.
Una calamidad
Slim no se ha cruzado de brazos, por cierto. En días recientes dijo que un eventual gobierno de Trump provocará graves problemas para la economía de la región y del mundo. Si Trump grava los bienes de consumo que Estados Unidos importa con tasas de 35%, como lo ha anunciado, ‘‘se destrozaría la economía americana (sic) con una inflación brutal’’. De entrada, el triunfo de Trump le costó a Slim 5 mil 800 millones de dólares, luego de que el peso sufrió un derrumbe hasta de 12 por ciento frente al dólar, de acuerdo con Bloomberg. Su fortuna bajó 49.2 mil millones de dólares; un día antes era de 55 mil millones, también según Bloomberg.
Renunció magistrado cachondo
Lo devoraron en las redes sociales y tuvo que renunciar el presidente de la Sala Regional (Xalapa) del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Juan Manuel Sánchez Macías. El lunes pasado dijo que como hombre, padre y como mexicano le duele que a la mujer se le permita llegar a cargos públicos ‘‘a cambio del acostón’’ y otras lindezas. Buscará chamba de guionista en la industria porno.
Videgaray
Ahora resulta que Luis Videgaray es un genio. Fue el único del gabinete que vio las posibilidades de Donald Trump de llegar a la presidencia de Estados Unidos; lo trajo a México, pero el tema del muro se salió de control y se quedó sin chamba. Pero el nuevo presidente tiene una gran opinión de él. Del lado de Hillary, hay huérfanos. En primer lugar, Margarita Zavala, que hacía cálculos basados en la afinidad de género que pudiera llevarla a la presidencia. Marcelo Ebrard se quedó varado al otro lado de la frontera haciendo campaña. Y, por supuesto, los entusiastas senadores que fueron a Washington a echarle porras a la dos veces derrotada aspirante presidencial: las panistas Laura Rojas y Mariana Gómez del Campo, la priísta Hilda Flores, el perredista Zoé Robledo y Gerardo Flores, del Partido Verde.
Ombudsman Social
Asunto: la coartada perfecta
¿En qué nos perjudica que haya ganado Trump?
Que tengamos una crisis. Esperen, ¡ya la tenemos!
Que se recorte el presupuesto federal. ¡Ya se hizo!
Que al no poder cruzar la frontera norte, los delincuentes se queden en México y por ese motivo aumente la violencia. ¡Ya está pasando!
México siempre ha estado amolado y seguirá si no trabajamos desde dentro. Dejemos de poner de pretexto a los gringos, por Dios.
Francisco Álvarez García/Ciudad de México
R: De acuerdo. Sin embargo, hay un elemento nuevo. El señor Donald Trump es quien ahora toma como pretexto a los mexicanos de muchos de los males que existen en su país.
Twitteratti
Las cosas como son: Así como en Estados Unidos inflaron a la candidata @HillaryClinton con encuestas amañadas, en México están inflando a @Mzavalagc. Tambien perderá.
Vero A. Islas @lovrega
¿Ya ven ustedes lo que pasa cuando dejan que el pueblo elija libremente? Afortunadamente en México no tenemos ese problema.
@Cabeza_depollo
De pronto se escucha una voz en la oficina de campaña de la candidata @HillaryClinton diciendo: que traigan a Manuel Bartlett.
@soysaverio
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Astillero


Mexicanos ante el espejo
Es Trump, pero somos nosotros
Margarita: apuesta perdedora
Iglesia doblega a Peña

Julio Hernández López
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LOS 400 PUEBLOS VUELVEN A REFORMA. Integrantes de los 400 Pueblos se manifestaron ayer en Paseo de la Reforma. Llevaban fotos de Miguel Ángel Yunes y de Donald Trump. Exigieron una reunión con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para hablar sobre el incidente que involucró al dirigente del PAN, Ricardo Anaya, al gobernador electo de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, y a Santiago Creel, en junio pasadoFoto Jesús Villaseca
L
a espectacular victoria republicana en Estados Unidos ha puesto de golpe a México frente a su espejo. Junto a las implicaciones aberrantes del resultado favorable a Donald Trump, la estructura dominante de México y parte de la sociedad mexicana han sido colocadas en un diván de autoanálisis, luego de una larguísima temporada de complacencias y justificaciones que fueron acumulando las distorsiones suficientes para modelar este país, angustiado y derrotado por el desenlace de unos comicios ajenos.
