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miércoles, 8 de febrero de 2017

México,SA

Austeridad vs realidad
Más deuda, mayor gasto
¿No grabaron la plática?
Carlos Fernández-Vega
 
Al igual que en años previos, para 2016 el dúo dinámico (EPN-Videgaray) prometió austeridad y más austeridad, recorte presupuestal aquí, allá y acullá (con especial saña en Pemex), menor endeudamiento y un cinturón cada vez más apretado en materia de gasto público. Y para 2017 lo mismo.
Ese fue el compromiso, basado en el hecho de que los precios petroleros se mantenían en el suelo y el ingreso público tendía a languidecer. Más con menos, decían un día sí y el siguiente también, no sin antes subrayar que los dineros públicos se destinarían a los programas de gobierno que den más resultados.
¿Qué sucedió con esas promesas y compromisos? Pues bien, como en tantas otras, el dúo dinámico simple y llanamente incumplió, y de qué forma.
De entrada, en 2016 el gobierno peñanietista incrementó el saldo de la deuda pública federal en un billón 533 mil millones de pesos, casi 20 por ciento más que en 2015. Sin ánimo masoquista, tal débito creció a razón promedio de 4 mil 200 millones de pesos por día (casi 3 millones por minuto).
Por si fuera poco, en ese mismo año de las arcas nacionales salieron alrededor de 500 mil millones de pesos para el pago de intereses, comisiones y gastos, aunque el primero de los conceptos referidos representó 95 por ciento del total pagado. Con todo, la deuda aumentó en más de 1.5 billones.
En los hechos, pues, el compromiso de reducir la deuda se convirtió en mayor endeudamiento y en una proporción que resultó ser la mayor en los cuatro primeros años de estancia en Los Pinos.
Pero más allá de ese pequeño detalle, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados realizó un ejercicio sobre el gasto público real durante 2016, es decir, en el año de la austeridad, los recortes y el cinturón apretado.
Los primeros que deberían protestar son los propios diputados (únicos facultados por ley en materia de aprobación del presupuesto de egresos de la federación), porque ellos decretaron un nivel de gasto menor al ejercido por el gobierno peñanietista, de tal suerte que la responsable de ejercerlo y repartirlo (la Secretaría de Hacienda) se los pasó por el arco del triunfo, una vez más, y los inquilinos de San Lázaro no dijeron ni pío a la hora de las modificaciones aplicadas.
De entrada, el análisis del CEFP detalla que el gasto neto pagado a lo largo de 2016 superó en casi 503 mil millones de pesos a los ingresos presupuestarios para ese año, al cierre de diciembre de 2016.
El gasto neto total observado (enero-diciembre) en 2016 superó en cerca de 580 mil millones de pesos el presupuesto programado, principalmente por el mayor gasto programable en los ramos administrativos (Los Pinos y sus secretarías).
Hasta allí no se alcanza a ver por ninguna parte aquello de la austeridad, el recorte y el cinturón apretado, pero por si las dudas el CEFP explica que 71.6 por ciento del gasto programable se destina a gasto corriente. Este tipo de erogaciones resultó cuatro veces mayor a las invertidas para generar mayor valor agregado a la economía o cuando menos para mantener el actual.
Sólo para dar una idea de qué se trata, en servicios personales (la ya famosa nómina burocrática) el gasto sumó poco más de un billón 110 mil millones de pesos.
Lo mejor del caso es que uno de los mayores incrementos en el gasto se registró en la dependencia a cargo, en ese entonces, de Luis Videgaray, es decir, de quien, a dúo con el inquilino de Los Pinos, se comprometió a no endeudar más al país, a ser austero y a apretarse el cinturón”, es decir, la Secretaría de Hacienda, que hasta el pasado 7 de septiembre formalmente estuvo a cargo del ahora aprendiz de diplomático.
De acuerdo con las cifras del citado centro de estudios, en 2016 el gasto de la Secretaría de Hacienda resultó 66.4 por ciento superior al aprobado por la Cámara de Diputados, lo que se traduce en que la dependencia se sobregiró por cerca de 20 mil millones de pesos.
Este último monto equivale al recorte presupuestal que afectó conjuntamente a las secretarías de Salud, Desarrollo Social y Medio Ambiente y Recursos Naturales, y al aplicado al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, instituciones todas que, esas sí, se las vieron negras para cerrar año.
Pero Hacienda no fue la única sobregirada. El CEFP detalla que la Secretaría de Relaciones Exteriores gastó 58.3 por ciento más de lo aprobado por la Cámara de Diputados (4 mil 600 millones de pesos adicionales).
En la misma línea se reportan las secretarías de Comunicaciones y Transportes (gastó 22.3 por ciento más de lo aprobado por San Lázaro); Gobernación (19 por ciento) y Educación Pública, aunque en este último caso fue de sólo 4.6 por ciento.
Aparentemente la palma se la lleva la Secretaría de Energía, con un sobregiro de 11 mil 615.6 por ciento (326 mil millones de pesos) respecto del monto originalmente autorizado, aunque el citado centro de estudios explica que en este caso el fabuloso brinco fue debido a la transferencia de subsidios.
¿Qué subsidios habría otorgado la Secretaría de Energía? ¿A los entusiastas inversionistas en petróleo y electricidad? A saber, pero lo cierto es que ni lejanamente los aplicó a los precios de los combustibles, pues a los consumidores no les perdonan ni una pequeña porción. Por el contrario, por el impuesto especial sobre producción y servicios aplicado a gasolinas y diésel, la Secretaría de Hacienda se embolsó más de 277 mil millones de pesos en el año, 22.5 por ciento más que en 2015. Y en 2017 el monto sobrepasará los 300 mil millones.
En fin, si ese es el tipo de austeridad y cinturón apretado que garantiza el gobierno peñanietista, no debe sorprender a nadie que se registren nuevos recortes a sectores no prioritarios, como desarrollo social, educación y ciencia y tecnología.
Las rebanadas del pastel
La versión oficial asegura que no fue grabada la conversación telefónica (relativa a la presunta amenaza de enviar marines a México) entre Enrique Peña Nieto y Donald Trump. Increíble, desde luego, pero en el lejanísimo caso de que fuera real lo único que demostraría es la falta de oficio de Los Pinos. ¿En la residencia oficial no recuerdan la tremenda balconeada del comes y te vas y la encuerada que el comandante le puso al de chiquillos y chiquillas? Sólo falta que al amigo y socio que despacha en la Casa Blanca se le ocurra divulgar la grabación que no existe, y verán qué bonito se pondrá esto.
Twitter: @cafe-vega



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