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miércoles, 15 de febrero de 2017

México,SA


¿No hay crisis?
Discurso rebasado
Gasolinazo 3, 2, 1
Carlos Fernández-Vega
 
Atentos, mexicanos sufridos e incrédulos, que ya lo dijo el siempre sabio cuan puntual inquilino de Los Pinos: el país ni lejanamente está en crisis. De ninguna manera. Cuando mucho, vive, un momento de desafío. Instalado en su verdad, como siempre, Enrique Peña Nieto niega lo que cotidianamente padecen millones de habitantes de esta República de discursos, que sobreviven en condiciones por demás precarias.
Lo dijo así durante una gira de trabajo por el estado de Hidalgo (uno de los más desarrollados del mundo, de acuerdo con la visión oficial): “vivimos un momento de desafío económico, pero no tenemos una crisis económica. Tenemos un momento de gran desafío porque tenemos escenarios de incertidumbre, particularmente en lo que va a pasar en la relación con Estados Unidos, que es nuestro principal socio comercial… Existen variables que aluden a la fortaleza económica del país, el crecimiento del consumo interno y la generación de empleos en enero pasado”.
Por si fuera poco, fustigó a los críticos del rumbo del país: no se dejen guiar por aquellas voces que a fuerza nos quieren condenar a que estamos exclusivamente mal. Tenemos rezagos, tenemos retos, pero también tenemos importantes avances (La Jornada, Alonso Urrutia).
Tras escuchar sus sabias palabras, de inmediato 63 millones de mexicanos en pobreza (la cifra es de Coneval, la más reciente, que refiere el resultado al cierre de 2014) se pusieron de pie para ovacionar al inquilino de Los Pinos y avalar su dicho, aunque no faltó el depauperado (el clásico negrito en el arroz) que se preguntó: ¿qué entenderá Peña Nieto por crisis?, porque en jauja, lo que se llama jauja, no viven los mexicanos. ¿Cuál es la parte de ella que todavía no registra, no entiende, no digiere, con todo y que lleva poco más de 50 meses en la residencia oficial?
Obcecado negador de la realidad, el inquilino de Los Pinos ha decretado que México no está en crisis (ni política, ni económica, ni social), en un tono muy similar al utilizado por sus antecesores en la residencia oficial, siempre previo al terremoto… de la crisis. En este contexto, cómo olvidar a Felipe Calderón, quien presumía fortalezas internas y el voluminoso navío de gran calado (la economía, pues) apenas una semana antes del brutal estallido… de la crisis. Y Salinas poco antes de entregarle los bártulos a Zedillo, y etcétera, etcétera. Cada uno de ellos dijo no hay crisis, y no terminaba de pronunciar la frase, cuando, ¡zas!, todo reventaba.
En efecto, ¿qué entenderán Peña Nieto y sus muchachos por crisis? Está la gravísima situación descrita líneas arriba, que cualquier gobierno medianamente ubicado en la realidad calificaría de crisis social, pues no puede recibir otro calificativo el hecho de que más de la mitad de la población nacional sobreviva en la pobreza y que crezca velozmente el número sexenio tras sexenio. Y ello no se debe al desafío Trump.
La economía mexicana acumula más de tres décadas con un raquítico crecimiento anual promedio de 2 por ciento, prácticamente la misma proporción en la que aumenta la poblacional, ergo, no alcanza para nada. Los propios genios gubernamentales aceptan que México se mantendrá en el hoyo en tanto su economía no comience a crecer sostenidamente a una tasa anual no menor a 6 por ciento, es decir, tres veces más que el ritmo actual. Pero no hay crisis económica. Y ello sucede desde el cambio del modelo, en 1982; no desde el desafío Trump.
La economía mexicana no genera empleo formal suficiente; dos tercios de la población económicamente activa no tienen otra salida que la informalidad, en la que obtienen ingresos menores, sin prestaciones, sin acceso al sistema de salud y sin derecho a pensionarse. Por el lado del empleo formal, las plazas son cada día más precarias, los salarios raquíticos y brutal la pérdida de poder adquisitivo. Peña Nieto presume sus 2 millones 400 mil plazas formales en lo que va del sexenio, pero olvida mencionar que en la informalidad sobreviven casi 30 millones de mexicanos.Pero, según él, no hay crisis laboral. Y todo ello no es consecuencia del desafío Trump.
Y está la crisis cambiaria, de deuda, seguridad, violencia, narcotráfico, diplomática (con aprendices al frente), educativa (ídem), productiva, confianza y tantas otras, que no se resolverán en la medida en que desde Los Pinos las sigan bateando, ninguneando y, sobre todo, negando. Con ceguera, sordera y discursos de ocasión nunca solucionarán nada. Por el contrario, sólo aumentarán los problemas, de por sí abultados.
Para no ir más lejos, ¿qué pensará Peña Nieto de su 12 por ciento de aceptación, y descontando, es decir, el peor resultado para un inquilino de Los Pinos desde que comenzó esa medición en el país? ¿Esa no es crisis política, de credibilidad, de mando? ¿O se trata de un simple desafío? Y ello ha sido así sin Trump, aunque cierto es que ha empeorado a partir del 20 de enero y de la tibiezapeñanietista ante la afrenta.
Pero hay más en la agenda inmediata. Ya viene la fecha fatal, el 18 de febrero, cuando, de acuerdo con el propio calendario gubernamental, el mercado de los combustibles se libera al ciento por ciento, con precios que cambiarán todos los días y dependerán del mercado.
En diciembre pasado, el gobierno peñanietista anunció el megagasolinazo a partir del comienzo de 2017, más dos aumentos de precios en febrero (días 4 y 11), todo para que a partir del día 18 del mismo mes los bolsillos de los consumidores quedaran a merced del mercado. Tal decisión provocó la furia ciudadana y fue tal la respuesta que la Secretaría de Hacienda se abstuvo de aplicar los citados aumentos en el mes que corre.
Entonces, como no hay fecha que no se cumpla y el próximo sábado el mercado tomará las riendas. Desde ya la Secretaría de Hacienda se lava las manos, porque dice que ya no será ella la que dé la pauta, sino el mercado, ese fantasma que pasará a cuchillo a los consumidores y moverá los mil 453 precios de los combustibles autorizados en toda la República. Pero tampoco hay crisis energética. Sólo un desafío.
Las rebanadas del pastel
Hagan sus apuestas: ¿aguantará el gobierno peñanietista el segundo desafío por el alza de los precios de los combustibles, con protestas, mentadas y todo lo demás, o, por decisión política, lo pospondrá porque se acercan las elecciones? No desesperen: lo sabrán en tres días más, sin dejar a un lado que en Estados Unidos tales precios se mantienen 23 por ciento inferiores a los de aquí.
Twitter: @cafevega



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