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martes, 4 de abril de 2017

México,SA


Economía discapacitada
Crecimiento desmayado
Mexicanos testarudos  

Carlos Fernández-Vega
 
Pues nada, que no hay sicólogo capaz de convencer a los testarudos mexicanos de que crisis es lo que seguro pueden tener en sus mentes (EPN dixit), y es tal su terquedad que hasta los avezados grupos de análisis y consultoría económica del sector privado consultados de manera permanente por el Banco de México (BdeM) han adoptado (de mucho tiempo atrás) tan deplorable actitud, y las cifras hablan por sí mismas.
Resulta que tales grupos de análisis y consultoría (35 en total) se niegan a aceptar –como los mexicanos de a pie– la machacona tesis oficial de que México no está en crisis (sea ésta política, económica o social, o de plano las tres en una), porque no es lo que está pasando (frase, otra vez, del que despacha en Los Pinos), y congruentes con ese rechazo en su más reciente pronunciamiento (plasmado en la encuesta del BdeM correspondiente al cierre de marzo de 2017) le ponen cifras a la situación nacional.
Así, para 2017 tales especialistas pronostican otro año de patéticos resultados económicos en este México lindo y querido, donde la crisis brilla por su ausencia (versión oficial), y si bien le va (porque según avanza el año se aplican nuevos tijeretazos a la estimación) alcanzaría un crecimiento –por llamarlo así– no mayor a 1.49 por ciento, nivel apenas por arriba del registrado en el primer año de estancia peñanietista en la residencia oficial (cuando fue de 1.1 por ciento).
También advierten sobre el aparentemente incontenible avance de la inflación, y para finales de 2017 la ubican en 5.56 por ciento, aunque desde ya se registran niveles superiores a 5 por ciento (tal indicador alcanzó 5.29 por ciento en la primera quincena de marzo), y llevan el tipo de cambio peso-dólar a 20.15 por uno, en vías de empeorar. De concretarse esta última proyección la devaluación de la moneda nacional frente el billete verde acumularía alrededor de 56 por ciento en cinco años de gobierno.
Es previsible que en 2018, por ser año electoral, el gobierno priísta eche toda la carne al asador (como lo hace ahora en el estado de México, donde hasta La Gaviota se ha visto en la penosa necesidad de reunirse con la pelusa para entregarle dádivas, práctica, por lo demás, de todo el gabinete peñanietista) y ello provoque un mágico crecimiento, pero ni eso convence a los tercos especialistas, pues ni de lejos ven un futuro promisorio (Videgaray dixit). Congruentes, no ven un avance más allá de 2.1 por ciento, y recortando.
En diciembre de 2012, cuando en Los Pinos presumían que había llegado alguien que sí sabe gobernar y, por lo mismo, todo sería miel sobre hojuelas –por las reformas, obvio es–, el mismo grupo de especialistas se fue con la finta y proyectó un crecimiento económico de 3.45 por ciento para 2013. Sin embargo 12 meses después, recorte tras recorte, la estimación había caído a 1.3 por ciento, pero la realidad fue más cruel, porque el registro oficial (del Inegi) a duras penas llegó a 1.1 por ciento.
A partir de allí todo fue tijeretazo tras tijeretazo, y los cálculos de los especialistas permanentemente consultados por el BdeM fueron de mal en peor. En este sentido, si se hubiera cumplido su estimación original –realizada en plena euforia por el cambio de gobierno y resultado de los espejitos reformistas– en cinco años de gobierno peñanietista (2013-2017) la economía habría crecido 3.6 por ciento co- mo promedio anual (3.4 si se incluye el cálculo de 2018). Sin embargo, la cruda realidad, y con cifras oficiales, indica que en los hechos el avance fue menos de la mitad (1.9 por ciento) con respecto de lo proyectado.
Obvio es que buenos deseos no son sinónimo de buenos resultados, pero al gobierno peñanietista se le pasó la mano, y por mucho, sin olvidar que prometió un crecimiento mayor (2 puntos porcentuales adicionales al ritmo de crecimiento natural de la economía) si el Congreso aprobaba las reformas que los mexicanos quieren (EPN dixit). Y todas ellas fueron palomeadas y puestas en operación. ¿Qué sucedió? Exactamente lo contrario, y cada año que transcurre la economía crece menos.
Si lo anterior hubiera sido efectivo, a estas alturas el registro oficial reportaría un crecimiento de 5 por ciento en promedio anual, tal cual lo prometió en su campaña electoral el actual inquilino de Los Pinos; es decir, 2.6 tantos más de lo que los mexicanos han visto y padecido a lo largo de la administración peñanietista. Pero como todo está en la mente de los mexicanos, el promedio real es de 1.9 por ciento, y las cifras hablan por sí mismas.
Ya instalado en la residencia oficial, en uno de sus primeros discursos el sonriente Enrique Peña Nieto decretó: vienen, de eso estoy convencido, mejores tiempos para todos los mexicanos. Cincuenta y dos meses después su mejor ocurrencia es la que se cita líneas arriba: crisis es lo que seguro pueden tener (los mexicanos) en sus mentes, porque no es lo que está pasando. Las cifras hablan por sí mismas. ¡Olé!
Y en más de lo mismo, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, anuncia que el gobierno federal se mantiene firme en alcanzar un superávit primario, una reducción de la deuda como proporción del producto interno bruto (PIB) y de sus requerimientos financieros, aún sin la utilización del remanente del BdeM, por lo que el proceso de consolidación de las finanzas públicas será certero y creíble. Días atrás, el propio funcionario aclaró que se destinará 70 por ciento (de tal remanente, alrededor de 225 mil millones de pesos) para el pago de la deuda. ¿Ton’s?
Pero bueno, tal “firmeza –según el cálculo oficial– podría ser, en conjunto, de un punto porcentual a fin de reducir la deuda pública de 50.2 a 49.2 por ciento del PIB. El problema es que en lo que va del gobierno peñanietista tal débito aumentó entre 12 y 14 puntos porcentuales del producto interno bruto, de tal suerte que la reducción sería más o menos lo mismo que la oferta de Peña Nieto, es decir, vienen, de eso estoy convencido, mejores tiempos para todos los mexicanos.
Las rebanadas del pastel
¿Qué fue del compromiso de Javier Corral, atribulado gobernador de Chihuahua, respecto de que el asesinato de Miroslava Breach Velducea no quedará impune, pues es un hecho que constituye un desafío para todos, tanto los poderes del Estado, para los gobiernos de los distintos niveles, para la sociedad en general y en particular para el gremio periodístico”? Dos semanas después, nada de nada, y contando.



APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

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