Es Trump, pero somos nosotros. Grave el triunfo electoral de un personaje turbio y pernicioso en el vecino país, con evidentes consecuencias negativas para el mundo en general y para México muy en particular, pero todo ello se agrava por la debilidad largamente cultivada de un país, el nuestro, que hasta ahora (en gran parte de su población) se ha dedicado a sobrellevar sus desgracias, a aceptar la fatalidad de los gobiernos ineptos y corruptos, a ver pasar el desfile de agravios al interés nacional como si fueran cosa de otros, atenido al tutelar funcionamiento sabidamente maligno de un sistema político y económico que nos ha hundido y nos expone a peores circunstancias ante un huracán a la vista, de apellido Trump.
En todo caso, los términos exactos del desastre están por verse. Las primeras horas fueron aparatosas, con los mercados financieros mundiales tomando angustiada nota a la baja del vuelco estadunidense. A las siete de la mañana, José Antonio Meade y Agustín Carstens daban conferencia de prensa en México para no decir nada sustancioso, testigos del deslizamiento que luego se daría, ya con el dólar a más de 20 pesos. El desdibujado aparato diplomático mexicano anunciaba (nomás por anunciar) que los consulados en Estados Unidos se convertirían en espacios de defensa de los paisanos, cosa que nunca ha sucedido a lo largo de varios sexenios, convertidas esas representaciones en refugio para políticos sin acomodo local, fuente de negocios y frivolidades, pero nunca de atención real a los problemas de los pomposamente llamados compatriotas.
Por lo pronto, Peña Nieto juega a creerse secretamente triunfador porque fue empujado (por el otro presunto ganador, Luis Videgaray) a recibir con oportunidad al verdugo ahora victorioso, mientras las redes sociales y el cotilleo lo describen con ironía como forzado contribuyente hasta en términos físicos (cargando botes de mezcla, por ejemplo, o acarreando ladrillos) para la construcción del muro de la vergüenza. Ya habló el mexiquense con Trump y pronto podría darse una entrevista entre ambos (es de desearse que no sea nuevamente en Los Pinos, con la servidumbre local convertida en alfombra roja), así que los manejadores de imagen han hecho decir a Peña, con un aire que recuerda aquellas promesas lopezportillistas de defender el peso como un perro (mientras la devaluación era aprovechada por las élites), que se dedicará con toda su capacidad, auténticamente en cuerpo y alma, a velar por los intereses, derechos y bienestar de los mexicanos, donde quiera que se encuentren. Si lo va a hacer como hasta ahora lo ha hecho, en estos casi cuatro años de pesadilla (y no hay razón para pensar que vaya a ser distinto), esa palabrería quedará tan sólo en eso, en retórica de oportunidad, presagio de que poca resistencia real habrá ante el embate del republicano encarrerado.
Y algunos pretenden recomponer figura: la principal damnificada electoral 2018 es Margarita Zavala Gómez del Campo, la panista que apostó a ligar su figura a la de Hillary Clinton, suponiendo que ésta ganaría de calle y que la victoria femenina en Estados Unidos llamaría a los mexicanos a un mimetismo que hoy, en todo caso, condena a la esposa de Felipe Calderón a compartir suerte fracasada con la esposa de Bill Clinton; en ese contexto que ahora le es adverso, Zavala emitió un desafortunado video de solidaridad a larga distancia con los paisanos: no están solos, les dijo. El deslenguado Vicente Fox Quesada ha convertido las recurrentes críticas a Trump en un elogio de Peña Nieto, mediante un tuit digno de enmarcarse como cumbre del oportunismo y la desmemoria instantánea: Las crisis abren oportunidades. Presidente Peña, fuiste acertado y visionario. Sólo tú invitaste al Presidente de USA. Videgaray acertó.
En otro tema: con manifestaciones callejeras, pronunciamientos abiertamente políticos y diplomacia vaticana a través de su nuevo representante en México, la Iglesia católica romana doblegó el extraño intento de Enrique Peña Nieto por dar rango constitucional al matrimonio entre personas del mismo sexo. Ayer, en la cámara federal de diputados, el voto mayoritario de PRI, PAN, Verde, Panal y Encuentro Social decidió en comisiones de trabajo no avanzar en la iniciativa que en ese sentido había presentado el mexiquense días antes de las elecciones del pasado junio, en un lance al que algunos observadores adjudicaron parte de la fermentación que acabó dando cinco gubernaturas a candidatos panistas, en algunos casos con presbíteros en abierta crítica al partido tricolor y exhortaciones a sufragar por partidos que no atentaran contra el orden familiar tradicional.
En apariencia fue una rebeldía o una desobediencia de los priístas de San Lázaro a una iniciativa proveniente de Los Pinos, con las excepciones del zacatecano Benjamín Medrano (en congruencia con el hecho de que es homosexual) y la yucateca Ivonne Ortega, priístas que votaron a favor de la iniciativa que por órdenes superiores deberían desechar. En realidad, el sepultar esa intención de modificar la Constitución para garantizar el matrimonio entre personas del mismo sexo fue la concreción de acuerdos para frenar el desatado activismo clerical.
Y, mientras el piloto mexicano de Fórmula Uno Sergio Pérez renunciaba ayer a su relación comercial con la fabricante de lentes Hawkers por la burla de ésta, mediante un tuit, al invitar a usar sus productos para que no se les noten los ojos hinchados mañana en la construcción del muro, ¡hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero



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México SA

Gobierno apanicado
¿Lo peor ya pasó?
¿Socios y amigos?
Carlos Fernández-Vega
 
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Imagen del presidente electo Donald Trump en un monitor del piso de remates de la bolsa de Nueva York, ayer miércolesFoto Ap
T
ras la victoria del energúmeno Trump, tal vez las únicas oportunidades reales que tienen el gobierno mexicano y su sector empresarial (o al revés) sean las de cortar el cordón umbilical, salir de la zona de confort en la que llevan décadas instalados (todo desde, para y con Estados Unidos) y estructurar una agenda propia que permita ampliar el horizonte y reducir la espeluznante dependencia que mantienen con el vecino del norte y a la que han condenado al país.
Pero todo indica que también las van a dejar pasar, porque es notorio que la dupla de referencia no sabe qué hacer, está apanicada. Confió en el cómodo triunfo de Hillary Clinton y en que, por lo mismo, todo permanecería igual, sin importar el creciente costo para el país.
Tras el resultado electoral en Estados Unidos, el inquilino de Los Pinos aseguró que “se abre un nuevo capítulo en la relación de México y Estados Unidos, que implicará un cambio, un reto, pero también hay que decirlo, una gran oportunidad… Emplearemos nuestra creatividad y esfuerzo, la capacidad de nuestros empresarios y el talento de nuestra gente para abrir nuevos caminos de cooperación y prosperidad… Acordamos delinear una agenda de trabajo de interés común, que incorpore la seguridad, la cooperación y la prosperidad de nuestras sociedades”.
Entonces, tranquilos, que no pasa nada. ¿En serio? El energúmeno amenaza con desaparecer al país y su gente (la de aquí y allá), ¿y no pasa nada?
Alguien debió notificarle al inquilino de Los Pinos que Hillary Clinton no ganó los comicios porque el tono retórico utilizado ayer por Peña Nieto fue, precisamente, como si la doña fuera a despachar en la Casa Blanca a partir del próximo 20 de enero. “El diálogo para crear acuerdos sigue siendo el mejor camino para México (…). Mi gobierno buscará en esta nueva etapa de la relación bilateral oportunidades que beneficien a ambas sociedades; lo haremos con ánimo constructivo. El nuestro es un país unido, valioso y valiente”.
¿Así pretende ganar la confianza de Trump? Este arribará a la Casa Blanca sobradamente fuerte (con un Congreso de mayoría republicana), mientras el propio Peña Nieto se debilita cada día más y tiene la sucesión presidencial en puerta. Entonces, ¿quién escuchará y acatará las instrucciones?
El gobierno mexicano no tiene plan de contingencia; nunca lo consideró, porque su versión es que pase lo que pase, aquí nunca pasa nada. Además, EPN ya habló por teléfono con Trump y realmente cree que el energúmeno es socio y aliado de México. Y así nos irá.
Apanicados, también, los gloriosos comandantes de las sagradas finanzas nacionales, José Antonio Meade y Agustín Carstens, quienes ante la debacle del peso sólo repitieron la cantaleta: México está en una posición de fortaleza para enfrentar el nuevo entorno. Nuestro país goza de estabilidad macroeconómica, que se ha logrado a través de muchos años de la aplicación de políticas fiscal y monetaria responsables, prudentes y oportunas, de un sistema financiero bien capitalizado, solvente y sin problemas de liquidez.
¿Y el desplome del peso? Todo bien, porque el proceso electoral en Estados Unidos se ha visto reflejado en un incremento en la incertidumbre en los mercados financieros internacionales. En este contexto, las variables económicas en nuestro país han experimentado episodios de volatilidad, especialmente en la cotización del tipo de cambio. Es importante reconocer que el funcionamiento de los mercados se ha mantenido ordenado. Así se ha visto en las últimas horas. Es pertinente señalar que estos movimientos de precios se han dado en una amplia gama de monedas y activos, emitidos por una gran variedad de países, empezando por Estados Unidos mismo.
Según aumentaba el número de votos electorales favorables a Trump, la fortaleza del peso caía en picada. Ayer el billete verde se vendió hasta en 20.70 por uno, pero todo está bien, porque la volatilidad es internacional, y el resultado de la elección no implica un impacto inmediato en el marco normativo que regula el comercio de bienes y servicios, flujos financieros o la capacidad de las personas para viajar entre ambos países. Nuestro marco de finanzas públicas y la fortaleza de nuestras instituciones públicas y privadas nos permiten evitar reacciones prematuras que se adelanten a hechos que ahora desconocemos.
¿Qué medidas tomarán para evitar el huracán marca Carstens? Nada, pero eso sí, tanto Meade como el gobernador del Banco de México se comprometieron a que en la medida en que se obtenga información adicional, y estando vigilantes de nuestro entorno de mercado, se procederá a ajustar las políticas fiscal, monetaria, financiera y comercial, buscando que se preserven nuestros fundamentos macroeconómicos sólidos, lo que es esencial para anclar el valor de nuestra moneda y para poder retomar y mantenernos en la senda de crecimiento económico sostenido con estabilidad financiera. Es decir, no harán nada.
Meade lo ratificó: no hay cambios en el paquete económico, y consideró (agarraos, mexicanos crédulos) que la parte más difícil de la incertidumbre ya pasó (¿en serio?, ¡si apenas comienza!). Listo. Todo resuelto, porque “también se acelerará la implementación de las reformas estructurales con el objeto de mantener la dinámica del mercado interno y habremos de buscar, en coordinación con la Cámara de Diputados, la pronta aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2017… México ha vivido en el pasado retos de volatilidad que hemos enfrentado en unidad, aprovechando nuestra solidez económica y tomando decisiones correctas y prudentes de política. Y ésta no habrá de ser la excepción”.
En fin, si con ese criterio el gobierno mexicano pretende convencer a propios y extraños que el huracán categoría 5 nos hizo lo que el viento a Juárez, que todo está bajo control y que Trump es socio y amigo, entonces agárrense de dónde puedan.
Las rebanadas del pastel
El problema es de grandes proporciones, pero la apanicada reacción del gobierno peñanietista ante el triunfo electoral de Donald Trump recuerda lo sucedido en Los Pinos una semana antes de que reventara la crisis de 2008, cuando el entonces genial secretario de Economía del calderonato, Gerardo Ruiz Mateos, afirmaba que no existía un plan para amortizar el golpe, por la simple razón de que tomar medidas extraordinarias sería ocioso y anticiparnos a algo que todavía no pasa. Y no sólo sucedió, sino que arrasó. Pero no aprenden.
Twitter: @cafevega





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